Zidane vuelve a la escena de su primer gran crimen (de arte)

22.01.2016 – 05:00 H. No fue su mejor disparo. Tampoco el más importante (esos los dejó para Glasgow). Solamente el inicial. En el Benito Villamarín, que ...

22.01.201605:00 H.

No fue su mejor disparo. Tampoco el más importante (esos los dejó para Glasgow). Solamente el inicial. En el Benito Villamarín, que este domingo volverá a pisar como entrenador del Real Madrid, Zinédine Zidane cometió hace 20 años el primero de sus grandes crímenes (de arte) que le catalogarían como uno de los mayores fenómenos que ha dado la historia del fútbol.

“Para mí, es un gol memorable”, repite el francés. No sólo para él. Probablemente ninguno de los 40.000 espectadores que vivieron el momento, en aquella eléctrica noche de 1995, ha olvidado el prodigio. No lo ha hecho, desde luego, el entrenador de ese Betis, Lorenzo Serra Ferrer. “Zidane no era aún una gran estrella, pero ya se trataba de un futbolista fantástico, dominador absoluto de todos los conceptos técnicos, con una manera de jugar distinta, con una luz prodigiosa. Habíamos hablado de encerrarle, claro. Pero lo que hizo fue simplemente mágico“, relata el técnico a El Confidencial.

Volvamos atrás. Es 6 de diciembre, día de la Constitución. El PSOE celebra el anuncio de Felipe González de optar a su quinta legislatura, sin saber que en esas elecciones sería batido por Aznar. España se escandaliza con las tropelías de Luis Roldán y escucha a Barrionuevo en los tribunales explicarse sobre los GAL. Europa se desangra infatigablemente por el costado de los Balcanes. Esa noche, también, juega el Betis. Octavos de final de la, tal vez, mejor Copa de la UEFA (ahora Europa League) que han visto los tiempos: Milan, Bayern, Manchester, Barcelona, Inter, Liverpool… Es un gran Betis el que compite ahí, con el sargento Serra a los mandos de un equipo con carácter y talento: Alexis, Stosic, Vidakovic, Alfonso, Pier… Desde luego, es favorito en la eliminatoria frente al Girondins de un tal Zinédine Zidane.

“Sinceramente, creo que éramos mejores. Ellos también tenían un buen equipo, con jugadores como Dugarry o Lizarazu, pero fue Zizou quien marcó la diferencia”, sintetiza Serra. La eliminatoria se le atravesó al Betis desde el inicio. 2-0 en Burdeos, con un gol de Dutuel, que luego jugaría en el Celta, y otro servido por Witschge, el rubito holandés que tenía cedido el Barcelona. “Aun así, confiábamos en la remontada”. También la temían los franceses. Habla Zidane: “Sabíamos lo que nos esperaba, un gran Betis y un campo con 40.000 espectadores. No iba a ser fácil. Y no lo fue“.

La noche, efectivamente, traía en Heliópolis aroma de gesta. Riadas de aficionados colapsaron los accesos al Benito Villamarín. Entre las tácticas intimidatorias, Lopera, por entonces emperador del Betis, añadió la de cobrar entrada a los periodistas franceses, que elevaron protesta a la UEFA. Al poco de empezar el partido, una tremenda tromba de agua descargó sobre el estadio. El ambiente se enfrió. Hubo quien temió un mal presagio. Acertó.

*VÍDEO: El famoso gol de Zidane al Betis

Un solo bote para firmar una obra de arte

Recuerdo la jugada como si fuera hoy. Todos la recordamos”, dice Serra. Y la relata. Es sólo el minuto tres. Huard, portero del Girondins, saca en largo. La pelean arriba Bancarel y Stosic, y el balón sale mordido, apenas superando el semicírculo central. Allí está Zidane. La pelota da un bote. Ya no daría ninguno más. Mientras la acompaña, el genio piensa rápido. Rodeado por cinco defensores, no advierte compañeros delante ni al lado. Y se decide por lo imposible. Con su zurda, arma un misil de 45 metros cuya parábola destroza a Jaro y acaba en la red. Es el primero de los grandes goles que él, diestro, hará con su izquierda, y que desembocarán en la mítica volea de Glasgow que otorgaría al Madrid su novena Copa de Europa. El Betis cae eliminado. Aquel día, el último de los defensas, frente a frente a Zidane, era el hoy entrenador verdiblanco Juan Merino. “¡Cómo  lo voy a olvidar si lo viví en primera fila! Fue increíble. Nos miramos diciendo, ¿pero que ha hecho este tío? Yo creo que, ese día, todo el mundo se preguntó quién diablos era ese tal Zidane“.

Aquel Zidane tenía 23 años, lucía pelo, un cutis suave, el nueve a la espalda y unas Asics en los pies. Nueve meses antes, había tenido a su primer hijo, Enzo. Era el líder de un Girondins que casi desciende en la Liga, pero que alcanzó la final de la UEFA frente al Bayern de Múnich. Llevaba siete partidos con la selección, de la que Aimé Jacquet le acababa de entregar las llaves, y con la que dos años más tarde ganaría el Mundial. “Le pedí a Lopera que lo fichara de inmediato”, recuerda Serra. También lo hizo Cruyff en el Barça. Pero Zidane ya tenía un trato con la Juventus, que en el siguiente verano lo firmó por 3,5 millones de euros. Cinco años después, el Real Madrid pagó 73 para llevarlo al Bernabéu.

Zidane, durante una rueda de prensa como entrenador del Real Madrid. (EFE)Zidane, durante una rueda de prensa como entrenador del Real Madrid. (EFE)

El resto es leyenda. Tres balones de Oro, campeón del Mundo y de Europa con Francia y el Real… y ahora recién entrenador del Madrid, ese cargo saturnal que conlleva una amenaza a su mito. Serra presagia: “Estoy seguro de que se ganará el respeto de ese vestuario, por el respeto que también él tiene hacia los demás y por la claridad con la que ve el fútbol. A veces es un poco parco en palabras, sí, pero nadie puede dudar de que Zidane ve y piensa rápido como entrenador igual que lo hacía como jugador. Es un genio, y esto no hay que olvidarlo”.

Fuente: ElConfidencial – Deportes