Cine para una noche de verano | ‘Summer Camp’

Hace unos días os hablábamos sobre ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ de Guillaume Canet, un drama sobre la amistad a orillas del Atlántico. ...
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Hace unos días os hablábamos sobre ‘Pequeñas mentiras sin importancia’ de Guillaume Canet, un drama sobre la amistad a orillas del Atlántico. No nos gustaría dejar de lado el tema, el de la importancia de la amistad en nuestro ciclo de cine veraniego y el lugar ideal para hacer amigos durante los meses estivales: los campamentos estivales. Aunque Summer Camp‘ (2015) de Alberto Marini, las amistades no se hacen de manera habitual, si no combatiendo sus transformaciones monstruosas.

Summer Camp es la ópera prima del hasta ahora guionista Alberto Marini. Italiano de nacimiento pero afincado en España desde hace años, Marini es el reponsable de algunos de los títulos de género más destacables de los últimos años: ‘Mientras duermes’ (Jaume Balagueró, 2011), ‘Extinction’ (Miguel Ángel Vivas, 2015) o ‘El desconocido’ (Dani de la Torre, 2015). Con Summer Camp‘, Marini se acerca -y con nota- al género de de terror con cierto toque nostálgico al cine de los 90.

Campamento infeccioso

Summercamp4

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Es cierto que la que escribe nunca ha sido muy fanática que el género que nos ocupa -y sigo sin serlo-, el terror, por lo que disculpen mi falta de grandes referencias y lo coja que puede quedar mi reseñar al respecto. Pero quizás por ello, que Summer Camp haya conseguido que la vea de principio a fin, soltando alguna que otra carcajada por los sustos, tiene más mérito, o al menos a mis ojos. La premisa que nos propone Alberto Marini no podía sere más clásica: dos chicos y dos chicas, de noche, en un caserío en medio del monte y con una misteriosa infección.

Así, en Summer Camp, cuatro jóvenes -tres de ellos estadounidenses y un español- se apuntan como monitores de un campamento de verano en el norte de España, en búsqueda de diversión y nuevas experiencias. La noche anterior a la llegada de los niños y sin motivo aparente, comienzan a atacarse furiosamente entre ellos. Algo les convierte temporalmente en seres totalmente enloquecidos. Para sobrevivir sólo tendrán una opción: encontrar el origen de la infección que les convierte en monstruos y les permita acabar con la terrible pesadilla.

Summercamp1

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Pero no es precisamente su premisa lo que hace atractivo a Summer Camp, sino su trepidante ritmo. La cinta no da tregua y quizás ayude, que la acción se centre en tan sólo 4 protagonistas y en descifrar quién será el siguiente en ser infectado -aunque esto es ciertamente previsible, toda la cinta lo es-. Siempre están pasando cosas, casi sin respiro, como debería ser cualquier película de esta índole.

Y es que ya en la primera secuencia de la cinta sus protagonistas corren, con los ojos vendados por el monte mientras el otro les guía. “Es un juego de confianza”, dicen, para enseñarle a los niños que inundarán el lugar al día siguiente, pero será la lección que deberán aprender -o no-, ellos mismos pocas horas después.

Al final, el juego de la confianza y el de la amistad es al que juega Marini en su ópera prima. ¿En quién confiar? ¿Quién está dispuesto a hacer cualquier cosa, aunque ello suponga que tu vida corra en peligro, para evitar que la infección se propague? ¿Mi vida o la suya? Toda una serie de preguntas que se plantean los protagonistas de ‘Summer Camp‘ y que, en cierta forma, se trasladan al espectador.

El engaño

Summercamp2

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Pero así como la odisea de estos cuatro jóvenes gira en torno a descubrir cómo se propaga la infección que les convierte en monstruos utilizando la confianza como eje central, la forma narrativa y estructural de la película gira en torno al engaño, a engañar al espectador. A eso de: “parece que va a pasar algo, pero no y cuando te has relajado, pasa”. Una táctica efectiva las primeras veces, pero que después el espectador -obviamente-, se ve venir aniquilando la sorpresa.

Un “engaño” que sus cuatro protagonistas saben llevar bastante bien. De hecho, el reparto de Summer Camp, nos recuerda -por ser jóvenes, guapos y aparentemente ingenuos- a los de películas de terror adolescente como ‘Scream’ (Wes Craven, 1996). Prácticamente desconocidos en nuestro país, el reparto compuesto por el mexicano Diego Boneta, las estadounidenses Jocelin Donahue y Maiara Walsh y Andrés Velencoso -bueno, a este si le conocemos-, los cuatro se complementan y hacen un buen trabajo, a pesar de que la cinta no se centre en el lucimiento de sus actores.

Sin duda, Summer Camp es entretenimiento puro. Dejando de lado gustos personales en cuanto al género se refiere, la cinta consigue enganchar y que el espectador entre en su juego del engaño y a pesar de su previsibilidad -¿acaso no lo son casi todas las películas similares?-, se convierte en más que digna cinta para disfrutar en las calurosas noches veraniegas. ¡Disfrútenla!