Cómic en cine: ‘Punisher: War Zone’, de Lexi Alexander

Hay quien podría pensar que después de dos intentos que quedaron en nada y poco respectivamente, esta tercera producción cinematográfica centrada en Frank ...
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Punisher War Zone Poster

Hay quien podría pensar que después de dos intentos que quedaron en nada y poco respectivamente, esta tercera producción cinematográfica centrada en Frank Castle se haría fuerte en ese dicho de “a la tercera va la vencida”. Hay quien podría pensarlo, y se equivocaría de principio a fin. Y es que, tras tener que transitar por las cintas protagonizadas por Dolph Lundgren y Thomas Jane, este tercer Castigador interpretado por Ray Stevenson y dirigido por Lexi Alexander termina ofreciendo un espectáculo tan irregular como sus antecesores, coqueteando descaradamente con el desastre y el ridículo en no pocas ocasiones.

Basado su título en una cabecera que Marvel publicó entre 1992 y 1995 —que en en nuestro país se tituló ‘Diario de guerra’ y en la que figuraron dibujantes tan “poco” conocidos de este mundillo como Jim Lee o John Romita Jr.Punisher: War Zone (id, Lexi Alexander, 2008) es la demostración palpable y definitiva —ya que al parecer las otras dos no lo habían sido ya— de que este justiciero que lucha contra el crimen buscando una sempiterna y esquiva venganza por la muerte de su familia está muy, pero muy lejos de ser un personaje que funcione en la gran pantalla como sí lo hacen otros muchos de la cosmología de La Casa de las Ideas.

Punisher: War Zone‘, bordeando la vergüenza ajena

Punisher War Zone 1

Ya existentes desde momentos previos a que se supiera si ‘El castigador’ (‘Punisher‘, Jonathan Heinsleigh, 2004) iba a funcionar o no en taquilla y a nivel crítico, los intereses de Lionsgate por poner en pie una primera secuela de lo que podría ser potencial franquicia cinematográfica se aunaron con las ganas de Heinsleigh de volver a ponerse detrás del objetivo y de Thomas Jane de encarnar de nuevo a su hierática versión de Frank Castle. Y fueron esos intereses los que durante tres años movieron una producción que nunca llegaba a cuajar, ya porque el guión no terminaba de convencer a ninguno de los implicados, ya porque, eventualmente, director y actor se terminarían bajando del carro.

Fue con la deserción de Thomas Jane, y tras la tentativa de John Dahl de convertirse en director de la secuela —algo que no cuajó debido a que el cineasta consideraba que poco se podía hacer con el guión existente y el presupuesto previsto para el filme— que Lexi Alexander fue nombrada oficialmente como la responsable de filmar una producción que abandonaba su carácter de secuela para convertirse en una suerte de reboot protagonizado por Ray Stevenson, a priori una elección bastante más acertada que la de Thomas Jane para el vengador de la calavera.

Visto lo visto, más le hubiera valido a Marvel, a ese desaparecido sello para adultos de la editorial que fue Marvel Knights —que albergó a espléndidas cabeceras como los ‘Daredevil’ de Kevin Smith y Joe Quesada, Brian Michael Bendis y Alex Maalev o el ‘Punisher‘ de Garth Ennis y Steve Dillon— y a Lionsgate haberse dado cuenta de que lo que tenían entre manos era otro desastre en potencia en el que lo único que iba a terminar funcionando era, de una parte, el sentido hiperviolento que Alexander terminaría aportando a las secuencias de acción y, por la otra, la elección de Stevenson, un Frank Castle mucho más cercano a los cómics que cualquiera de sus dos predecesores.

Punisher War Zone 2

Lamentablemente, ambas cualidades, por muy sólidas que puedan llegar a ser —y tampoco lo son tanto— no llegan a suponer una distracción que justifique de forma eficaz poder ignorar las grandes carencias de una producción que pasa de puntillas —eufemismo— por la definición de todos y cada uno de sus personajes; que hilvana las contadas secuencias de tiros y masacres con un argumento endeble y sin interés que parece sacado del fondo del último cajón de “ideas para una película policíaca”; que cuenta con los dos peores villanos que se han podido ver en una adaptación de cómics —atención a como se fusila aquí de forma indiscriminada al Joker y a Hannibal Lecter— y que, en última instancia, interesa tanto como un puntapié en las gónadas.

Con todos esos argumentos en contra, es normal que la cinta fuera vapuleada por la taquilla —recaudando a nivel mundial 10.1 millones de dólares que ni se acercaban a los 35 de presupuesto—, por la crítica y por todos aquellos aficionados que tuvimos que soportar contemplar —una vez más— cómo un gran personaje de las viñetas era arrastrado por el lodo en su paso al celuloide. Con sus derechos de traslación devueltos a Marvel en 2011, lo que servidor espera del futuro de Castle es que, por favor, no volvamos a verlo en un cine. ¿Alguien ha dicho Netflix?…

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