Violadas con la ley en la mano: las niñas casadas de la República Centroafricana

04.11.2015 – 05:00 H. El día que Husseina* tuvo su primera regla, su infancia murió. Tenía 12 años y su familia vio el camino libre para entregarla en ...
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04.11.201505:00 H.

El día que Husseina* tuvo su primera regla, su infancia murió. Tenía 12 años y su familia vio el camino libre para entregarla en matrimonio a un viejo. Husseina no sabe ni la edad que tenía entonces el hombre que se convirtió en su dueño y musita: “Era viejo, como mi padre o más”. En la República Centroafricana (RCA) -un país subdesarrollado y en guerra-, esa boda no solo liberó a los suyos de una boca que alimentar, sino de la temida espada de Damocles del ‘honor’ que pende siempre sobre una joven soltera en la tradición de los pastores de etnia peul.

La niña que fue obligada a dejar de serlo parió a los 14 años. Una década después, se ha convertido en esa madre diminuta que da el pecho a su tercer hijo, un bebé de pocos meses, sentada en una sillita de un centro de apoyo para víctimas de violencia de género de dos ONG -Welt Hunger Hilfe (WHH) y Cooperazione Internazionale (COOPI)- en la ciudad de Boda, a 180 kilómetros de Bangui, la capital centroafricana. En la habitación solo hay mujeres, pero Husseina apenas se atreve a hablar.

Cuando por fin lo hace, explica que su actual marido -el segundo, otro “viejo”, pues el primero murió asesinado- le pega y les niega la comida a ella y a sus tres hijos, especialmente a los dos mayores, hijos de su primer matrimonio. Sus niños pasan hambre y ella no sabe hacer nada. Cuando te casan a los 12 años, no te da tiempo a aprender a ganarte la vida, sobre todo porque, al casarse, las escasas niñas aún escolarizadas a esa edad en la RCA abandonan el colegio.

Husseina, madre de tres hijos, casada a los 12 años con un 'anciano'. (Foto: T. Deiros)

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Husseina, madre de tres hijos, casada a los 12 años con un ‘anciano’. (Foto: T. Deiros)

Como casi todas las mujeres casadas precozmente, Husseina está desamparada. Muchas veces- cuenta Mariam Garba, la supervisora del centro de apoyo-, la muchacha repite en voz alta un refrán centroafricano que atribuye la miseria extrema a quien “no tiene ni jabón para lavarse”. Ese refrán describe su realidad: esta joven madre carece de todo, incluida una pastilla de jabón.

La muerte en Centroáfrica llega pronto -la esperanza de vida es de unos 50 años- pero las razones que explican por qué casi seis de cada 10  niñas centroafricanas de entre 14 y 17 años están ya casadas o viven en pareja (el 59%), según datos de Naciones Unidas, van más allá del breve paso por la Tierra que imponen a los centroafricanos las enfermedades, la pobreza y la guerra. La República Centroafricana es uno de los 10 países del mundo donde el porcentaje de niñas casadas es más elevado.

Un informe oficial centroafricano de enero de 2014, titulado ‘Encuesta sobre la violencia de género en la RCA’, precisa que el motivo de coyundas tan precoces, que quiebran a las niñas y las privan de futuro, no es otra que la interiorización por parte de la sociedad de “un imaginario colectivo que considera a la mujer un ser inferior”. No todos estos matrimonios precoces son forzados, sobre todo en el caso de adolescentes de 16 o 17 años. Sin embargo, es de suponer que en todos pese una tradición que concede más dignidad a la mujer cuando está unida con un hombre, sobre todo si es madre de una prole numerosa.

Una niña descansa en el regazo de su madre durante un viaje hacia la frontera de Chad escapando de los combates, en Kaga Bandoro. (Reuters)Una niña descansa en el regazo de su madre durante un viaje hacia la frontera de Chad escapando de los combates, en Kaga Bandoro. (Reuters)

“En contra de su voluntad”

El documento oficial, basado en una encuesta entre la población, concluye además que el matrimonio forzoso es un “fenómeno femenino” en Centroáfrica y una forma especialmente grave de violencia de género, ya que suele ser inseparable de maltratos “verbales, físicos y sexuales”, todo ello el amparo de una ley ambigua que eleva a la categoría de adultos a los menores “emancipados”. La violencia sexual en estos matrimonios impuestos queda así legalizada y el agresor, impune, pues la violación y otros abusos no se consideran como tales dentro del matrimonio, incluso si la persona a la que se ha forzado es una niña de 11 años. Algunas de estas niñas casadas -se lee en el informe- “fueron empujadas a tener relaciones sexuales con sus futuros esposos contra su voluntad, incluso antes de contraer matrimonio”.

La tolerancia hacia la violencia sexual y los matrimonios forzados se demuestra con casos como el de Lucilla, una chica violada a los 16 años por un sicario de un grupo armado cerca de Boda. Como sucedía hace no tanto tiempo en Europa, al saber que estaba embarazada, su familia no solo no pensó en denunciar al violador -algo de todas maneras inútil en un país en el que los violadores rarísimamente son juzgados por ello- sino que lo buscó en vano para que se casara con su víctima o se ocupara del niño.

Husseina, musulmana, y Lilliane, cristiana, demuestran cómo esta tolerancia hacia la violencia machista en todas sus formas atañe a toda la sociedad centroafricana, incluso si en algunos grupos étnicos, como es el caso de los minoritarios y seminómadas peul -que incluso practican en muchos casos la ablación-, es especialmente grave. Los datos de la encuesta oficial citada se recogieron entre todas las comunidades étnicas y religiosas del país.

Mujeres de la tribu Peul sostienen a sus hijos en un pueblo a las afueras de Bambari. (Reuters)Mujeres de la tribu Peul sostienen a sus hijos en un pueblo a las afueras de Bambari. (Reuters)

Casada con su tío de 57 años

A la violencia que supone el verse arrancada precozmente de la infancia, se añade a menudo la diferencia de edad con el cónyuge, algunas veces de décadas. Además, en comunidades como los peul, este tipo de matrimonio se contrae en ocasiones con familiares muy cercanos, en uniones que rozan lo que en Occidente se considera incesto. Adama es otra joven peul que fue obligada a casarse con un hombre de 57 años cuando ella tenía 17. El novio no era otro que su tío, el hermano de su padre.

Adama acaba de salir del hospital tras pasar cinco días ingresada. Hace una semana, esta joven sufrió una violación colectiva por parte de cuatro hombres que la arrastraron a una casa abandonada para abusar de ella, también en Boda. Sus amigas la llevaron luego al hospital. Al llegar al centro muerta de miedo, la chica no les dijo a los médicos que había sido violada, pese a que debía de ser bastante evidente dado que tenía los genitales tan inflamados que no se tenía en pie ni podía caminar. Para colmo, la joven, ahora de 20 años, está embarazada de una violación anterior. Hace algo más de dos meses sufrió una primera agresión de la que quedó encinta.

Su marido-tío las había abandonado en 2014 a ella y a la hija de tres años que concibió con él cuando estalló la persecución contra los musulmanes de Boda. En lo peor del conflicto que enfrentó a los grupos armados Seleka y Antibalaka -los primeros de mayoría musulmana y los segundos de mayoría cristiana-, su marido escapó a Camerún para poner a salvo a su rebaño de vacas dejándolas a ella y a la hija de ambos en Boda.

Sin ningún recurso ni formación, Adama empezó a vender verdura por la calle para subsistir. Este oficio precario, que la obliga a permanecer sola y a la intemperie durante horas, la convirtió en una presa fácil. Pese a la brutalidad de estas dos violaciones -especialmente de la segunda-, la gestación de la joven ha seguido su curso. Adama no quiere tener ese hijo producto de una violación pero en la RCA el aborto solo es legal si la vida de la madre corre peligro.

Los casos citados son descriptivos de cómo un matrimonio precoz no solo expone a estas adolescentes a una violencia física y sexual legalizada, sino que las somete a una dependencia tal de su cónyuge que si este las desatiende, las abandona o muere, quedan absolutamente indefensas. Noemi Dalmonte, coordinadora de Violencia Basada en el Género del Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) en República Centroafricana, explica que estos matrimonios comprometen la vida y la salud de las niñas. Y no solo por la exposición a contraer el virus del sida que conlleva el sexo con hombres a menudo mayores y en no pocas ocasiones promiscuos.

Una niña centroafricana huye en un camión de la violencia sectaria en Bouar. (Reuters)Una niña centroafricana huye en un camión de la violencia sectaria en Bouar. (Reuters)

Morir en el parto

“Las relaciones sexuales precoces y la maternidad excesivamente temprana que conlleva este fenómeno tienen consecuencias dramáticas en la salud de estas adolescentes. Cuando se da a luz con menos de 19 años, el riesgo de fístula obstétrica y de muerte en el parto es muy elevado. Un cuerpo de 13 o 14 años no está aún maduro para procrear”, recalca Dalmonte.

La fístula obstétrica -es decir, la creación de un orificio anómalo en la vía del alumbramiento- se produce por lo que se conoce como parto obstruido, en el que los huesos de la madre impiden la salida del feto. En un cuerpo cuyo desarrollo óseo no se ha completado -algo que sucede alrededor de los 20 años- es mucho más probable esta complicación, que sucede en partos sin asistencia sanitaria. De hecho, las complicaciones en el embarazo y el parto son la causa principal de muerte en adolescentes menores de 19 años en los países en los que el matrimonio infantil está generalizado, como sucede en la República Centroafricana. La RCA tiene una de las tasas de mortalidad materna e infantil más elevadas del mundo. De cada 1.000 niños nacidos, mueren 129.

La fístula obstétrica tiene consecuencias a veces peores que la muerte. Las mujeres que la sufren, casi todas adolescentes, quedan a menudo con incontinencia urinaria y/o fecal completa, lo que conlleva un severo estigma social y familiar causado por el olor de la orina y las heces. Esta condición lleva en muchas ocasiones al abandono por parte del marido y, en algunos casos, al suicidio.

“Para colmo, la educación sexual en la República Centroafricana no existe”, prosigue Noemí Dalmonte, y “cuando las niñas se ven expuestas de forma abrupta a esas relaciones sexuales precoces, casi siempre lo ignoran todo del sexo. Hemos conocido casos de niñas que han llegado, con 13 o 14 años, a un hospital diciendo que les dolía el estómago y que habían engordado y resulta que estaban embarazadas de siete meses sin saberlo”.

La guerra entre grupos armados que vive la República Centroafricana desde diciembre de 2012 ha agravado el fenómeno del matrimonio precoz, ya que la precariedad acrecentada ha adelantado la edad en que se consuman estas uniones: “Antes, incluso si las prometían en matrimonio, muchas familias esperaban a que las niñas estuvieran más maduras antes de entregarlas al marido. Ahora, la mayor parte de estas uniones se consuman inmediatamente. Y la razón es económica, pues así la familia no tiene ya que mantener a la adolescente”, deplora la coordinadora de violencia de género de UNFPA.

Su afirmación no es gratuita. En la encuesta del Gobierno centroafricano sobre violencia de género de 2014, se precisa que el 33% de las víctimas interrogadas de matrimonio forzado tenían entre 10 y 14 años cuando fueron obligadas a casarse. Todas, sin excepción, eran niñas.

*Los nombres de las víctimas que aparecen en este artículo son ficticios.

Fuente: ElConfidencial.com