Cine en el salón: ‘The Fall. El sueño de Alexandria’, la belleza

Ayer tarde hacíamos lo propio con ‘Up’ (id, Pete Docter y Bob Peterson, 2008) y su clara cualidad de anticipo de la que ya decía en las ...
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The Fall Poster

Ayer tarde hacíamos lo propio con ‘Up’ (id, Pete Docter y Bob Peterson, 2008) y su clara cualidad de anticipo de la que ya decía en las primeras líneas del texto que consideraba la película del verano. Y esta mañana, completando la mirada que hacemos de forma semanal a los estrenos de cartelera desde Cine en el salón, os proponemos acercarnos al segundo y mejor filme hasta el momento en la trayectoria de ese irregular cineasta de origen indio que es Tarsem Singh.

Una trayectoria que con el estreno hoy de ‘Eternal’ (id, Tarsem Singh, 2015) alcanza su quinta acotación en el lapso de tiempo de la década y media que ha transcurrido desde que, dejando atrás el mundo de los videoclips en el que se había hecho famoso gracias a la mítica ‘Losing my religion’ de R.E.M, el director accediera a la gran pantalla merced a ese extraño experimento con guión de Mark Protosevich que fue ‘La celda’ (‘The Cell’, 2000). Un filme éste que en principio iba a ser el que hoy hubiéramos revisado pero que, sinceramente, no me apetecía volver a ver tanto como si lo hacía el bello cuento que es The Fall. El sueño de Alexandria (‘The Fall‘, 2006).

La cojera del guión

The Fall 1

Quizás sea la propuesta del cineasta a la que menos fallas podrían achacársele desde el punto de vista argumental —una disquisición sobre la que volveremos en breve— pero eso no es suficiente para que ‘The Fall‘ termine separándose drásticamente de la peor tara y la mayor virtud que han acusado los filmes de Tarsem hasta el momento. Y es que parece que el indio tiene un don para elegir producciones que se apoyen en un guión que normalmente funciona —cuando lo hace— a intervalos muy dispersos pero que, a la hora de encontrar traslación en imágenes, queda convertido en una obra de belleza plástica asombrosa.

Pasó con la citada ‘La celda’, un thriller de limitado interés del que el recuerdo cinematográfico sólo guarda lo fascinante del viaje a la torturada mente del psicópata interpretado por Vincent D’Onofrio. Pasó con ‘Immortals’ (id, 2011), acaso lo peor del cuarteto dirigido por Singh y un filme completamente prescindible sino fuera por la épica que destilaban las imágenes de la actualización del mito de Teseo. Y ocurrió igualmente con ‘Blancanieves (Mirror, Mirror)’ (‘Mirror Mirror’, 2012) una chorrada capital que daba otra vuelta de tuerca al cuento popular hecho famoso por la versión de los hermanos Grimm.

The Fall 2

Como decía, ‘The Fall‘ no acusa de forma tan exacerbada como las otras producciones de Singh las obvias carencias del guión. Y no lo hace por razones que van atañen a dos motivos. Uno, la construcción de cuento dentro del cuento que ya es la película; un cuento narrado por un especialista en los albores del cine que, convaleciente en un hospital y con el corazón roto de desamor, encontrará en una niña el receptor perfecto de un relato que mucho tiene de exorcismo de demonios personales y poco de “cuento de hadas” en el sentido más amplio que se le quiera buscar a la expresión.

Y dos, y más importante, que en el fondo, tras toda la apabullante parafernalia visual, la vaguedad del avance de la trama en ciertos momentos y lo sobreactuado de algunos de los personajes, subyazca un sentido homenaje al séptimo arte por mano de la figura del actor interpretado con efectividad por Lee Pace —sí, el Ronan de ‘Guardianes de la galaxia’ (‘Guardians of the Galaxy’, James Gunn, 2014)— y esa profesión tan arriesgada como imprescindible dentro de la industria del cine que, desde sus comienzos, han sido los dobles de escenas de riesgo.

The Fall. El sueño de Alexandria‘, arrebatadora

The Fall 3

Acompañando a Pace, encontramos a una encantadora niña llamada Catinca Untaru que, con sólo ocho años, se las apaña para robar, no ya la totalidad de las escenas en las que aparece gracias a su frescura y desparpajo, sino el corazón del espectador por la inmensa ternura que la acompaña y que la aparta de la irritante presencia que muchas veces supone un intérprete infantil en una película destinada al público adulto.

Es además el personaje que ella encarna —la Alexandria del título— el que Sighn utiliza como punto de apoyo para escindir en dos el talante visual de la producción, un ejercicio similar al que realizara en su ópera prima pero que aquí queda puesto al servicio de una historia con mucho más candor que la protagonizada por Jennifer Lopez. Así, de una parte tenemos todo lo que transcurre en los fríos pasillos y salas del hospital en el que están ingresados los protagonistas y, de la otra, aquello que Alexandria imagina cuando Roy Walker, el personaje de Pace, comienza su narración.

The Fall 4

Es en esos momentos, que tan bien saben capturar la esencia misma de los cuentos, donde ‘The Fall‘ se hace más espectacular ante nuestros ojos, ya por la acción directa de la saturada fotografía de Colin Watkinson, ya por un diseño de producción alucinante que saca partido increíble a los paisajes naturales de India, Indonesia, Argentina, Chile, Italia, Namibia o Nepal —y alguna localización me dejo— en los que se ruedan las aventuras del grupo de héroes inventado por el convaleciente protagonista.

Sumándose a la virtuosa elección de los escenarios, la milimétrica planificación de Singh y la composición que hace de planos tratándolos como hechos pictóricos únicos, provoca que nos encontremos durante el metraje con estampas de una belleza extrema y transiciones especialmente brillantes —aquella que pasa del rostro de un personaje a sus rasgos diferenciadores plasmados en el paisaje— .

Queda así un conjunto que, de acuerdo, habría brillado con mucha más intensidad de haber contado con un guión a la altura de su personalidad visual pero eso no quita para que ‘The Fall‘ se alce como el mejor ejemplo de las formas de un director poseedor de una mirada única que, mucho más que otros coetáneos suyos, es un visionario del séptimo arte.