Cine en el salón: ‘La mujer explosiva’, otro tipo de Frankenstein

Cuando hace una semana me disponía a repasar en este rincón de Blogdecine esa singular y esperpéntica visión que Bruce Joel Rubin y Wes Craven hacían del ...
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La Mujer Explosiva Poster

Cuando hace una semana me disponía a repasar en este rincón de Blogdecine esa singular y esperpéntica visión que Bruce Joel Rubin y Wes Craven hacían del mito del Prometeo moderno en ‘Amiga mortal’ (‘Deadly Friend’, Wes Craven, 1986), el titular que terminé colocándole a la entrada hacía saltar el resorte de memoria correspondiente al título que os traemos hoy, un ‘La mujer explosiva (‘Weird Science’, John Hughes, 1985) —olé el título que se le puso aquí al filme, “perfecta” traducción del original— que, sin lugar a dudas, servía también a su director y guionista para dar una nueva vuelta de tuerca al personaje creado por Mary Shelley.

Comedia de adolescentes con toques de ciencia-ficción y fantasía, pero comedia de adolescentes de los ochenta a fin de cuentas, la cinta protagonizada por Anthony Michael Hall —al que veríamos ese mismo año en la grandiosa ‘El club de los cinco’ (‘The Breakfast Club’, John Hughes, 1985)— e Ilan Mitchell-Smith tendrá siempre un lugar reservado en la memoria cinematográfica de los chavales que crecimos en aquella época por suponer el primer encuentro con ese breve mito erótico que fue la sensual Kelly LeBrock, una mujer “cañón” que le despertó la sexualidad a más de uno con el modelito con el que aparece por primera vez en escena en este descerebrado divertimento.

Tempranas fantasías

La Mujer Explosiva 1

Braguitas azules con un filo blanco y una camiseta de manga larga blanca y raya negra en el brazo que se elevaba lo suficiente por encima del ombligo para casi empezar a atisbar sus hermosos senos eran las armas que LeBrock utilizaba para, bien enamorar de forma inmediata a aquellos que la veíamos por primera vez en esta producción, bien para confirmarle a aquellos que la habían descubierto un año antes en ‘La mujer de rojo’ (‘The Woman in Red’, Gene Wilder, 1984) que la futura esposa y madre de tres de los seis hijos de Steven Seagal iba a ser objeto de fantasías mil a lo largo y ancho del planeta.

Uniendo a los dos filmes aquél que le serviría para conocer a su marido durante nueve años —ese ‘Difícil de matar’ (‘Hard to Kill’, Bruce Malmuth, 1986) que, por mucho que fuera la segunda cinta de Seagal, ya repetía esquemas con respecto a la anterior—, es una auténtica lástima que LeBrock se dejara absorver como lo hizo por su matrimonio con el rompebrazos de la coleta y abandonara una carrera en el mundo del cine que a día de hoy sólo cuenta con catorce créditos de lo más olvidables.

Y es una pena, no tanto por el hecho de que nos quedáramos sin poder deleitarnos en su belleza, sino porque aún dentro de sus limitadas dotes interpretativas, LeBrock demostraba aquí ser algo más que una simple cara bonita —y cuerpo de infarto— y sorprendía —y lo sigue haciendo— con una vis cómica concisa y seca que, durante el metraje, es el perfecto contrapunto tanto a la verborrea de Michael Hall como a lo exagerado y muy, pero que muy alocado de todo aquello que pasa durante noventa minutos que son, ante todo, una oda al absurdo.

‘La mujer explosiva‘, descacharrante esperpento

La Mujer Explosiva 2

El fino hilo argumental que Hughes enhebraba para el guión de ‘La mujer explosiva‘ se puede resumir en: dos adolescentes que, hartos de ser el hazmerreir del instituto, deciden crear una mujer por ordenador para que cumpla sus fantasías. Simple ¿verdad?. Y tanto. Lo que no resulta tan simple es dirimir aquello con lo que el cineasta da forma a la cinta, llenándola de momentos que no vienen a qué y que, en firme contraposición a la precisión que detentaba en la citada ‘El club de los cinco’, no van (casi) en ninguna dirección determinada más allá de pretender arrancar sonrisas o carcajadas al espectador.

Y digo casi porque, apuntadas de forma breve, podemos encontrar aquí semillas que hablan de lo fundamental que es la adolescencia en la definición de lo que será la edad adulta. Unas semillas dispersas, que casi fueron imperceptibles en aquél primer visionado que servidor le hizo al filme con once o doce años y que sólo revisiones posteriores fueron desvelando toda vez uno fue capaz de aislarse del ruido, los chistes de toda índole, las “idas de olla” del guión y los excesos de una cinta que en no pocos momentos funciona por acumulación.

Sin llegar a ostentar por descontado el mismo calibre que otras producciones dirigidas a los adolescentes que lo fuimos hace treinta años, no deja de ser cierto que asomarse hoy a ‘La mujer explosivadespierta agradables recuerdos de aquello que nos divertía cuando el sexo y no el seso era lo que gobernaba nuestros impulsos, una época diferente en la que el humor no tenía porque ser de una inteligencia suma cuando un par de chistes facilones hacían el trabajo y que, obviamente, no ha envejecido también tan bien como uno desearía. Con todo, una muestra más que válida del increíble eclecticismo que caracterizó a aquellos maravillosos años ochenta.