Xavi no se olvida de su amigo Iker, con quien firmó un pacto de sangre en Nigeria

“Me sabe mal y me parece muy injusto lo que esta pasando con Iker. No es una situación agradable para él, creo que está sufriendo y no se lo merece. ...

“Me sabe mal y me parece muy injusto lo que esta pasando con Iker. No es una situación agradable para él, creo que está sufriendo y no se lo merece. La gente debería tener un poco mas de memoria y valorar todo lo que ha hecho por el Real Madrid y por su país”. No fue casualidad que el día en el que decide dar un paso al costado y decirle hasta pronto al club de sus amores, Xavi Hernández, el inimitable ‘Pelopo’, se acordara de su eterno compadre de fatigas -además de amigo de los de verdad- en la selección española. A pesar de que siempre se hayan visto las caras de frente sobre el manto verde como estandartes de Barça y Real Madrid, resulta imposible entender la carrera del todavía capitán azulgrana sin vincularla estrechamente a la del todavía capitán madridista y de la selección española. Seguramente, en ambos casos, ese brazalete debería tener carácter vitalicio, como sus respectivas camisetas, por lo mucho y bueno que le han dado al balompié de este país. Me explico…     

Aunque el primer contacto entre ambos se produjo en las concentraciones previas al Mundial sub 17 de Egipto, en 1997 (donde España logró la medalla de bronce), fue dos años más tarde, en Nigeria, donde realmente se gestó una camaradería y una complicidad que, sin saberlo aún, sentaría las bases del esplendoroso futuro que aguardaba a La Roja en los años venideros, los que coincidieron con la plena madurez deportiva del pequeño genio egarense y el gran cancerbero mostoleño. 

Siempre he sostenido, tal vez porque tuve la fortuna de sentirlo a flor de piel en aquella especie de máster exprés de periodismo en tres semanas que resultó ser para un servidor Nigeria 99, que el origen del ‘tiqui-taca’ no se produjo en Aarhus con aquel soberbio partido de España ante Dinamarca, jugándose la piel para estar en la Euro 2008. El verdadero nacimiento de esa escuadra que ha hecho realidad nuestros sueños de ver en la solapa de la rojigualda la estrella de campeones del mundo o de enlazar dos europeos al hilo como el que va a comprar el pan cada mañana, tuvo lugar en aquel campeonato sub 20 en el que 18 valientes juveniles se pusieron el mundo por montera en las peores condiciones posibles y cuando nadie daba una pela (moneda de curso legal entonces) por ellos.

El Mundial sub 20 de Nigeria marcó su amistad

Nigeria no era ciertamente el escenario apropiado para una gesta del calibre de la que rubricaron los discípulos de Iñaki Sáez superando en el camino penalidades varias a fuerza de una voluntad de acero, mucho sudor (todos acabaron al borde de la deshidratación el partido ante Zambia) y lágrimas de nostalgia al no poder siquiera comunicarse con sus seres queridos dada la precaria situación a todos los niveles de un país que no estaba en condiciones de albergar un torneo del calado de una Copa del Mundo en 1999. 

Empero, aquella aventura ‘a lo Livingston supongo’ plagada de trampas anímicas de todos los colores, acabó por sacar lo mejor de cada integrante del combinado hispano. Fue precisamente en aquel complejo escenario donde Xavi e Iker, tanto monta, sellaron un pacto de sangre inviolable que aún hoy día defienden contra viento y marea. Esa fusión indisoluble de sus personalidades resultó fundamental para evitar que el equipo arrojase definitivamente la toalla dos días antes de los cuartos frente a Ghana, cuando al sentarse a comer en el hotel de Kaduna, les sirvieron platos de ensalada aderezados de hormigas. El azulgrana y el merengue, junto a Marchena y Orbaiz, fueron los encargados de tirar del carro y levantar el ánimo alicaído de sus compañeros, hartos ya de padecer tantas vejaciones. 

Sobre el césped, sucedió otro tanto de lo mismo. A Iker no le tembló el pulso con sus 17 añitos cuando hubo de jugarse a vida o muerte el pase a semifinales con los fornidos ghaneses desde los once metros. Una vez más, la primera de muchas, salió cara para el portero del Real Madrid y España se plantó en semis, donde nos comeríamos a Keyta, Momo Diarra y al resto del combinado maliense en tres bocados.  

Lo de ‘Pelopo’ en aquel torneo merece un capítulo aparte. Al mejor arquitecto y, posiblemente, también el mejor jugador que ha dado el balompié patrio en sus más de 100 años de historia, se le caían los pases al hueco, las paredes y los ‘caños’ de las costuras de sus botas. Xavi paseó su fútbol sencillo -como de hecho es él como persona- a la par que deslumbrante por Calabar, Port Harcourt, Kaduna y Lagos, las cuatro sedes en las que España disputó sus siete encuentros mundialistas. Su relación con la pelota ya era pura liturgia en movimiento, como lo es ahora. Como lo ha sido siempre. Un compás perfecto a nivel táctico que medía las distancias y marcaba los tiempos del juego con la precisión y elegancia de aquel ‘Tag-Heur’ que les regaló la RFEF por llevarnos hasta la gloria por vez primera en nuestras vidas.   

Todos los allí presentes (todos menos la FIFA, que le escamoteó vilmente el Balón de Oro al mejor jugador) nos percatamos de que aquel menudo y sagaz Le Corbusier de la redonda jugaba a otra cosa diferente al resto de mortales que participaron en el torneo africano. Que le pregunten a los japoneses, que tras la final pasaron en fila india, de uno en uno, para pedirle la camiseta, sin suerte, porque esa Xavi la tenía reservada para Joaquim, su padre. Tenía 19 primaveras, pero ya entonces se trataba de un extraterrestre metido a capón en el cuerpo de un retaco que se pasaba el día montando tertulias futboleras con su amigo Iker y queriendo conocer detalles de los cracks a los que un servidor había tenido la ocasión de entrevistar. 

A falta de buenas viandas que echarse a la boca, Xavi consumía fútbol a todas horas y su carácter jovial y extrovertido terminó por contagiar a todos los que estuvimos metidos durante aquellas tres semanas inolvidables dentro de su campo magnético. Algo que no ha dejado de hacer por más años que hayan pasado de aquel Mundial y que, no me cabe ninguna duda, seguirá haciendo desde Qatar o desde el lugar que elija para seguir impartiendo magisterio con su mejor amigo.

Fuente: ElConfidencial – Deportes