Viaje al deshielo de Alaska

En 1898, estalló la fiebre del oro en Klondike, y miles de buscadores de fortuna y aventureros partieron desde Seattle y San Francisco en un viaje de dos ...

En 1898, estalló la fiebre del oro en Klondike, y miles de buscadores de fortuna y aventureros partieron desde Seattle y San Francisco en un viaje de dos semanas hasta el puerto de Valdez, en el sur de lo que entonces apenas era un territorio salvaje de EEUU. Los periódicos vendieron la ruta desde el glaciar de Valdez como la más fácil y rápida hacia las minas de Klondike, en la cuenca del Yukon, al noreste de Alaska y cerca de la frontera de Canadá.

Era mentira, claro. Y muchos murieron en el intento de superar la lengua del glaciar que lamía entonces las aguas de la bahía. Otros, más sensatos, decidieron dar la vuelta nada más ver el océano de nieve y hielo. Los menos llegaron a la ribera del Klondike, un pequeño afluente del Yukon, sacaron sus bateas y lograron el mítico oro que sigue aún hoy agitando conciencias y emociones en Alaska.

Un siglo después, el glaciar Valdez se ha replegado 5,6 kilómetros, y se ha estrechado casi 100 metros. La ruta del oro, desde luego, sería ahora mucho más sencilla. Los aventureros lo habrían agradecido.

“Pensar que en el último siglo, un breve instante a escala de tiempo geológico, se han retirado decenas de kilómetros cúbicos de hielo sólo aquí en Alaska, en un proceso que se puede ver en casi todos los glaciares del planeta, desde Chamonix a Patagonia, resulta dramático como síntoma del acelerado cambio climático que estamos viviendo.”, explica Carlos Martínez, geólogo de exploración de hidrocarburos.

El glaciar Worthington, en el Thompson Pass, el punto donde más nieva de Alaska (A.F).El glaciar Worthington, en el Thompson Pass, el punto donde más nieva de Alaska (A.F).

El paisaje es también muy distinto. La morrena, la barrera frontal de sedimentos arrastrados por la fuerza del hielo, marca en parte la frontera de un gran lago de agua azul lechoso en el que flotan icebergs y alguna gaviota se despereza. También los kayaks de una empresa de turismo de aventura. De banda sonora, el rumor del hielo al quebrarse y las piedras al caer al agua gélida.

La bahía de Valdez se encuentra ahora a casi 6 kilómetros, lo que ha permitido que entre medias se sitúen el aeropuerto, un campo de tiro, la carretera que comunica una localidad de apenas 4.000 habitantes, varias gasolineras… Los científicos coinciden en resaltar que la retirada de los glaciares en Alaska, donde se calcula que existen más de 100.000 (muchos de ellos aún por nombrar) tiene que ver en gran parte con el cambio climático y el calentamiento global.

Los glaciares son grandes masas de hielo que se originan por la acumulación y recristalización de nieve, y cuyo desplazamiento a lo largo de los años da lugar a los característicos valles en forma de U. Su retirada y sustitución por el agua del mar da lugar a los fiordos. Es uno de los procesos más preciados por los geólogos ya que acarrean información de hace miles de años y ofrecen pistas sobre el futuro.

Vista de las montañas desde el centro de la localidad de Valdez, que cuenta con apenas 4.000 habitantes (A.F).Vista de las montañas desde el centro de la localidad de Valdez, que cuenta con apenas 4.000 habitantes (A.F).

“El cambio climático que estamos viendo actualmente no está ayudando a los glaciares. Ahora mismo casi todos los glaciares están perdiendo masa y volumen porque llueve más de lo que antes nevaba y los veranos más cálidos están provocando mayor deshielo“, dice el geólogo Shad O´Neel, del Servicio Geológico de EEUU, encargado de estudiar la evolución de los glaciares en Alaska.

Cerca de Valdez, también en el estuario del Príncipe Guillermo, hay otros glaciares que también han registrado un notorio proceso de repliegue: el de Columbia, 15 kilómetros en un cuarto de siglo; el de Bear, 3 kilómetros en algo más de una década.

El asombro de observar cómo las lenguas glaciares chocan con las aguas del mar, mientras en primer plano una ballena jorobada muestra su enorme cola al viento cortante, es difícil de transmitir. También lo es medir procesos geológicos que normalmente implican siglos o miles de años. Sin embargo, los datos apuntan a la creciente visibilidad de esta tendencia.

Una ballena jorobada con el Glaciar Bear al fondo, en el estuario Principe Guillermo, cerca de Valdez (A.F).Una ballena jorobada con el Glaciar Bear al fondo, en el estuario Principe Guillermo, cerca de Valdez (A.F).

Casi del 5 por ciento de Alaska está cubierto por glaciares, lo que supone una extensión de casi 75.000 kilómetros cuadrados. De ellos, el Servicio Geológico de EEUU indicó en un reciente informe que la mayoría ha registrado una “significativa retirada” en los últimos 20 años.

Este invierno pasado la nieve caída en Anchorage, la principal ciudad de Alaska, registró el nivel más bajo desde el de 1957-58, con apenas 63,5 centímetros, frente a la media de la temporada de 187 centímetros, de acuerdo con los datos del Servicio Meteorológico Nacional.

Otra cifra: la temperatura media en los inviernos en Alaska ha aumentado más de 3 grados centígrados en los últimos 50 años, lo que acarrea importantes consecuencias para el ecosistema, y la cadena alimenticia en la que están integrados, entre otros, los renos, alces, osos negros y osos grizzlies.

Mural en Valdez (A.F).Mural en Valdez (A.F).

Toda esta información coincide con las opiniones de los más viejos del lugar. Así lo afirma Trey Jones, que regenta un empresa de construcción y quitado de nieve en Homer, en la península de Kenai, a 800 kilómetros al suroeste de Valdez, y lleva sus 60 años de vida en la misma localidad.

Jones está más preocupado por la creciente falta de nieve que por la molesta sinfonía de zumbidos de mosquitos. “Este invierno no hemos tenido nieve, nunca había visto algo así. Nosotros necesitamos la nieve“, relata en su propiedad, repleta de maquinaria pesada y con unas vistas deslumbrantes de la bahía de Kachemak.

Mientras tanto, los glaciares continúan su cada vez menos sigilosa retirada.

Fuente: ElConfidencial.com

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