Vivir con miedo a ambos lados de Jerusalén

13.11.2015 – 05:00 H. El miedo se ha adueñado de Jerusalén desde que comenzó la cadena de ataques de palestinos a israelíes, “una violencia que no ...

13.11.201505:00 H.

El miedo se ha adueñado de Jerusalén desde que comenzó la cadena de ataques de palestinos a israelíes, “una violencia que no está organizada, sino que es más bien espontánea y popular”, con raíces en sentimientos de privación a nivel nacional, económico y personal, según el servicio de seguridad interior de Israel (Shin Bet). Los apuñalamientos y atropellos han desatado una ola de reacciones virulentas contra los primeros, mientras los segundos deben vivir bajo una amenaza permanente. Este martes, dos palestinos de 12 a 13 años atacaron en un tranvía a un guardia de seguridad privada israelí, que sufrió heridas moderadas antes de disparar contra uno de los menores. A ambos lados de la Ciudad Santa, Oeste y Este, el temor se palpa en la calle.

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Sentado en la terraza de uno de los restaurantes más concurridos de las inmediaciones de la Puerta de Damasco, principal acceso a la Ciudad Vieja de Jerusalén, Hussein bebe su café en pequeños sorbos al tiempo que consume un cigarro tras otro. Desde su asiento, tiene una posición privilegiada para observar a las escasas personas que en estos días acceden a la ciudadela, previo paso por los controles de seguridad custodiados por policías israelíes que las autoridades han instalado a la entrada como parte de las medidas de seguridad implementadas por el Gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, para hacer frente a la última ola de violencia.

“Nos sentimos inseguros, más que antes”, explica a El Confidencial este palestino de 32 años residente en el Monte de los Olivos, preocupado por la escalada de tensión en Israel y Palestina que en poco más de un mes ha dejado al menos 12 israelíes y 75 palestinos muertos, la mitad abatidos en ataques o presuntos ataques a israelíes -en su mayoría con cuchillos-, según la versión israelí. De acuerdo con esos datos, en total se han producido 63 apuñalamientos, ocho atropellos y siete ataques con armas de fuego. Jerusalén, y en particular su parte Este -ocupada por Israel desde 1967 y anexionada unilateralmente en 1980 a pesar de las demandas palestinas, que la reclaman como capital de su Estado-, ha sido testigo desde entonces de decenas de agresiones que la han vaciado de vida y llenado de miedo.

En el lado Oeste, la tensión y desconfianza de los ciudadanos israelíes que temen ser atacados se palpan en autobuses más vacíos y calles menos transitadas, sumidas en una extraña tranquilidad rota en ocasiones por pequeñas manifestaciones de ultranacionalistas que reclaman “venganza” y más dureza gubernamental ante los agresiones.

Oren es un exsoldado que ahora tiene un pequeño restaurante en una de las zonas más céntricas de la ciudad, cerca de la calle Yaffa. Se lamenta del poco trabajo que tiene por la falta de actividad. “¿Ves? No hay gente. Sobre todo se nota con las familias. Los padres no quieren estar con sus hijos de un lado para otro, prefieren pasar más tiempo en casa porque la situación se ha vuelto peligrosa. No se les puede culpar, las cosas no van bien”, opina.

El temor a ser víctimas de una agresión o verse envueltos en algún ataque ha dado rienda suelta al recelo con que muchos israelíes miran a sus convecinos, y los cursos de defensa personal o la venta de armas han aumentado en el último mes. “Yo no diría que tengo miedo, pero siempre me mantengo alerta. No he dejado de hacer ninguna de las actividades que hacía antes, trato de seguir con normalidad. Pero sí que presto más atención a mi entorno, tengo un ojo sobre lo que me rodea”, admite David, un joven estudiante de 22 años, mientras hace la compra en el conocido mercado de Mahane Yehuda, notablemente menos transitado que hace unas semanas.

Menos optimista se muestra Raya, una israelí que vive en el barrio de Nachlaot. “Ya no sé qué hacer, no tengo miedo pero la situación no hace más que empeorar. Más ataques (palestinos) solo traerán un Gobierno más extremista. La gente tiene miedo de salir a la calle, el ambiente no podría ser más tenso. Tampoco ves árabes por la calle, todo el mundo desconfía, todo el mundo se ha radicalizado. Pero no parece que el Gobierno planee tomar alguna medida razonable ni hablar con Abu Mazen (Mahmud Abás) o hacer cualquier cosa para resolver la raíz del problema”.

La hermana de Mohammed Shamasneh, un palestino asesinado en los últimos choques, durante su funeral en Qatana, Cisjordania, cerca de Jerusalén. (Reuters)La hermana de Mohammed Shamasneh, un palestino asesinado en los últimos choques, durante su funeral en Qatana, Cisjordania, cerca de Jerusalén. (Reuters)

Temor a ser tomados por “sospechosos”

En los últimos días se han registrado no menos de cinco incidentes en los que palestinos -tanto hombres como mujeres- han apuñalado o atropellado a israelíes. En casi todos los casos, las fuerzas de seguridad o los propios agredidos abatieron a tiros inmediatamente a los atacantes. En consecuencia, también el lado Este, acribillado por controles policiales, se ve más vacío porque los palestinos temen ser objeto de la ira de extremistas o confundidos con “sospechosos”, lo que les convertiría en blanco inmediato de una rápida respuesta de las fuerzas israelíes que, según los críticos, siguen una política de “disparar a matar”.

“Hace una semana me dirigía a la Mezquita de Al Aqsa para rezar. Un policía me detuvo y me pidió que me vaciara los bolsillos. Yo no paraba de pensar que debía tener cuidado y evitar que el mechero que llevaba se resbalara y cayera al suelo. Pensé que si tenía mala suerte y explotaba, ese podía ser mi fin“, confiesa Hussein. Su aparente paranoia es compartida por muchos de los más de 300.000 palestinos de Jerusalén Este durante esta nueva ola de ataques liderados por aparentes “lobos solitarios”, que no están organizados ni vinculados a partidos políticos ni organizaciones islamistas.

El temor se basa en casos en los que presuntos atacantes palestinos han sido abatidos por fuerzas israelíes e incluso por colonos en dudosas circunstancias, sin ser clara la intención del supuesto agresor, como evidenciaron después varios vídeos. Uno de los casos más conocidos, el de un joven de 19 años muerto a tiros por la policía israelí en Jerusalén tras ser perseguido por un grupo de ultraortodoxos, acusado de intentar apuñalar a alguien, sumado a otros incidentes, ha llevado a los palestinos a denunciar “un uso excesivo de la fuerza” israelí y a presentar un informe ante la Corte Penal Internacional que recopila “ejecuciones sumarias” y “asesinatos racistas”.

Entre sorbo y sorbo, la mirada de Hussein se clava en los policías que a solo unos metros piden las identificaciones a jóvenes palestinos, a los que registran y hacen que se suban las camisetas para comprobar que no llevan ningún cuchillo u objeto que pueda ser usado como arma. “El otro día un policía quiso ver mi documento de identidad. Dos hombres me apuntaban con sus armas a la cabeza… Cuando terminó, me lo tiró al suelo. Le pregunté que por qué me trataba así y contestó que qué iba a hacer yo al respecto… Dicen que los palestinos odiamos a los israelíes, pero no es verdad. Odiamos al que nos ocupa y nos humilla“, matiza.

Agentes israelíes cachean a un joven palestino en la puerta de Damasco, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. (Reuters)Agentes israelíes cachean a un joven palestino en la puerta de Damasco, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. (Reuters)

“Nunca vamos al Oeste si no es necesario”

A unos cuantos metros de Hussein, el pequeño supermercado de Omar (nombre ficticio) se encuentra en paralelo a la conocida como ‘Línea Verde’ que invisiblemente separa Jerusalén Este del Oeste en una división especialmente tangible estos días. “Ahora no vamos allí (señala el ‘otro’ Jerusalén) a no ser que sea estrictamente necesario. No es seguro. No dejo que mis hijos vean las noticias o que salgan a la calle, no quiero que les maten. Incluso pedimos a la escuela que parase las clases una semana porque estamos asustados… No podemos saber si un policía va a pensar que han hecho algo y entonces…”, cuenta Omar.

No solo hay miedo a la policía, a los colonos, a las autoridades. Aquí tenemos miedo de todo. De un Jerusalén en el que no puedes expresarte, dice OmarTras el mostrador desde el que ha trabajado toda su vida, este hombre entrado en la cincuentena se declara religioso y asegura que “las continuas violaciones sufridas en la mezquita de Al Aqsa” por parte de judíos ultranacionalistas que quieren subir al lugar a rezar, motivan parte de los ataques, “pero hay mucho más”. Dice que viven “humillados” en un sistema que les hace “sentir extranjeros en nuestra tierra” con la confiscación legal de tierras, la imposición del idioma, “absorbiendo dinero y recursos”, sumiéndoles en una “discriminación social, política, económica y urbanística que deja a casi el 80% de los palestinos de Jerusalén Este bajo el umbral de la pobreza“.

A medida que habla, su discurso y su voz se encienden más. Critica que ni siquiera puede expresarse con libertad en las redes sociales ante lo que considera injusto porque sabe que las autoridades israelíes las rastrean como parte de la lucha contra la “incitación y la violencia”. Es el caso de Anas Jatib, de 19 años, arrestado recientemente porque la policía consideró que en su Facebook promueve “la incitación a la violencia y el terrorismo”, cargos que la organización en defensa de las minorías Adalah, defensora del joven, ha calificado como una forma de “intimidar y atemorizar a la sociedad palestina por usar los medios sociales para apoyar a su propio pueblo”.

Además, remarca la organización, la acusación “contrasta descaradamente con la respuesta de las autoridades israelíes a discursos mucho más racistas y violentos de ciudadanos israelíes, incluidos políticos”. “No solo hay miedo a la policía, a los colonos, a las autoridades. Aquí tenemos miedo de todo. De un Jerusalén que está totalmente controlado, en el que no puedes expresarte, ser tú mismo”, lamenta Omar.

Fuente: ElConfidencial.com