Añorando estrenos: ‘La leyenda de Vandorf’ de Terence Fisher

‘La leyenda de Vandorf’ (‘The Gorgon’, Terence Fisher, 1964) es una pieza fundamental en la historia de la mítica productora Hammer, y también en la ...
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‘La leyenda de Vandorf (‘The Gorgon’, Terence Fisher, 1964) es una pieza fundamental en la historia de la mítica productora Hammer, y también en la filmografía de su autor, Terence Fisher. Supone el regreso del mismo a la productora cuando en ésta se estaban produciendo considerables cambios en lo que respecta al equipo de técnicos y artistas. De igual manera es una de las múltiples reuniones entre Fisher y Lee, antes de que aquel lo convenciese para ponerse de nuevo en la piel del vampiro más famoso que ha existido, en su versión más terrorífica, filmada dos años después de la presente.

La película también es conocida en nuestro país bajo otros dos títulos: ‘La medusa’ y ‘La Gorgona’, bastante más acertados que el que el film posee en la edición española, extraordinaria, en DVD, abiertamente más comercial. Lee aceptó trabajar en la película al lado de su buen amigo Peter Cushing, otro de los actores fetiche de la Hammer, tras haberse codeado con la cinematografía italiana, en un cinta de Antonio Margheriti, o en las pequeñas maravillas tituladas ‘Il castello dei morti vivi’ (Warren Kiefer, Luciano Ricc, 1963) y ‘La maldición de los Karnstein’ (‘La cripta e l’incubo’, Camillo Mastrocinque, 1964).

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Renovando elementos en la Hammer

La película, que conoció estreno tardío entre nosotros, casi cuarenta años aunque fue emitida numerosas veces por televisión, indaga en la mitología griega y se toma licencias extremas que, bajo la pluma de un muy inspirado John Gilling –junto a Fisher, Roy Ward Baker y Freddie Francis, de los directores más representativos de la casa−, que adaptó una leyenda griega, convenientemente tergiversada con la incursión del personaje de la Gorgona Megaera, y a la que se añaden inteligentemente elementos de otros “fijos” de la casa como el Hombre-Lobo –el efecto de la luna llena−, Frankenstein y Drácula.

El hecho de encontrarnos a Christopher Lee –con un look totalmente inusual, casi paródico− enfrentado a Cushing, supone otro cambio en lo que hasta ese momento se había visto en la Hammer. El primero, mezcla de Van Helsing y Sherlock Holmes –Fisher venía de firmar una de sus aventuras precisamente con Lee en la piel del detective−, tarda en hacerse importante en la narración, y el segundo como el conocedor de todo el misterio, con claros ecos a Jekyll y Hyde en su “protegida” Carla (Barbara Shelley) a la que vigila constantemente por miedo, y a la que no puede enfrentarse por amor.

‘La leyenda de Vandorf puede ser vista, haciendo juego con el importante papel que tiene la mirada en el film, como una historia de amor imposible, donde los deseos más básicos son representados por los actos del monstruo del film, cuyo maquillaje fue el producto del recorte de presupuestos que la Hammer vivió en esa época. Lee bromeaba a gusto al respecto diciendo que el problema de ‘La gorgona’ era precisamente la Gorgona, perfectamente visible en el clímax el relato, por cierto nada complaciente con el espectador, con el que el personaje de Lee realiza un muy curioso juego de complicidad en su diálogo final.

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Una mirada, un deseo, la muerte

Afortunadamente Fisher, con su peculiar equilibrio ético/estético, demostrando una vez más su mano para los colores, a través de la fotografía de Michael Reed, y el excepcional diseño de producción del interior del castillo, viste el film de un halo romántico trágico casi inusitado, con el que además se atreve a variar los cánones establecidos con los personajes masculinos, abriendo así una nueva época en la que los personajes femeninos cobran un protagonismo fuera de lo común. Si alguien brilla con gran intensidad en el film, realizando un magistral juego de espejos, es Barbara Shelley, una de las musas del horror en aquellos años.

La sutileza y un marcado tono onírico sobresalen como armas fundamentales en la operación “de renovación” que Fisher efectúa, del todo arriesgada y susceptible de burlas. Al respecto cabe citar las misteriosas salidas y entradas en el relato del personaje de Carla (Shelley), alrededor del cual giran los demás, sobre todo Paul (Richard Pasco), extranjero que llega al lugar debido a la muerte de su hermano y padre, ambos convertidos en figuras de piedra por una maldición de la que nadie quiere oír hablar. Y cómo no, la de su protector, el Dr. Namaroff (Cushing), aterrado y enamorado a partes iguales. La lucha final entre ambos representa algo más que una pelea, representa la lucha por el poder sexual.

‘La leyenda de Vandorf es uno de los films más perfectos de su autor, aunque lo cierto es que nunca estuvo lo suficientemente bien considerado. Pero a cada nuevo visionado pueden apreciarse más y más maravillosos matices, empezando por la citada mirada, aquí alegoría del deseo, que lleva a la destrucción, tal y como marca ya la primera secuencia del film. Un juego muy ingenioso, y divertido, para un arte en el que el punto de vista es muy importante.