Cómic en cine: ‘Persépolis’, de Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi

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Persepolis Ppal

A lo largo de este especial, que ha estado copado de forma más que evidente en las noventa entradas por las que ya hemos discurrido por el cómic estadounidense, las pocas ocasiones en las que nos hemos detenido en lo que el viejo mundo ha sido capaz de llevar a la gran pantalla procedente del mundo de las viñetas, las connotaciones que dichas aproximaciones han comportado han sido generalmente inanes y puntualmente amargas, no pudiendo destacar de todo lo comentado más que lo hilarante de las aventuras animadas de ciertos galos irreductibles.

Y aunque todavía nos queden algo menos de cincuenta títulos por repasar antes de dar por concluido tan extenso recorrido por el mundo del cómic en el cine, se os puede adelantar que de las menos de quince producciones europeas que forman parte de este tramo final, sólo una ha conseguido despuntar de forma sobresaliente como la que mejor ha sabido aproximarse al producto original, separándose al tiempo lo suficiente del mismo como para ser considerada una obra de arte única dentro de su disciplina. Nos referimos, cómo no, a esta ‘Persépolis’ (‘Persepolis’, Vincent Paronnaud y Marjane Satrapi, 2007).

‘Persépolis’, el cómic

Persepolis Comic

Publicada originalmente en el país vecino por L’Association en cuatro volúmenes entre el año 2000 y el 2003 —volúmenes que después han sido reeditados ya en dos tomos, ya en un único recopilatorio—, el ‘Persépolis’ de Marjane Satrapi bebe directamente de la fuerte influencia que sobre la artista iraní ejerció en su momento el gran David B., uno de los fundadores de la citada editorial, para alzarse sin muchos problemas como uno de los mejores cómics autobiográficos que hayan sido publicados dentro del saturado tejido del mundo tebeístico francobelga.

Pero si bien la sombra de ‘El gran mal’ —la obra maestra de David B. y un cómic de esos que es peregrinaje obligado para cualquier amante del noveno arte— planea de forma ostensible sobre las páginas de ‘Persepolis’ tanto en el talante autobiográfico del sobresaliente trabajo de Satrapi como en la determinación gráfica del mismo, las páginas de este acercamiento sincero y ejemplar a un sesgo de la historia de Irán a través de los ojos de una niña se postula en términos mucho más asequibles para el lector que la complejidad que en no pocas ocasiones dimanaba de las páginas de ‘El gran mal’.

Ahora bien, valorar los méritos —muchos— y deméritos —inexistentes— de ‘Persépolis’ comparándola con ‘El gran mal’ es decir muy poco de un cómic superlativo que en su dolorosa y muchas veces trágica honestidad, en la engañosa simplicidad de su trazo, en la soberbia fuerza de su narrativa y en la precisa mezcla que efectúa entre humor, drama y crónica historicista encuentra motivos más que suficientes para haber sido calificado como uno de los mejores tebeos publicados en lo que llevamos de siglo. Un título más que merecido que, además, quedaba puesto en valor tras el estreno de su adaptación cinematográfica.

‘Persépolis’, ejemplar traslación

Persepolis 1

La traducción al mundo de la animación de ‘Persépolis’ no era tarea sencilla por cuanto la estructura episódica del tebeo y lo mucho que Satrapi lograba incluir en sus más de trescientas páginas marcaban tanto la idiosincrasia de lo que la autora iraní narraba que su traslado a 24 fotogramas por segundo podía haberse convertido en un desastre completamente desprovisto de personalidad como tantos otros de esos que hemos tenido el infortunio de ver en una pantalla de cine. Afortunadamente, como decía al comienzo, no es este el caso de una cinta que toma lo mejor de ambos mundos y consigue, en un ejercicio de fusión perfecta, regalarnos un filme redondo de principio a fin.

Una de las mayores y más obvias virtudes de ‘Persépolis’, el cómic, era lo personal del trazo de Satrapi y el hecho de, como ya hiciera David B. en ‘El gran mal’, caracterizar su obra con un austero blanco y negro que terminaba jugando sobremanera en favor de que la historia llegara al espectador sin la distracción del color. Todas esas cualidades que podíamos encontrar en el formato impreso son llevadas con mimo al celuloide, encontrando aquí tanto la animación monocroma —puntualizada por el uso del color en ciertos momentos— como una caracterización de personajes que, bebiendo de las viñetas de la artista, se separa ligeramente de ellas.

Esta separación, que va encaminada a aportar ese algo más de personalidad que la producción cinematográfica encierra al ser comparada con el cómic, es mucho más ostensible cuando nos acercamos al guión firmado por Paronnaud: muchas son las decisiones que aquí habría que aplaudirle al cineasta francés por la espléndida personalidad que logra conferir al producto final; unas decisiones que no siempre van encaminadas a apartarse de las páginas originales pero que, cuando así lo hacen, denotan un perfecto conocimiento de las muchas y muy diversas necesidades que separan a ambas disciplinas artísticas.

Persepolis 2

Con el respeto por la voz en off de la “protagonista” como máximo valor en común entre viñetas y fotogramas, es en la reconversión de la complejidad que encierran aquellas a una linealidad más asumible por el gran público donde ‘Persépolis’ encuentra sus mejores armas y, sin duda alguna, la virtud que más la separa de la fuente de la que brota: aún contando con inevitables saltos temporales —más que nada porque la historia cubre un periodo considerable de la vida de la autora— los engranajes que encajan el devenir del metraje de la cinta pertenecen inequívocamente al séptimo arte.

A esta ejemplar cualidad vienen a unirse el trabajo vocal de los intérpretes originales —espléndidas las dos elegidas para encarnar las dos edades de Marjane—, una partitura original de Olivier Bernet que se alterna con una estupenda selección musical y, centrándonos en el filme per se, el genial equilibrio entre los diferentes géneros que en él se dan la mano y el fuerte sentimiento que se deriva de los momentos de mayor carga e intensidad dramática, destacando entre todos ellos, como ya lo hacía en el cómic, la muerte de uno de los familiares de la autora y la congoja que acompaña a la primera despedida de su familia.

Nominada al Oscar a la Mejor Película de Animación —premio que se llevó a casa la magistral ‘Ratatouille’ (id, Brad Bird, 2007)— y acreedora de 29 galardones entre los que se cuentan el del Jurado de Cannes o dos César, ‘Persépolis’ es, de nuevo, un prodigio cinematográfico que deja claro que la complejidad de trasladar un cómic a la gran pantalla y hacerlo con la personalidad suficiente no es una empresa imposible, sólo hace falta mimo, algo de talento y conocer de forma íntima tanto lo que acerca al cine y al cómic como, sobre todo, aquello que separa a tan distintos mundos creativos.

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