Añorando estrenos: ‘Luna maldita’ de Eric Red

Ahora que se lleva hasta límites impensables el ejercicio de nostalgia de años pasados —casi siempre la década de los ochenta, que a su vez se ...
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Ahora que se lleva hasta límites impensables el ejercicio de nostalgia de años pasados —casi siempre la década de los ochenta, que a su vez se retroalimentaba de décadas pasadas—, nos acercamos a un film de los noventa que injustamente sin pena ni gloria por las carteleras de medio mundo. Por la nuestra de hecho ni pasó. Luna maldita (‘Bad Moon’, Eric Red, 1996) es un pequeño e interesante film sobre la licantropía, que precisamente en la década anterior había servido dos joyas firmadas por Joe Dante y John Landis.

Red es un guionista que escribió la excelente ‘Carretera al infierno’ (‘The Hitcher’, Robert Harmon, 1986) además de un par de libretos para Kathryn Bigelow —‘Los viajeros de la noche’ (‘Near Dark’, 1987) y ‘Acero azul’ (‘Blue Steel’, 1989)—. Conocedor de los resortes del fantástico y el thriller —dirigió la estimable buddy movie ‘Cohen & Tate’ (1988)— se atrevió con una película sobre el mito del hombre lobo, logrando aportar algo de originalidad a un tema tan manido.

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Para ello realizó un ejercicio que bebe sin descaro ni ningún tipo de prejuicio de los films de los años cuarenta. De hecho, en cierto instante se está proyectando en la televisión el desconocido ‘El lobo humano’ (‘Werewolf of London’, Walker, 1935), que sireve para establecer de cara al espectador las consabidas reglas sobre el comportamiento de los hombres lobo. Reglas que en realidad fueron inventadas por Curt Siodmak —hermano del célebre Robert Siodmal— en la más conocida ‘El hombre lobo’ (‘The Wolf Man’, George Waggner, 1940).

El mejor amigo del hombre

El apunte más interesante de una película que no llega a la hora y veinte minutos de duración —duración típica en los films de épocas pasadas— es que el héroe de la función, el verdadero protagonista, es un perro. Además logra destacar como el mejor actor de la función, algo no demasiado difícil cuando por el film desfilan Mariel Heminghway, Mason Gamble —sorprendentemente alejado de sus histrionismo en ‘Daniel el travieso’ (‘Dennis the Menace’, Nick Castle, 1993)— y Michael Paré, quien consigue transmitir el tormento interior por la maldición de ser un hombre lobo.

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Con ese apunte, el film logra apartarse de lo visto hasta ese momento, también hasta hoy —con la licantropía insultada por sagas nenazas—. El arrollador carisma del perro —del que Red consigue unos planos fijos absolutamente deslumbrantes— llena todo el film, que aunque breve, es conciso, directo y efectivo en su pequeña historia. Un prólogo en el que el protagonista es “infectado”, un retorno al hogar con un apunte muy interesante: Ted (Paré) está convencido de que el amor de la familia podrá liberarle. Un desenlace en cierta medida, si no inesperado, sí atípico.

Luna maldita posee suficientes dosis de sangre, sin caer en efectismos, y respecto al par de transformaciones que vemos éstas no llegan a las excelencias de los films de Dante y Landis, pero logra salvar la papeleta con dignidad, además de ofrecer un monstruo físico bastante logrado. Eso sí, el susto final —que se suma a la moda imperante en aquellos años, en la que el malo moría varias veces o el protagonista soñaba con un último ataque— sobra, sobre todo cuando hasta ese instante final Red había evitado efectismos de todo tipo.

Sólo por el perro —Primo de nombre real, Thor en la película— la película ya merece la pena.