Cine en el salón: ‘Peter Pan, la gran aventura’, fidelidad

A la hora de ofreceros hoy en Cine en el salón ese momento de revisión previa a un estreno que venimos haciendo desde hace unos meses, dos eran las sendas ...
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Peter Pan Poster

A la hora de ofreceros hoy en Cine en el salón ese momento de revisión previa a un estreno que venimos haciendo desde hace unos meses, dos eran las sendas en las que se dividían las opciones a considerar. De una parte, obviamente, echar una mirada al pasado de Joe Wright, responsable de ‘Pan (Viaje a Nunca Jamás)’ (‘Pan’, 2015) —una cinta que, me vais a permitir el coloquialismo, “no puede tener peor pinta”— y recordar uno de esos dos grandes títulos que fueron ‘Orgullo y prejuicio’ (‘Pride and Prejudice’, 2005) y ‘Expiación. Más allá de la pasión’ (‘Atonement’, 2007). Pero, fuera por la razón que fuera, no me apetecía revisar ninguna de las dos.

La otra vía, también bastante obvia a la luz de la temática del filme que a partir de hoy podremos ver en nuestras carteleras, era acercarme a una de las varias aproximaciones que el séptimo arte ha hecho sobre los inmortales personajes de J.M.Barrie: considerando que la versión Disney ya fue cubierta en su momento en el especial dedicado a los estudios, las opciones se reducían a la dupla formada por ‘Hook’ (id, Steven Spielberg, 1992) y Peter Pan, la gran aventura (‘Peter Pan’, P.J.Hogan, 2003). Quizás lo “lógico” hubiera sido decantarse por la de Spielberg —un filme que, con sus muchos problemas, me encanta— pero tenía ganas de volver a ver la segunda.

Nuevas reflexiones sobre viejas lecturas

Peter Pan 1

Una cinta ésta que, contando con el beneplácito oficial de la fundación del Hospital para Niños Great Ormond Street de la misma manera que la tuvo cincuenta años antes el ‘Peter Pan’ (id, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1953) disneyano, adapta de forma bastante fidedigna el texto de Barrie añadiendo ciertas reflexiones que ninguna aproximación a la novela había hecho hasta el momento y que, en última instancia, no hacen sino abundar en lecturas ya presentes en el cuento que el literato inglés imaginaba a principios del s.XX.

Dichas reflexiones apuntan, primero, hacia el personaje de Peter Pan —muy acertada la elección de Jeremy Sumpter—, un niño que no quiere crecer porque, según se desprende de lo que le espeta Wendy en un momento dado de la cinta, tiene miedo a enfrentarse a sus sentimientos. Uno de ellos, el amor —y el despertar a la sexualidad latente en él— tiende la mano a otra de esas lecturas que se escapan, obviamente, a la infantilizada versión Disney. Cuidado, no estoy afirmando que las connotaciones sexuales estén claramente expuestas, pero sí que hay una sensualidad nada desdeñable entre Peter y la Wendy que encarna Rachel Hurd Wood.

A éstas dos habría que añadir otro par que, a mi parecer, resultan las más interesantes del filme. De una parte, la íntima relación que existe entre Nunca Jamás y el ánimo o presencia de Peter, una precisión que apunta a la posibilidad de que esa isla en la que todo es juego y nunca se envejece es producto directo de los deseos y anhelos del niño que es su habitante más conocido. De la otra, lo que vemos sobre el Capitán Garfio —soberbio, como siempre, Jason Isaacs en su doble papel herencia de la versión teatralizada de la novela— y la envidia que el solitario adulto tiene hacia el afecto que se profesan los dos protagonistas infantiles.

Peter Pan, la gran aventura‘, satisfactoria aventura

Peter Pan 2

Más allá de lo que ‘Peter Pan, la gran aventura‘ puede llegar a ofrecer al público adulto —huelga decir que es al que van dirigidas esas reflexiones de las que acabamos de hablar— lo que realmente llama la atención del filme es, por supuesto, lo que éste desarrolla en su vertiente de aventuras y fantasía. Y aquí también hay que aplaudir las decisiones tomadas por Hogan y el equipo técnico, el primero por ofrecer una realización concisa que aprovecha los efectos digitales sin dejar que éstos tomen el control de la acción; los segundos porque la combinación de trucajes físicos y por ordenador unidos a un espléndido diseño de producción dan como resultado un filme lleno de instantes de gran belleza.

De entre ellos me quedaría con el primer vuelo sobre Londres —puntualizado por el mejor tema musical compuesto por James Newton Howard en un score de brillante factura general—, con lo tenebroso de la secuencia en el castillo y con el precioso lirismo que se deriva de aquella en la que Peter y Wendy bailan en el aire después de haber observado a las hadas, una secuencia ésta última de gran relevancia en el devenir de la acción por cuanto es en ella dónde de forma precisa se muestran las lecturas a las que antes hacia referencia.

Apuntaría quizás al irregular protagonismo de Olivia Williams y de Lynn Redgrave así como a lo poco creíble del loro animatrónico de Garfio como instantes que restan efectividad a un conjunto capaz de convencer por igual a chavales y adultos y que, a la sazón, sirve de perfecto complemento a la visión bastante más almibarada de la historia de Barrie que ofrecía la cinta de animación de Disney. Dos visiones más que válidas sobre un mismo relato que dudo mucho encuentre algún punto de interés en el ‘Pan’ que a partir de hoy podremos ver en los cines.