‘Antes de ti’, mi vida es mía

‘Antes de ti’ (‘Me Before You’, Thea Sharrock, 2016) es el melodrama ñoño de la temporada. Chicos y chicas de buen ver —según los cánones de belleza ...
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Antes de ti’ (‘Me Before You’, Thea Sharrock, 2016) es el melodrama ñoño de la temporada. Chicos y chicas de buen ver —según los cánones de belleza implantados por sabe dios qué mente enferma— suelen protagonizarlos. A veces la química es innegable, a veces escandalosamente nula. La ópera prima de Sharrock se agrupa en varias de las modas actuales en el cine dramático, entendiendo por dramatismo dos personas que se enamoran, luz de postal y un impedimento para el amor.

Últimamente el cine británico desprende un buenrrollismo en muchas de sus comedias románticas. Personajes encantadores con un carisma arrollador, un buen puñado de buenas —cuando tenemos suerte— canciones. Todos los verdaderos problemas del mundo se arreglan con una sonrisa, más tarde un beso. La ficción como escape a una realidad mucho más terrible. Una ficción que pretende ser un reflejo de la vida. La última carambola de este tipo de films es ser estúpidamente crueles.

En varias de las últimas historias de amor destinadas a un público más o menos joven se ha añadido el hecho de que uno de los dos atravesados por las flechas de un Cupido cabrón suele tener una enfermedad terminal. De esa forma, nadie que ame lo políticamente correcto se atreverá a cuestionar la pobre historia de amor entre una muchacha que necesita dinero para aportar en casa y un discapacitado millonario con CUALQUIER cosa a su alcance.

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Un argumento inútilmente cruel

(From here to the end, Spoilers) Joyo Moyes osa adaptar su propia novela, que no he tenido el placer de leer, y no lo haré nunca. El film posee uno de los guiones más tramposos vistos en años en este tipo de películas; también una carga de imbecilidad que alcanza cotas inimaginables. Will Traynor —un encantador Sam Claffin— ha decidido que, sin movilidad en la casi totalidad de su cuerpo, no merece la pena vivir. Entendible, jamás criticable. Pero…

¿En qué momento se le ocurrió al escritor que como no era poco el ser discapacitado, hace que le deje la novia por su mejor amigo, le inviten a la boda y que, en esos últimos momentos de existencia, pongan a cuidarle a una tipa muy simpática de la que se enamorará irremediablemente? ¿Qué sentido tiene en un guión el construir una historia de semejante manera si el personaje ya ha tomado su crucial decisión? Esta película es perfecta para Youtubers. El argumento puede ser atacado desde cualquier perspectiva.

Emilia Clarke, conocida sobre todo por su papel en ‘Juego de truños’, realiza una de las interpretaciones más insoportables que se han visto en un melodrama romántico. Sobrepasando continuamente el histrionismo, poniendo caretas cada dos por tres, forzando sus músculos faciales al máximo, Clarke no logra ser, ergo no transmite absolutamente nada, salvo una capacidad innata para molestar.

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Tendenciosa

En cuanto al mensaje del film, ese que ha vuelto locos a miles de discapacitados escandalizados por el polémico final, servidor se acuerda de una de las mejores películas de John Badham: ‘Mi vida es mía’ (‘Whose Life Is It Anyway?’, 1981), en la que un pletórico Richard Dreyfuss daba vida a un pintor que quedaba tetrapléjico, decidiendo poco después el morir. La construcción del guión, y sobre todo los argumentos utilizados para que el personaje tome esa decisión, son irreprochables. El film es un canto a la vida.

En Antes de ti’ apenas conocemos el dolor del personaje central. Sólo un par de caras malas al principio, ya que el chico rico tiene sus días, y cierto peligro a la hora de consumir alcohol. El resto es blandenguería barata, un poquito de romanticismo bañado en azúcar, sin que un solo personaje cuestione de verdad la decisión del chaval. No sólo eso, ni uno sólo de sus argumentos están insertados con coherencia, o lo que es peor, honestidad. Y eso, en una película que parece no engañar a nadie, es aún peor.

De esta forma, el necesario crescendo dramático no transcurre como debería, con naturalidad, sino de forma totalmente automática, siguiendo todos y cada uno de los clichés instaurados. Unas gotas de humor, sano, unas gotas de dramatismo y seriedad, y unos colores vivos, de atardeceres que sólo se ven en una película, unas pocas lágrimas por aquello de liberar tensión, etc. El resultado de todos esos pocos es la nada. Una película que contribuye a desconectar el cerebro, lo cual tenemos ya bastante asimilado.