Añorando estrenos: ‘Secreta invasión’ de Roger Corman

‘Secreta invasión’ (‘The Secret Invasion’, Roger Corman, 1964) fue filmada por su director en Yugoslavia, entre las dos últimas películas pertenecientes al ...
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Secreta invasión’ (‘The Secret Invasion’, Roger Corman, 1964) fue filmada por su director en Yugoslavia, entre las dos últimas películas pertenecientes al ciclo de adaptaciones sobre Edgar Allan Poe, esto es ‘La máscara de la muerte roja’ (‘The Masque of Red Death’, 1964) y ‘La tumba de Ligeia’ (‘The Tomb of Ligeia’, 1964). Las tres filmadas el mismo año, en tiempo récord, como era habitual en él, y demostrando que el presupuesto no es óbice para realizar buen cine. Curiosamente aquí tuvo uno de los más grandes de su filmografía, aproximadamente 600.000 dólares.

También contó con un actor de “categoría”, una estrella como había sido Stewart Granger para quien el presupuesto del film era el más bajo que una de sus películas había tenido. En cualquier caso el film luce como si hubiese costado bastante más, gracias a la buena mano de Corman, que esta vez se adelantó a las premisas de films más conocidos como el espectáculo ‘Doce del patíbulo’ (‘The Dirty Dozen’, Robert Aldrich, 1967) y la magistral ‘Mercenarios sin gloria’ (‘Play Dirty’, André De Toth, 1969) en las que delincuentes peligrosos son reclutados para una misión suicida.

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Una de las cosas que quedan claras con esta película, al igual que muchas de su director, es la enorme capacidad de síntesis que Corman tenía para narra una historia. En apenas unos minutos los personajes son presentados con un conciso montaje. Primero en un avión, esposado, aparece el personaje de Raf Vallone; en un barco el de Henry Silva; en un tren el de Mickey Rooney, y así sucesivamente hasta cinco criminales, cada uno con una habilidad especial, que son llevados ante la presencia del Comandante Richard Mace, personaje a cargo de Granger.

La misión: liberar a un importante oficial italiano retenido en un castillo por los nazis. Si tienen éxito todos tendrán como recompensa la libertad, si no, morirán en el intento. Aunque el film es un “hazañas bélicas” en toda regla, lleno de escenas de acción, sobre todo en su parte final, Corman se permite el lujo de proponer nada desdeñables reflexiones sobre el absurdo de la guerra, sobre la utilización de la mentira para lograr las cosas, y cómo no, sobre la camaradería y la lealtad en un grupo lleno de caracteres contrapuestos, para que todo funcione.

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La guerra, una mentira

El film adolece de unos diálogos un tanto simples, pero supone el poder de la imagen sobre la palabra, en detalles tan ingeniosos de guion como el grupo sincronizándose a través de los chasquidos de dedos en un momento dado, y que Corman muestra con un envidiable sentido del suspense, a través de un montaje de Ronald Sinclair –con un muy curioso currículum en su haber, sobre todo en el apartado sonoro−, milimétrico y que funciona precisamente con la precisión de un reloj suizo. Lo mismo en las cruentas escenas finales de combate, llenas de extras, punto álgido del crescendo narrativo del que hace gala la película.

Dos de los apuntes más interesantes de Secreta invasión’ se encuentran primero en el personaje de Henry Silva un asesino despiadado que encuentra el amor tras las líneas enemigas. El episodio del bebé que llora al que le tiene que tapar la boca para no llamar la atención de dos soldados alemanes muestra sin remilgos la dureza de las contiendas, lo injusto de las mismas y evidentemente señala a las verdaderas víctimas sin futuro. La primera vez que se propone que en esa misión –por otro lado mal diseñada, mostrada casi como una locura− no va a quedar casi nadie vivo.

El segundo es la figura del oficial italiano rescatado, un señuelo puesto por los nazis para lograr la alianza con los italianos, situación a la que dará la vuelta el personaje de Silva mediante un acto suicida que le redimirá de sus pecados. Sumado al épico discurso final de Vallone, señala la mentira como excusa para provocar guerras, y también para intentar ganarlas. Terrible ironía servida con ingenio por Corman, que en realidad hacía una reescritura, en clave de film bélico, de un western suyo anterior, ‘Cinco pistolas’ (Five Guns West’, 1955).