Viaje a la 'Pompeya de Indonesia': el volcán de barro que se tragó 12 pueblos

01.04.2016 – 05:00 H. Eran en torno a las 5 de la madrugada del 29 de mayo de 2006. Los cánticos de las mezquitas de Sidoarjo, al Este de Java, se ...

01.04.201605:00 H.

Eran en torno a las 5 de la madrugada del 29 de mayo de 2006. Los cánticos de las mezquitas de Sidoarjo, al Este de Java, se sumergían en los plácidos sueños de obreros y pescadores de esta región satélite de Surabaya y se entrelazaban con los cacareos desperdigados de los gallos. La erupción de gas y barro caliente en el distrito de Porong, donde la empresa petrolífera Lapindo perforaba en busca de gas, no despertó a nadie. La Pompeya de Indonesia reventó con sigilo.

Ese día, Imam, un joven de entonces 21 años, fue al mercado. Cuando regresó, el desastre ya era incontenible: “No se puede ver mi casa, pero su ubicación sería por allí”, señala, desde su moto, a un punto indefinido de la plasta uniforme de barro gris que cubre 800 hectáreas. Unos ocho parques del Retiro.

Desde entonces, el volcán de lodo no ha dejado de escupir barro caliente en Sidoarjo. En una década, el barro se tragó 12 pueblos, 33 escuelas, 15 centros islámicos, 65 mezquitas, 30 fábricas y varias plantaciones de caña de azúcar y arroz. Hubo 13 muertos en el desastre y 40.000 desplazados.

No solo perdieron su hogar sino toda una vida: las fotografías, los juguetes de los niños, los dibujos, el ordenador, los muebles, los recuerdos. “Imagina que te quitan todo de golpe: tu casa, la tierra de tu padre”, apunta Imam, que asegura que, “no solo hubo muertos. Mucha gente estuvo con depresión. Hemos tenido que empezar desde cero”. Sin mencionar el desastre medioambiental.

Desierto de lodo en Sidoarjo (Foto: L. García-Ajofrín)Desierto de lodo en Sidoarjo (Foto: L. García-Ajofrín)

Imam, de melena despelucha bajo la gorra y mirada afligida, ahora padre de una niña de dos años, trabaja con su moto, de guía improvisado, como otros vecinos de la zona que lo perdieron todo en el desastre. Con ello y con la venta de DVD sobre la tragedia se sacan un dinerillo.

Los indonesios, aficionados a construir palabras con la suma de las sílabas de varios vocablos -por ejemplo, al puente entre Surabaya y Madura lo llaman “Suramadu”- bautizaron a la tragedia como “Lusi”, de la fusión de “Lumpur” -lodo, en indonesio- y “Sidoarjo”.

¿Qué pasó con ‘Lusi’?

¿Qué pasó, exactamente, ese día con Lusi? Una década después, los geólogos no se ponen de acuerdo. Viajamos al volcán que se tragó 12 pueblos en Indonesia.

En ‘Google maps’, la vista área de Porong es una gran mancha gris con forma de huevo frito que destaca sobre los verdes de los cultivos colindantes. Sobre el terreno, un enjambre de motos invade la carretera en ambas direcciones. Al fondo, una escalera endeble, de madera, conduce al desastre.

Metros y metros de tierra agrietada grisácea se extienden en el horizonte. Parece cemento. Las libélulas revolotean alrededor de una lápida, en medio de la nada, que recuerda a los 13 muertos en la tragedia e inmortaliza la queja de los vivos. En ella se lee en indonesio: “Con el barro, Lapindo enterró a nuestro pueblo. Lapindo solo vende falsas promesas. Nuestra voz nunca se extinguió”.

Imam junto a la tumba que recuerda a los muertos de Sidoarjo (Foto: L. García-Ajofrín)Imam junto a la tumba que recuerda a los muertos de Sidoarjo (Foto: L. García-Ajofrín)

“La última vez que se vio mi casa fue en 2009. Primero se veía el tejado y después, poquito a poco, se hundió”, asegura Imam afligido. En estos 10 años, el barro caliente no ha dejado de emanar.

En un tramo de la explanada, en lo que un día fueron los hogares, los negocios de ‘batso’ -una especie de albóndigas- y sopa y los centros de oración de decenas de familias, ahora solo sobresalen unas esculturas en forma de persona. Están enterradas hasta la cintura, torcidas y con los brazos rotos. En el octavo aniversario del desastre, en 2014, el artista Dadang Christanto colocó estas 110 estatuas, en el lugar de los hechos, junto a electrodomésticos y peluches, que rememoraban las vidas enterradas. El lodo también ha empezado a tragárselas.

¿Un desastre humano o natural?

“Lusi no es de ninguna manera una erupción típica de barro. En los primeros años derramó hasta 150.000 m3 por día de lodo caliente”, argumentan desde el Fondo Humanitus Sidoarjo, un comité de expertos internacional, que trabaja, desde 2007 junto al Gobierno indonesio “para implantar una misión nacional estratégica de respuesta y gestión de Lusi”, describen en su web. Dicen que es “un acontecimiento científico, social y político hasta ahora nunca visto”. Se trata del “volcán de lodo de más rápido crecimiento del mundo”, explican.

De un río gris emana una nube de vapor, en el otro extremo de la amplia superficie agrietada. Unos hierbajos asoman en el camino. Uno de los antiguos vecinos del municipio, de camiseta de manga larga y gorra, recoge con un vaso de plástico el extraño líquido ceniza y lo vierte, para demostrar que está caliente.

“¿Crees que se trata de un desastre humano o natural?”, inquiere Imam, tajante. Existen dos versiones de los hechos.

Estatuas colocadas por el artista Dadang Christanto en Sidoarjo (Foto: L. García-Ajofrín)Estatuas colocadas por el artista Dadang Christanto en Sidoarjo (Foto: L. García-Ajofrín)

El desastre de Sidoarjo tuvo lugar dos días después de uno de los terremotos más destructivos de Indonesia, que dejó 6.000 muertos y a más de un millón y medio de personas sin hogar. El epicentro del sismo, de 6,2 en la escala de Richter se localizó en el océano Índico, a 25 km al sur de la ciudad de Yogyakarta y a unos 300 kilómetros de Sidoarjo.

Un estudio, publicado en 2013, por científicos de la Universidad de Bonn, asevera que Lusi fue un desastre natural: “Una rareza geológica”, indica, “desencadenada por el terremoto de Yogyakarta”, agregan. El Fondo Humanitus Sidoarjo, que trabaja con el gobierno, coincide con esta teoría.

“El terremoto ocurrió demasiado lejos”

No todos los científicos están de acuerdo. Para el profesor de Ciencias de la Tierra y del Planeta, de la Universidad de Berkeley, Michael Manga, el desastre “es consecuencia de las exploraciones petroleras y, desde luego, no de un terremoto”, asegura tajante, por email, a ‘El Confidencial’.

Coincide con su argumento el geólogo británico Richard Davies del Centro para la Investigación dentro de los Sistemas de Energía Terrestres (CeREES) de la Universidad de Durham, que sentencia por email: “Se trata de un desastre humano, que ocurrió al hacer un agujero sin protegerlo con revestimiento”. “El terremoto que tuvo lugar el 27 de mayo en Yogyakarta se encontraba demasiado lejos y no fue lo suficientemente grande para provocar el volcán”, puntualiza.

Turistas caminan sobre el campo de lodo seco de Lapindo en octubre de 2015 (Reuters)Turistas caminan sobre el campo de lodo seco de Lapindo en octubre de 2015 (Reuters)

Para este geólogo de CeREES, esto fue lo que ocurrió el fatídico 29 de mayo de 2006: “La empresa Lapindos Brantas excavó un pozo de exploración de gas en la zona. Decidieron sacar la perforadora un poco para fuera del agujero y provocaron la entrada de agua en el pozo –lo que en el lenguaje técnico se denomina “kick”-. Cerraron el escape con éxito pero la presión en el agujero era demasiado alta para que las piedras resistieran. Se formaron grietas y el agua y el lodo brotaron a la superficie. El flujo aumentó durante las siguientes semanas y ya nunca se ha detenido.

“Lo único que sé es que yo no conocía a Lapindos hasta que nos quedamos sin casa”, espeta, Imam, con enojo. El gobierno ha ayudado a la empresa a pagar los 781 mil millones de rupias -unos 50 millones de euros- en concepto de indemnización a los desplazados. Tras años de espera, dice Imam que le dieron unos 25 millones de rupias (unos 1.700 euros) por su propiedad. Luego cantidades pequeñas para salir adelante: “Muy poco para dos personas”, critica. No cree que nunca más puedan volver a su pueblo. Davis calcula que al menos, el volcán “seguirá expulsando agua, gas y barro en niveles bajos durante los próximos cien años”.

Fuente: ElConfidencial.com