Añorando estrenos: ‘Han cambiado de cara’ de Corrado Farina

El pasado 11 de julio falleció el director italiano Corrado Farina, novelista, reputado publicista, documentalista y director de dos films de ficción, ...
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El pasado 11 de julio falleció el director italiano Corrado Farina, novelista, reputado publicista, documentalista y director de dos films de ficción, obras de culto dentro del fantaterror italiano de los años setenta. Han cambiado de cara (‘Hanno Cambiato Faccia’, 1971) y ‘Magia negra’ (‘Baba Yaga’, 1973) son sus títulos. El primero supone uno de los tratamientos cinematográficos más originales que se han realizado sobre el vampirismo.

Escrita a cuatro manos por el propio director y Giulio Berruti —escritor de algunas películas fantásticas de aquella época—, Han cambiado de cara se acerca al clásico esquema narrativo de toda película de vampiros. Un esqueleto argumental de sobra conocido, en un film que juega sus más importantes bazas en la puesta en escena, y en el mensaje de carácter político, tan del gusto de su director, a quien le gustaba meter el dedo en la llaga.

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Luz y tinieblas unidas

La premisa del film recuerda, sin ningún tipo de rubor, a la de los films que han adaptado la inmortal obra de Bram Stoker, ya sea cambiando de título para no pagar derechos, como el caso de F.W. Murnau, o las posteriores versiones de Tod Browning, Terence Fisher, John Badham o Francis Ford Coppola. A la mansión de Giovanni Nosferatu —por si no quedaba clara la referencia, el nombre del “villano” no puede ser más claro—, jefazo de una gran empresa automovilística, llega uno de los trabajadores para ser comunicado de una importante noticia.

En la gran villa/mansión de Nosferatu —un muy acertado y carismático Adolfo Celi— lo primero que llama la atención es que el lugar está protegido por varios 600, cuyos conductores no hablan jamás; el lugar posee colores claros, incluso el blanco, en contraste intencionado con los típicos lugares lúgubres de las demás versiones, mientras todos visten con ropas negras, para subrayar aún más el contraste. La eterna lucha entre claridad y oscuridad, entre luz y tinieblas, aquí convertida en hermandad vampírica imposible de resistirse a ella.

Durante la primera hora de metraje, el protagonista conocerá el lugar de mano de la misteriosa Corinna (Geraldine Hooper), no sobresaltándose por los más que extraños aspectos del lugar —puertas cerradas, reuniones secretas, gente que desaparece…—. Un ritmo lento, pero seguro, que da paso a un tercer acto donde las cartas se ponen sobre la mesa, subvirtiendo de forma magistral todos los elementos del cine vampírico. La empresa de Nosferatu controla el mundo a través del consumismo.

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Están entre nosotros y dominan el mundo

De ahí el más que original título. Los vampiros existen desde hace siglos, simplemente se han adaptado a los nuevos tiempos, han cambiado de rostro y ahora controlan el mundo desde el capitalismo. Feroz crítica por parte de Farina, que no se corta ni lo más mínimo a la hora de describir cómo Nosferatu y sus colaboradores dominan el mundo en todos los campos, desde la publicidad hasta la Iglesia, que jamás condenará todo aquello que le reporte sumas ganancias.

El grupo de Nosferatu es descrito como una banda de desquiciados preocupados única y exclusivamente por tener más dinero. Llama la atención el director de publicidad que asegura, totalmente convencido, que la publicidad es el verdadero cine, anotando así el carácter vampírico que el séptimo arte posee. Cuando el protagonista descubre para qué ha sido invitado —para unirse a ellos, tomando el control de la empresa— se ve sobredimensionado, y cual Jonathan Harker rechaza semejante locura.

Han cambiado de cara culmina por todo lo alto, no realizando una sola concesión al espectador, al atacar sin piedad, ni ningún tipo de reparo, lo fácil que es caer en las redes de la corrupción y el poder. Nadie está libre de ello. Ninguna clase social. Los vampiros se mueven entre nosotros.