‘Del revés (Inside Out)’, emociona(te)

Risas. Risas de esas que, cuando menos lo esperas, se transforman en sonoras carcajadas —no se os ocurra salir de la sala sin ver unos créditos finales que ...
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Del Reves Poster

Risas. Risas de esas que, cuando menos lo esperas, se transforman en sonoras carcajadas —no se os ocurra salir de la sala sin ver unos créditos finales que quizás tengan el mejor chiste del filme—. Tensión. Una tensión que,en última instancia, hace que nos preocupemos por los destinos de todos los personajes sin excepción por muy escueta que sea su relevancia en el devenir de la trama. Lágrimas. Lágrimas que no hacen sino poner de relieve el preciso manejo que lo último de Pixar hace de los sentimientos del espectador.

Y es que, ante todo, ‘Del revés (Inside Out)’ (‘Inside Out’, Pete Docter y Ronaldo Del Carmen, 2015) es un filme que transmite una honda emoción y que, versando precisamente sobre ellas, sobre las emociones que nos hacen humanos, navega sin dificultad por conceptos harto complejos planteándolos con una sencillez extrema hasta tal punto que, en este sentido, se convierte de golpe en el título de los estudios que de forma más directa sabe llegar al corazón del respetable. Y eso, considerando todos los que la precedieron, es un logro que habla por si sólo de lo magistral de la que para servidor es, por el momento, la MEJOR película de 2015.

Hacer fácil lo imposible

Del Reves 1

¿Cómo explicar a un público cuyo rango de edad puede moverse entre los 6 y los 90 años algo tan abstracto como los sentimientos? ¿Cómo conseguir simplificarlos de manera que cualquiera pueda entender lo que la cinta quiere transmitir sin caer en el error de convertirlos en algo irreal? Es más ¿cuál sería la forma más acertada de plantear cómo éstos se hacen más y más complejos conforme nos hacemos mayores y dejamos atrás los extremos de la infancia? Todas estas preguntas —y algunas que otras más— encuentran solución bajo la premisa de partida sobre la que se sustenta ‘Del revés’.

Alegría, Tristeza, Ira, Miedo y Asco. Cinco conceptos básicos a los que inicialmente queda reducida la personalidad de un niño, son los protagonistas fundamentales de la historia de Riley, una niña que hasta sus once años sólo ha ido acumulando recuerdos mayoritariamente felices y que, debido a la mudanza a una nueva ciudad, comienza a sufrir un proceso de cambio que pondrá en crisis todo su mundo interior. Bajo este hilo conductor, Pete Docter y Ronaldo Del Carmen, autores de la historia, construyen todo un mundo alucinante que, sin lugar a dudas, es uno de los mayores logros de la cinta.

Del Reves 2

De hecho, más interesante que lo que ésta va destilando en la “vida real” —imprescindible por otra parte para poder servir de firme apoyo a lo que va narrándose sobre los sentimientos de la niña protagonista— es aquello que trasciende en el complejo mundo interior que los responsables del filme inventan para la ocasión. Un mundo lleno de colorido en el que se exploran, de forma directa o indirecta, la práctica totalidad de los términos que, unidos, conforman el todo de eso que llamamos personalidad y que, incluso, podríamos llegar a definir como alma.

Desde el pensamiento concreto al abstracto —atención a la escena en que Alegría, Tristeza y Bing Bong, el amigo imaginario de la infancia de Riley, sufren los efectos del mismo— no hay apunte que no trabaje en aras de completar esa imposible dualidad de perfección e imperfección que somos los humanos: dèjá vu, pensamiento imaginativo, subconsciente, olvido…todos ellos y muchos más tienen cabida en hora y media de metraje que es un portento narrativo sin par y que, al menos al que esto suscribe, resultó PERFECTO.

Del revés (Inside Out)’, lecciones de vida

Del Reves 3

Y ya no hablo sólo de la perfección en términos visuales —la animación vuelve a dejar claro quien es la REINA de todas las productoras del género en la actualidad— o en esos de mayestática narrativa que son un dechado de virtudes de principio a fin y que establecen nuevas cotas por las que medir la grandeza de las futuras incursiones de Pixar en la gran pantalla. No. Cuando hablo de perfección me refiero a que TODO en ‘Del revés’ —horrible título, por cierto— toca de lleno el concepto que es directo responsable de tachar a la cinta de Obra Maestra del séptimo arte.

De ritmo envidiable —mis acompañantes apuntaban a cierto bajón en el tramo intermedio que yo fui incapaz de percibir— hay tantos y tantos momentos en ‘Del revés’ que acuden en este instante en tropel a mi memoria, que me confieso incapaz, ya de ordenarlos, ya de destacar alguno de ellos sobre otros por su mayor o mejor protagonismo. Prefiero transmitir la impresión de que si se eliminara alguno de ellos, por muy liviano que fuera, la cinta comenzaría a carecer de instantes imprescindibles para su brillante funcionamiento.

Un funcionamiento que pasa, por supuesto, por lo delicado, ingenioso en orquestaciones y preciso en su acople a las imágenes que es el score de Michael Giacchino —cuarta composición que le escuchamos al músico en lo que llevamos de año al músico, ahí es nada—, una partitura que, en esencia, no es más que el resultado de un soberbio proceso de destilado de lo que la acción va dictando en cada momento sujeto a dos/tres motivos principales que afirman con rotundidad de dónde ha heredado el “joven” compositor gran parte de sus formas a la hora de sentarse frente a los pentagramas.

Del Reves 4

La música de Giacchino, responsable directa de esas lágrimas que se vierten en cierta secuencia fundamental del filme, se une al discurso sobre el proceso de maduración constante al que nos somete nuestra imprevisible existencia. Un proceso que, con todo su aparato lleno de colorido y humor, queda elocuentemente expuesto en el metraje en el proceso de transición en el que los sentimientos pasan de ser entes extremos que sólo entienden en blanco y negro a complejas cadenas que atienden a una infinita escala de grises…o las muchas combinaciones que podrían obtenerse de cinco colores.

Quizás sea cierto lo que comentaban el viernes unos amigos míos al afirmar que ‘Del revés’ es una película que toca de lleno el corazón en modos más intensos si eres padre. Una afirmación que no cuestiono por lo veraz de su contenido —durante la película ni mi esposa ni yo podíamos dejar de pensar en nuestra pequeñaja— pero que en ningún momento está reñida con la amplitud y universalidad del mensaje de una cinta que, ya lo decía antes, considero PERFECTA.

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