Cine en el salón: ‘Sinister’, más que miedo, mal rollo

Con la tremenda abundancia de propuestas de terror de susto fácil que de un tiempo a esta parte vienen copando el género, cada vez resulta más complicado ...
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Con la tremenda abundancia de propuestas de terror de susto fácil que de un tiempo a esta parte vienen copando el género, cada vez resulta más complicado encontrar un filme que meta el miedo en el cuerpo…de verdad. Reimplementaciones de ideas previas, revisitaciones de lugares comunes o fusilamientos indiscriminados de trillados arquetipos, son trabas que una y otra vez vamos encontrando en las producciones del género. Es por ello, que cuando una se escapa de esas aguas cenagosas y ofrece algo de originalidad, muchos la abrazamos como si fuese agua de mayo cuando, en realidad, no es más que la misma golosina de siempre con un bonito y llamativo envoltorio.

Y eso es lo que, creo, ocurría hace tres años con Sinister (id, Scott Derrickson, 2012), una cinta sobre la que mucho se cacareó y que, sí, tiene buenas ideas, pero no son más que iteraciones sobre otras ya visitadas en anteriores producciones del género rodadas de forma muy efectiva y protagonizadas por un muy convincente intérprete principal. No hay más. Y aunque así es, la forma de producir de Jason Blum, que financió la cinta con tres millones de dólares, casi venía a garantizar a priori el éxito de la misma y la inevitable secuela que llega hoy a nuestras pantallas para intentar competir —ilusa ella— con el nuevo Bond de Sam Mendes y Daniel Craig.

Sinister‘, los niños, siempre los niños

Sinister 1

Sinister 1

Utilizar a los más pequeños de la casa bien como sufridores de los males que desencadenan el terror, bien como artífices inconscientes de los mismos, ha sido una constante tan abrumadora en el cine del género que nombrar aquí siquiera un reducido puñado de títulos sería perder el tiempo. Valga pues tener en cuenta que Scott Derrickson y C. Robert Cargill ni inventan la rueda —ni siquiera la reinventan— con el guión de ‘Sinister‘, y que como mucho, lo que cabría valorar es que aunque tiren de referencias mil, lo hacen con la suficiente habilidad como para componer una historia capaz de enganchar al público desde esa primera e inquietante secuencia hasta su más que previsible final.

Las casi dos horas que quedan entre ambos extremos se sustentan, como digo, en la habilidad de director y co-guionista en mantener un ritmo pausado y enervante puntuado por instantes en los que en virtud de un rápido giro de cámara, un montaje algo más intenso y un golpe de fuerza sonora en la despersonalizada partitura de Christopher Young —¿dónde estará el compositor que puso sonido al miedo con ‘Hellraiser’ (id, Clive Barker, 1987)— se consigue, por supuesto, arrancar desgañitados gritos del respetable. Efectivo, no cabe duda, pero nada original.

Es de hecho a Ethan Hawke al que más tendrían que agradecerle Blum y Derrickson el que la cinta consiga romper aquí y allá la coraza que cualquiera de los que solemos consumir filmes de terror hemos terminado por levantar para que la decepción con los mismos no sea la tónica reinante: la validez y veracidad del trabajo del actor, que sabe como poner expresión ante el horror y hacerlo de manera que resulte creíble, es lo que realmente provoca la implicación última del espectador, por mínima que ésta pueda ser.

Sinister 2

Sinister 2

Todo lo demás, envuelto en un correcto nivel de producción que en ningún momento parece haber sido respaldado con tan escueto presupuesto, es intentar rascar sobre vacío. La capacidad de sorprender, la verdadera capacidad de sorprender, no la de dar sobresaltos intermitentes, se queda fuera de la función cuando resulta tan evidente hacia dónde ésta se dirige y quiénes son los artífices de los truculentos crímenes que se convierten en la obsesión del escritor al que da vida Hawke. Es más, quiero creer que si la vertiente más fantástica del relato hubiera sido más sutil, ‘Sinister‘ habría funcionado bastante mejor de lo que lo hace.

No en vano, la presencia de ese hombre del saco que es el demonio Bughuul, está tan vista y tenía un precedente tan directo en la primera entrega de ‘Insidious’ (id, James Wan, 2010), que de haberse eliminado de la ecuación, dejando una explicación mucho más vaga y sustentada por la imaginación de los que nos sentamos a éste lado de la pantalla detrás de los asesinatos que mueven la trama, ‘Sinister‘ habría conseguido sumar varios enteros que la apartaran de la calificación de mero entretenimiento olvidable a la que termina accediendo. Y adelanto, aunque no sé si iré a verla para corroborarlo, que su secuela no va a conseguir ni eso.

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