Cómic en cine: ‘The Spirit’, de Frank Miller

Los cómics que leía cuando era niño eran todos de tipos con mallas. Pero había uno que llevaba un fedora. Luchaba contra el crimen como hacían los de ...
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The Spirit Poster

Los cómics que leía cuando era niño eran todos de tipos con mallas. Pero había uno que llevaba un fedora. Luchaba contra el crimen como hacían los de Marvel y DC, pero en el mundo real. Justo había cumplido 12 años cuando descubrí a Spirit y fue una extraña coincidencia: al mismo tiempo descubrí a las chicas y me desenamoré de los tipos con mallas. Frank Miller

Bajo la contundencia que ocultan las líneas anteriores y a sabiendas tanto de la gran amistad que lo unía con el desaparecido Will Eisner como de la gran personalidad que siempre ha demostrado poseer, uno se inclinaría a pensar que pocos autores habían tan adecuados en el mundo de la narrativa visual como Frank Miller para llevar a la gran pantalla las aventuras de The Spirit. Lamentablemente, tal hilo de pensamiento sería un error garrafal ya que hoy estamos, casi seguro, ante la PEOR película que ha llevado a la gran pantalla un cómic y, muy probablemente, delante de uno de los peores filmes que hemos podido ver en lo que llevamos de siglo.

Y esto no ha hecho más que empezar…

The Spirit‘, la obra maestra de Will Eisner

The Spirit Comic 1

Como el propio autor narra en las últimas páginas de The Dreamer’ —una de sus muchas y muy grandiosas novelas gráficas—, la oportunidad de abandonar el próspero estudio en el que había dado sus primeros pasos para pasar a dibujar una historia semanal que sería publicada en los periódicos —llegando así a muchos más lectores que los de los cómics de la época y, sobre todo, mucho más cultos— le surge a finales de la década de los treinta, concretamente en 1939, año en que Eisner firma un contrato con Everett Arnold para la formación de un nuevo estudio al margen del que el autor ya tenía con Jerry Iger.

Dicho estudio se pone al servicio de la creación de historias que por un lado serán para Quality Comics —una de las editoriales del momento—, y por el otro irán a parar a un suplemento de cómics incluido en ciertos diarios. Poco puede imaginar un jovencísimo Will Eisner, que por aquél entonces sólo cuenta con veintidós años de edad, que la arriesgada decisión de abandonar Eisner & Iger cambiará su vida y la historia del noveno arte para siempre —y no, esto no es ninguna licencia de este redactor ni, mucho menos, una exageración para captar vuestra atención—.

2 de Junio de 1940, una fecha para el recuerdo. Aparece la primera historia de ‘The Spirit‘. El origen del personaje es de sobra conocido por cualquier aficionado al cómic yanqui: Denny Colt es un detective dado por muerto, una situación que aprovechará para combatir el crimen desde el cementerio de Wildwood con una nueva identidad y oculto tras un simple antifaz. Un comienzo sencillo para un personaje que ya en su primera incursión cuenta con una galería de secundarios que se mantendrán con él hasta el final. El comisario Dolan, que se verá obligado a salvaguardar la identidad del héroe de forma continua; su hija Ellen, la eterna enamorada de Spirit y una mujer de armas tomar y Ebony White, el controvertido ayudante del héroe debido a su origen afro-americano.

The Spirit Comic 2

En los dos años que pasan entre su primera aparición hasta que Eisner es llamado a filas en Mayo del 42, el dibujo del artista sufrirá una constante aunque en principio lenta evolución. Ya desde las primeras entregas —o secciones, como se les llama en inglés— se nota la pugna del dibujante por librarse del constreñimiento provocado por la forma de trabajar a la que estaba acostumbrado en el estudio —con esas páginas pre-aviñetadas— y el firme deseo de incurrir en nuevas formas narrativas que rompan dichos cerrados esquemas.

Esta pugna es ya apreciable en la historia que relata el origen del personaje, donde Eisner introduce viñetas oblicuas y circulares que rompen la monotonía del rectángulo, contando también desde el comienzo con las características cabeceras a toda página que jugando con el título de la serie, se terminarían convirtiendo en su seña de indentidad más reconocible y plagiada y que, de forma singular, mejor llaman la atención sobre los experimentos a los que el artista estadounidense siempre sometió a su arte y, por ende, a su forma de contar historias.

Además, el artista de estos comienzos no es ni de lejos el que después tanto llegaremos a admirar, y aunque en su forma de narrar ya se atisban los rasgos que potenciará en el futuro, su dibujo dista mucho de atesorar la plasticidad que después tendrá y carece de una correcta proporción anatómica, siendo sus figuras demasiado estilizadas. Con todo un potencial por desarrollar, será en Junio de 1941 cuando Eisner nos regale por primera vez una muestra clara de lo que ‘The Spirit‘ llegará a ser. Bajo el título ‘Killer McNoby’, el dibujante rompe toda estructura tradicional de cómic, prescindiendo de viñetas para realmente ilustrar un relato escrito, en una historia claramente precursora de lo que después será la novela gráfica.

The Spirit Comic 3

El lanzamiento de la tira diaria en Octubre de 1941 habla por si sólo acerca de la inmensa popularidad que el personaje ha alcanzado en tan sólo año y pocos meses, en un espacio que se aprovecharía para relatar historias fuera de continuidad y que seguiría hasta Marzo del 44. Dos años antes de dicho cierre, como ya apuntábamos más arriba, Eisner es llamado a filas, permaneciendo en servicio activo hasta otoño del 45, con la contienda en Europa ya cerrada. Su regreso a la serie se produce en Diciembre de ese mismo año, y se deja notar. Con un estilo muy pulido —no obstante el artista dibujó durante sus años de servicio cómics de toda índole para el ejército— y cercano al más reconocible del autor, Eisner comienza a dar pasos de gigante en su creación, recuperando el control total sobre el personaje, que había seguido sin él gracias a su enorme cantidad de ayudantes.

Es evidente que resultaría una tarea gargantuesca —y un tedio de narices— si ahora pretendiéramos analizar de forma pormenorizada todos y cada uno de los logros de Eisner al frente de una colección en la que se mantendría durante siete años más de forma casi ininterrumpida. Baste decir que su reincorporación supondrá las apariciones de personajes tan míticos como el villano Octopus —al que nunca llegó a vérsele la cara— o las femmes fatales Satine y P’Gell, que tantos quebraderos de cabeza darán a nuestro héroe, y que, cada semana, Eisner se las apaña para sorprender al lector con historias frescas y tremendamente entretenidas en las que el artista da lo mejor de si mismo al tablero.

Viéndose obligado por sus contratos con el ejército a dejar cada vez más la colección en manos de sus ayudantes, Eisner decide que ‘Spirit‘ debe terminar, eligiendo para la despedida del personaje a un ayudante de lujo, un Wally Wood que, junto a Jules Feiffer —colaborador durante muchos años en la serie—, pergeñará un grand finale para la colección, la mítica serialización de Spirit en la Luna. Wood, que ya era un autor de reconocido prestigio por sus trabajos de ciencia-ficción para EC, lega a las generaciones futuras una de las mejores historias del personaje, fusionando en lo visual su característico estilo con el de Eisner a lo largo de diez agotadoras semanas en las que el artista compagina como puede el trabajo en Spirit con sus otros compromisos artísticos.

El 5 de Octubre de 1952 con la sección titulada Denny Colt, UFO Investigator, ‘The Spirit‘ toca a su fin. Atrás quedan doce años de historias geniales y momentos inolvidables que a través de los tomos primorosamente editados por DC —o Norma en nuestro país— tendremos la oportunidad de disfrutar durante los lustros por venir. En el tintero nos hemos dejado muchas cosas, lo sabemos, pero estamos ante una de esas raras ocasiones en que necesitaríamos mucho tiempo para poder cubrir todo lo que hay que decir sobre este pilar fundamental del noveno arte. En lugar de eso, creo que nunca os habré instado de forma tan enérgica a que leáis un cómic como hoy con ‘The Spirit‘, un tebeo por el que no pasan las décadas y que, sin duda alguna, es historia viva de esta expresión artística.

Un proyecto que se resistía

The Spirit 1

Resulta cuanto menos curioso que el primer interesado en llevar a la gran pantalla a Spirit fuera William Friedkin. El cineasta, que se había hecho con los derechos del personaje durante los 70, contacto con Eisner para que éste escribiera el guión de la potencial adaptación, pero el artista rechazó el ofrecimiento y derivó el mismo hacia Harlan Ellison quien escribiría un tratamiento inicial para un largometraje que finalmente quedaría en nada después de una discusión entre director y guionista. El proyecto se abandonó hasta que a mediados de los ochenta surgió otra oportunidad de esas que, vistas ahora, hacen la boca agua.

Los implicados en ella, Brad Bird, Jerry Rees y Gary Kurtz. La idea, producir una versión animada del personaje para la gran pantalla basándose en un guión que era alabado allí por donde pasaba. El problema, que ningún estudio supo ver la viabilidad del proyecto —¡¡¡por el amor de Dios, estamos hablando de Brad Bird. Si había alguien capaz de conseguir que ‘The Spirit‘ fuera un éxito ese era el responsable de ‘El gigante de hierro’ (‘The Iron Giant’, 1997)!!!— y éste cayó en el mismo olvido que la versión de Friedkin/Ellison.

Ya en los 90, sería Michael Uslan el que intentaría poner en pie una versión cinematográfica del personaje, pero las ideas que le llegaron fueron de todo menos adecuadas. Y así llegamos a mediados de la década pasada, cuando tras varios movimientos, en los que llegó a estar implicado Jeph Loeb, Uslan consiguió, tras denodados esfuerzos, convencer a Frank Miller para que fuera el responsable de la tarea, afirmando el guionista y dibujante que se utilizarían técnicas similares a las que se habían visto en la primera entrega de ‘Sin City’ (id, Robert Rodríguez y Frank Miller, 2005) y que su intención era “ser extremadamente fiel al corazón y el alma del material original”.

Lamentablemente, todos los que la padecimos en su estreno, sabemos en qué quedaron esas intenciones…

The Spirit‘, shame on you, Mr.Miller!!!

The Spirit 2

Lo único que podía pensar era “esto es demasiado grande, no voy a ser capaz de hacerlo”. Y lo rechacé. Como tres minutos después estaba en la puerta, me giré y dije, “nadie más puede tocar esto” y acepté allí mismo a llevar a cabo el trabajo.

Y así, para arrancar con buen pie, yo me pregunto, ¿por qué sr. Miller? ¿POR QUÉ?

Lo decía al comienzo y no está demás, tras tanto párrafo, reiterar la idea más clara que quiero transmitir acerca de The Spirit (id, Frank Miller, 2008): estamos, sí o sí, ante una película MALA con avaricia, un producto infumable que abraza con fuerza su condición de necedad supina y que hace esfuerzos denodados a lo largo de sus 103 minutos de duración para que se nos haga muy cuesta arriba el no rasgarnos las vestiduras, cortarnos las venas a pellizcos y salir despavoridos solicitando de inmediato ayuda psiquiátrica urgente. Y no, no exagero. Vosotros lo sabéis.

De la misma manera que afirmaba al final de la sección correspondiente al cómic que serían necesarias muchas líneas para dar buena y correcta cuenta de lo que ‘The Spirit‘ significa para el noveno arte, he de admitir que si quisiera diseccionar —aunque más que eso lo que apetece es descuartizarla, pero en fin— como se merece esta basura que Frank Miller intentó colarnos como adaptación de la inmortal obra de Will Eisner, requeriría de más espacio y tiempo del que estoy dispuesto a invertir en tamaño despropósito hecho cine. En su lugar, y haciendo un ejercicio de contención, sirvan los tres siguientes párrafos como condensada aproximación a tan horrible esperpento.

A ‘The Spirit‘, como suele decirse coloquialmente, “no hay por dónde cogerla”. Si es de los actores por donde queremos empezar a hablar, ni uno sólo de los que pululan por delante de la cámara de Miller lograría un aprobado raspado. Ahí están para demostrarlo los histrionismos y amaneramientos de Samuel L.Jackson, la incapacidad de Eva Mendes de que nos interesemos por algo más que su incuestionable belleza, lo molesto de la estúpida e insufrible intervención de nuestra Paz Vega, lo monocorde e inane de Gabriel Match y Sarah Paulson o lo extremadamente irritante de las iteraciones de Louis Lombardi.

The Spirit 3

Pero lo equivocado del nutrido grupo de actores no se debe tanto a su incapacidad interpretativa —aunque en algunos casos sea notoria— como al hecho de que el libreto que se les planta delante de las narices es, de la primera a la última letra, indefendible: con la vasta amplitud de tramas que podrían haber sido adaptadas directamente a la gran pantalla, la opción de Miller de inventarse una que NADA tiene que ver con el material de Eisner termina por violar desde todo ángulo posible al clásico del cómic hasta convertirlo en algo completamente irreconocible que, si acaso, se asemeja más a una versión chunga de ‘Sin City’ que al legendario personaje.

Y si el guión —y la extrema estulticia de esos diálogos— no fueran suficientes para amargarle la función al cinéfilo de mayor amplitud de miras, ahí está la dirección de Frank Miller para terminar de arreglarlo: calco de lo que Robert Rodríguez y él mismo habían puesto en pie en ‘Sin City’, que la oscuridad que vemos aquí es la antítesis de lo que Eisner plasmaba en sus viñetas es tan obvio como que aquél que nos hiciera vibrar con su visión de ‘Daredevil’ en las páginas del cómic no es capaz de trasladar su talento narrativo a 24 fotogramas por segundo, cosiéndose el metraje del filme de cualquier manera.

Y aquí lo voy a dejar, dije tres párrafos y tres párrafos han sido. No hay notas positivas —ni me he acordado de la olvidable partitura de David Newman— ni nimios aspectos que destacar de un conjunto que, no es que sea de usar y tirar, es que directamente habría que evitar usarlo a toda costa y enterrarlo bien enterrado bajo varias capas de hormigón. Decía antes que ‘The Spirit‘ es MALA, y ahora que lo pienso, quizás tan categórico epíteto se quede a mitad de camino de lo que se debería afirmar sobre una muestra tan bochornosa de lo que nunca se debería hacer cuando se rueda cine.

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