Viaje a la tierra prometida de Donald Trump

16.08.2016 – 05:00 H. Cuando un habitante de Virginia Occidental mira a su alrededor, ¿qué ve? Ve un paisaje natural indomable, salvaje y tropical, ...

16.08.201605:00 H.

Cuando un habitante de Virginia Occidental mira a su alrededor, ¿qué ve? Ve un paisaje natural indomable, salvaje y tropical, montañoso; con ríos, cascadas y cordilleras que se pierden en la niebla. Con osos negros, ciervos y puentes suspendidos a un kilómetro de altura. Un paraíso de la escalada y del rafting prácticamente virgen de turistas.

Lo que también ve un habitante de Virginia Occidental es una sociedad en declive. La columna vertebral del estado, la industria del carbón, ha sido desplazada por el uso creciente del gas natural, la competencia de China y las duras restricciones ecológicas de la Administración Obama. Según la publicación ‘Energy Policy’, entre 2008 y 2012 se perdieron en Estados Unidos casi 50.000 empleos del carbón, en torno a la cuarta parte del sector. La mayoría en esta región.

El cambio ha dejado muchas cicatrices. Las gigantes mineras que todavía operan en la región usan técnicas de explotación nuevas, polémicas y peligrosas para el medio ambiente, según los grupos ecologistas. Si un habitante de Virginia Occidental conduce al interior del bosque, verá la llamada “mountaintop removal”, “quitar la parte de arriba de la montaña” con explosivos para alcanzar las vetas de carbón. Es como si a la montaña le rebanasen el cráneo por encima de las cejas y un río de sesos negros se deslizase ladera abajo hacia los ríos y poblaciones vecinas.

Virginia Occidental encaja con el discurso distópico de Trump. Esa América supuestamente devastada por la criminalidad y el estancamiento económico. Donde la clase trabajadora blanca se desintegra lentamente frente al empuje de las minoríasVirginia Occidental es el segundo estado más pobre de Estados Unidos y el más afectado por las drogas. En 2014, tuvo el mayor índice de sobredosis de opiáceos del país, según datos del Gobierno (la cifra nacional se ha multiplicado por cuatro desde el año 2000). Una situación dramática visible en decenas de pequeñas ciudades mineras o en las filas de viviendas descoyuntadas, carcomidas, algunas sin electricidad, que se avistan desde la carretera.

Virginia Occidental es también uno de los estados más homogéneos e inmovilistas del país. El 93% de sus habitantes son blancos y el 88% han nacido allí, rodeados de montañas, inaccesibles a la demografía variada y cambiante que transforma Estados Unidos.

En otras palabras, Virginia Occidental encaja con el discurso distópico del candidato republicano Donald Trump. Esa América supuestamente devastada por la criminalidad y el estancamiento económico. Donde la clase trabajadora blanca se desintegra lentamente frente al empuje de las minorías que representarán más del 50% de la población en 2043. Ignorados por el Gobierno y técnicamente maduros para la redención. En las primarias del pasado enero, Trump obtuvo aquí el 77% de los votos, más del triple que sus nueve rivales combinados.

Seguidores de Trump durante un acto de campaña del candidato en Charleston, Virginia Occidental, el 5 de mayo de 2016 (Reuters).Seguidores de Trump durante un acto de campaña del candidato en Charleston, Virginia Occidental, el 5 de mayo de 2016 (Reuters).

“Para empezar, no es un político”, dice a El Confidencial el abogado Rusty Webb. “No es parte del ‘establishment’ de Washington. Conoce las empresas, porque tiene, no sé, más de 500 empresas. Promete renegociar el NAFTA y otros tratados de comercio injustos con Estados Unidos. Y eso ayudaría a crear empleo en Virginia Occidental y en EEUU; empleos manufactureros. Lo que más me gusta es su sinceridad; dice exactamente lo que piensa”.

Webb estuvo presente en el mitin de Donald Trump en Charleston el pasado mayo. El magnate se puso un casco blanco de minero y fingió dar unas cuentas paladas de carbón. “Vamos a devolver a los mineros al trabajo. ¡Vamos a reabrir esas minas!”, declaró, y acuso al presidente de EEUU, Barack Obama, de cerrar las minas con la excusa del cambio climático y al mismo tiempo contaminar con sus viajes en Air Force One. Le fueron a ver 12.000 personas.

Virginia Occidental no solo es el estado más favorable a Donald Trump; también es el más crítico con el presidente Barack Obama (sólo un 24% aprueba su mandato) y el más pesimista respecto al futuro de la economía, según la agencia Gallup. 

“Creo que su mensaje cala en la gente que se siente marginada por la política de Wall Street”, añade Webb. “Gente que se lleva el almuerzo al trabajo cada día y que no siente que su punto de vista esté siendo expresado en Washington. La columna vertebral de este país se siente marginada. Soy amigo de todos los congresistas de Virginia Occidental; personalmente me caen bien, pero, como grupo, simplemente no están moviendo la pelota”.

El minero Mike Hawks, de 53 años, en un túnel de una mina cercana a Gilbert, Virginia Occidental (Reuters).El minero Mike Hawks, de 53 años, en un túnel de una mina cercana a Gilbert, Virginia Occidental (Reuters).

Rusty Webb ha mandado colocar las banderas de campaña de Trump en la fachada del edificio donde está su oficina, un distinguido espacio color crema, con recepción, un pasillo luminoso y un despacho de corte limpio y moderno. En la pared está el retrato a lápiz de un minero. Es el padre de Webb, fallecido por asma pulmonar a los 50 años.

La capital del estado, Charleston, sobresale por su pequeña selección de cervecerías y bares de jazz y música bluegrass, la variante folk de los montes Apalaches. No depende tanto de la minería, pero determinadas zonas se están hundiendo en las drogas, se han vuelto peligrosas y han perdido valor inmobiliario. “No me gusta Donald Trump y no me gustan sus seguidores”, declara Diane Cooper, camarera de un restaurante local. “Cuando el presidente Obama vino de visita el año pasado, su comitiva tuvo que cambiar de trayecto porque el camino desde el aeropuerto estaba cortado por las protestas; muchos de sus seguidores se comportan mal en el restaurante. Y es importante mantener un modelo de comportamiento para nuestros hijos”.

El abogado Rusty Webb reconoce una fisura en la campaña de Trump: su ego. “Creo que él se considera tan popular que cree que puede decir cualquier cosa y que no va a afectar a su popularidad. Eso es mi miedo”, y se refiere a los comentarios del magnate sobre la familia Khan, que perdió a su hijo en la guerra de Iraq y salió a criticar a Trump en la convención demócrata. “Tengo que reconocer que me decepcionó. Sea cual sea su cultura o religión, una familia que pierde a su hijo en la guerra es intocable”, declara. “Creo que Trump tiene un problema de ego”.

Fuente: ElConfidencial.com