Animación | ‘Una rubia entre dos mundos’, de Ralph Bakshi

Tras finalizar ‘Tygra: hielo y fuego’ (‘Fire and Ice’, 1983), y verse incapaz de levantar ninguno de los proyectos que le llamaban ...
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Tras finalizar ‘Tygra: hielo y fuego’ (‘Fire and Ice’, 1983), y verse incapaz de levantar ninguno de los proyectos que le llamaban la atención —por sus manos pasaron desde cierto relato de Philip K.Dick que terminaría adaptando Ridley Scott hasta la loca idea de llevar a la gran pantalla ‘El guardián entre el centeno’—, Ralph Bakshi decidió retirarse del mundo del cine y dedicar su tiempo a esa otra gran pasión suya que es la pintura.

Un retiro parcial del que regresaría de forma paulatina entre 1987 y 1989 gracias al empuje que supuso su implicación en diversas producciones animadas para la televisión. Con una nueva versión de ‘Super Ratón’ entre ellas, y trabajando de nuevo a pleno rendimiento en su faceta audiovisual, Bakshi comenzó en 1990 a mover una idea para una cinta de animación de terror que la Paramount compró casi de inmediato.

Poco podía imaginar el artista lo mucho que su idea original sería travestida por los ejecutivos de la compañía y que, después del (muy merecido) varapalo crítico que se llevaría —el filme ostenta un exigüo 4% en Rotten Tomatoes y un 4,8 en la IMDb—, Una rubia entre dos mundos (‘Cool World’, 1992) sería, hasta la fecha, la última incursión en la gran pantalla de su excepcional forma de visualizar la animación.

De terror a comedia alocada

Cool World 1

Cool World 1

Como decía, el tratamiento inicial de la historia que Bakshi presentó a Paramount giraba en torno a un dibujante underground que tiene una hija con una de sus creaciones, un engendro mitad niña, mitad dibujo animado que odia a su progenitor y pretende cruzar al mundo real para matarlo por haberla abandonado. Si habéis visto ‘Cool World’ —me niego a volver a utilizar el título en español— sabréis que el resultado final se parece tanto como una patata a un iPhone.

La responsabilidad de ello cabe encontrarla en Frank Mancuso Jr, el hijo del que fuera presidente de los estudios que, mientras se construían los decorados para el filme en Las Vegas, había ordenado en secreto una re-escritura del guión para alejarlo del mundo del terror en el que tanto se había implicado ya —él fue el impulsor de la franquicia de Jason, el asesino de ‘Viernes 13’— y asomarse a disquisiciones completamente diferentes a las que Bakshi pretendía.

El resultado de tal decisión, puñetazo del director al productor mediante —como lo leéis—, fue que de afrontar algo que le resultaba atractivo y apetecible, Bakshi tuvo que encontrárselas con una cinta que, como suele decirse, mataron entre todos y ella sola se murió. Consecuencia directa de ello, y debido a motivos tremendamente diversos, es que a la hora de hablar de ‘Cool World’ las sensaciones del filme puedan resumirse en una única palabra: DESASTRE.

Una rubia entre dos mundos‘, lamentable

Cool World

Cool World

De entre toda la diversidad a la que cabría atender para tachar de infumable lo que Bakshi ponía en pie hace veinte y cuatro años destaca, para empezar, lo forzado de la mezcla entre imagen real y animación cuando, como había demostrado Robert Zemeckis tres años antes, esta podía alcanzar niveles de auténtica genialidad. Desafortunadamente aquí genio, el justo, y todo aquello que tiene lugar en el caótico mundo de los “doodles” chirría sobremanera cada vez que Brad Pitt, Gabriel Byrne o Kim Basinger hacen aparición en él.

Al pésimo maridaje que se hace entre los actores y la animación —con miradas y gestos que nunca terminan de concordar— viene a unirse la desgana de la que hacen gala la terna de intérpretes, una cualidad que, sobrellevada con mayor o menor fortuna por Byrne o Basinger, se hace más que patente en un Brad Pitt que afrontaba aquí su tercer papel de relevancia después de que, el año anterior, Ridley Scott lo “descubriera” con ‘Thelma & Louise’ (id, 1991).

La misma desgana es la que —normal debido a las circunstancias— termina reflejando la dirección de Bakshi sobre un producto que no podía sentir propio: errores de raccord —de los que no hay que estar ni atento para captar— o escenas que no llevan a nada son algunas de las características más alarmantes de una cinta en la que los giros argumentales son introducidos a empellones, en la que no hay desarrollo alguno de personajes y que, para colmo, no hace gracia por más que lo intente…y lo intenta…en cada plano.

Cool World 3

Cool World 3

Imbuyéndose en una suerte de espíritu a lo Tex Avery pasado de rosca y sometido a los efectos de todo el espectro de psicotrópicos habidos y por haber, en ‘Cool World’ coexisten dos mundos: el del argumento más o menos normal, que no puede ser más arquetípico por cierto, y lo que el equipo de animadores desarrolla en el mundo habitado por unos dibujitos alocados que siempre andan repartiéndose estopa a diestro y siniestro.

Sin que tal recurso añada matices de lectura —más bien la empobrece—, en lo que termina convirtiéndose la permanente presencia de pequeños personajes recorriendo la pantalla dándose mamporros es en una irritante molestia que colma el vaso de la paciencia del espectador y provoca que, en no pocas ocasiones, y unido a todo lo demás que hemos comentado, que deseemos no habernos acercado a un filme del que, paradójicamente, servidor no guardaba tan mal recuerdo. Malas pasadas que juega la memoria.