Cómic en cine: ‘Whiteout’, de Dominic Sena

Conocida en el mundillo por ser la casa que alojó a Bryan Lee O’Malley para que publicara su ‘Scott Pilgrim’ —un cómic cuya adaptación, ...
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Whiteout Ppal

Conocida en el mundillo por ser la casa que alojó a Bryan Lee O’Malley para que publicara su ‘Scott Pilgrim’ —un cómic cuya adaptación, de la que hablaremos en breve por estas líneas, se cuenta entre mis favoritas de todos los tiempos—, Oni Press es otra de esas “pequeñas” editoriales estadounidenses que completa el vasto panorama de publicación de tebeos al otro lado del charco y que, mes a mes, compite con el envite de las dos grandes con títulos que se alejan de lo trillado de las propuestas superheróicas de DC y Marvel.

Entre las muchas que los dieciocho años de recorrido del sello nos han dejado, destacan por méritos propios las que han contado con la autoría de uno de los guionistas más interesantes con que el cómic yanqui cuenta actualmente, un escritor que dio sus primeros pasos en las dos citadas majors y que en el seno de Oni ha publicado hasta la fecha tres cabeceras que le han reportado dos premios Eisner y el reconocimiento unánime como uno de los autores que mejor ha sabido tratar el género negro en viñetas. ¿Los títulos?: Whiteout, ‘Queen & Country’ y ‘Stumptown’. ¿El guionista? Greg Rucka

Whiteout‘, el cómic

Whiteout Comic

Si bien estas tres obras tienen como nexo común la negrura de sus argumentos, es la mencionada en primer lugar la que puede resultar más original o, al menos, más chocante y llamativa. ¿El motivo? Todo gira en torno a la investigación de un asesinato, parámetros bastante usuales en los cómics firmados por Rucka, sin embargo, en ‘Whiteout‘ tendremos la gélida Antártida como telón de fondo, un paraje bastante inusual donde el rojizo tono de la sangre estaba llamado a resaltar sobre el fulgurante blanco de la fría nieve.

De la marshall Carrie Stetko no se puede decir que tenga un carácter amigable. De temperamento bastante explosivo y talante aún mas hosco, la mujer desempeña su trabajo en el conocido “sexto continente” como castigo por ciertas acciones que forman parte de un turbulento pasado del que se nos irán aportando más datos gracias al uso de interesantísimos y muy bien insertados flashbacks. Una trama frenética en la que el crimen debe ser resuelto sin perder un solo instante ya que el posible asesino podría huir en algunos de los aviones destinados a transportar a los trabajadores de la base hasta “el Mundo Real”.

Rucka se maneja como nadie con estas historias en clave de thriller, un misterio que se va aclarando poco a poco, donde no faltan los giros inesperados y cuya protagonista, lejos de ser una superheroina todopoderosa, coquetea más de una vez con la muerte. Tal fue el éxito de esta miniserie que incluso hubo una segunda aventura, Whiteout: Melt’, de similar argumento y calidad pero lejos de la sorpresa que supuso la irrupción de sus primeras entregas.

Whiteout‘, innecesaria adaptación

Whiteout 1

La Carrie del cómic atizaría a la Carrie de la película detrás de las gradas, se reiría de ella en el Club de “Compartimos Nombre” y la enviaría a casa con su madre cojeando y gimoteando. Y no llegaría a sentir ni una pizca de arrepentimiento por hacerlo.

Con tan tajantes palabras, Greg Rucka dictaba sentencia con respecto al trabajo que Dominic Sena y la productora Dark Castle terminaban llevando a cabo con la adaptación de ‘Whiteout‘, un trabajo que, alabado inicialmente por el guionista por lo preciso de la traslación que sobre el papel iban a llevar a cabo cineasta y productora, terminó siendo arrastrado por el fango tanto por el responsable del cómic como por una crítica y un público que se unió para convertir a la cinta en una bomba para la taquilla.

Con sólo 17 millones de dólares recaudados a nivel mundial de los 35 con los que se financió el proyecto, afirmar que Whiteout (id, Dominic Sena, 2009) fue un absoluto fracaso es, más que nunca, un claro eufemismo incapaz de abarcar la totalidad del lamentable espectáculo ofrecido por los 100 minutos de proyección de esta historia situada en la Antártida durante una de esas tormentas de nieve que arrasan la superficie del continente de hielos eternos.

Whiteout 2

Y es que, por mucho que pudiera alabarse lo fidedigno de su condición hacia las viñetas de las que parte, si para algo sirve este thriller de la parte baja del montón es para demostrar que aquello que funciona en la página impresa, no tiene por qué hacerlo a 24 fotogramas por segundo y, en consecuencia, que esta obsesión por el noveno arte en que la industria cinematográfica se encuentra sumida actualmente debería recular unas cuantas posiciones para evitarnos disgustos como éste o los que veíamos de mano de ‘Dragonball evolution’ (id, James Wong, 2009) o ‘The Spirit’ (id, Frank Miller, 2008).

Curiosamente, ‘Whiteout‘ comparte con el esperpento orquestado por Frank Miller al protagonista principal de aquella, un Gabriel Match que aquí encarna con la misma incapacidad de convicción a un agente de Naciones Unidas que auxilia a Kate Beckinsale en su investigación. La incuestionable belleza de actriz —que no sus limitados recursos interpretativos— es lo único que agradecer a una cinta que discurre por terrenos tan explorados por el género que, incluso sin haber leído el cómic, anticiparse al devenir de la trama es harto sencillo.

Al peor mal que puede achacársele a una cinta de suspense vienen a unirse el resto de un elenco que es incapaz de levantar el interés, la poco agraciada dirección de Sena, que aquí se muestra más ineficaz que nunca o la menos inspirada partitura de John Frizzell, uno de esos compositores que nunca ha sabido aportar personalidad a las cintas para las que ha trabajado y que es exponente último del cúmulo de equivocadas decisiones que sitúan a ‘Whiteout‘ como un filme en el que lo olvidable, lo erróneo y lo infumable campan a sus anchas.