Dos dramas del Allen tardío

Reviso ‘Blue Jasmine’ (id, 2013) la fábula de crisis de Woody Allen. En su habitual cruzada contra Allen, Jonathan Rosenbaum escribe que es su ...
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Reviso ‘Blue Jasmine’ (id, 2013) la fábula de crisis de Woody Allen. En su habitual cruzada contra Allen, Jonathan Rosenbaum escribe que es su película más honesta al colocar las ansiedades de clase en el centro. Rosenbaum ejerce una posición de justiciero que a veces me irrita, aunque sea una inteligencia adulta y compleja, que expone sus limitaciones y, a diferencia de otros críticos, pone en cuestión sus juicios.

Pero usar esta película para contar sus frustraciones con el reconocimiento que ha tenido en su país Jerry Lewis (o para lanzar sus conjeturas sociológicas, pedestres) me deja fuera de lo que debería ser un examen de la película. Releo entonces mis severos juicios contra la película y la reviso sabiendo que me generó un disgusto un tanto exagerado.

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Pienso todavía que ‘Blue Jasmine’ es una película esbozada antes que terminada. Hay escenas inconclusas. No sabemos demasiado de Alec Baldwin, se aparta en la película y su persoanje es interesante. Pero pienso también en que Allen en su vejez es siempre inteligente, incluso en esta película.

‘Match Point’ y la ansiedades de clase

Significativamente, ‘Match Point’ (id, 2005) y ‘Blue Jasmine’ (id, 2013) son sus dos películas mejores, más interesantes, en un mar de comedias de variado encanto. Ambas son fábulas de arribismo contadas desde puntos de vista diferentes.: una desde el que trepa, otra desde la que cae. ¿Será este tal vez el asunto central del Allen tardío? ¿La naturaleza deseable del dinero en grados directos y confortables? Sus miradas a la clase alta no parecen complacientes y su ironía es precisamente escasa.

La interpretación de Blanchett me vuelve a parecer extraordinaria y su capacidad para llenar de matices la pantalla algo inusual. Normalmente, parecemos disfrutar de actores de Hollywood descubriendo una faceta o una emoción, por lisiada que esté. Blanchett usa con generosidad un repetorio de dos o tres, siendo, en esencia, una persona rota y probablemente irrecuperable.

Pero lo que más me interesa de ‘Blue Jasmine’ es lo que irrita al viejo Rosenbaum: las ansiedades de clase. Hay una escena donde el dentista, interpretado por Michael Stuhlbarg, pretende a la Jasmine blanchettiana. Señala que adora lo bien que viste y luego la intenta besar. Allen, normalmente hacedor de improbables maridajes entre el patoso y nerviosón tipo bajito y la mujer bella, está despiadado: él está enamorado del aura (ausente) de su viejo status y de su belleza y ella lo desprecia porque él no le es recíproco.

Vergüenza y necesidad

Home En la siguiente subtrama amorosa, particularmente dolorosa, será un político con aspiraciones, interpretado por Peter Sarsgaard, el que termine por dejar en evidencia lo que Jasmine no está dispuesta a aceptar: que ya no hay posibilidad de ascenso. Más que una fábula sobre la ansiedad de clase, y es aquí donde comprendo que Rosenbaum está demasiado cansado para atender a este viejo Allen, de lo que se habla es de lo contrario.: de vergüenza de clase.

La compañera de la trama es la hermanastra de Jasmine, interpretada por Sally Hawkins. Pero en su mundo hay humor, ternura, perdones y una vulgaridad que hábilmente conecta esos ecos de Williams con la estética post-Jersey Shore. Allen no da espacio a ningún tipo de amabilidad con la clase alta pero tampoco acude a la ternura para narrar las diferencias con la baja. Ni al cinismo, pues no los iguala en moral o en actitudes. Los diferencia en maneras, y también en principios de realidad. Nos basta eso para entrar en la película.

La vergüenza de clase de Jasmine la destruye pero también es lo que guía al frío e impávido asesino que encarna Jonathan Rhys-Meyers en la impresionante Match Point. El pisito estrecho donde hace el amor con Scarlett Johansson es el lugar del asesinato, demostrando que Allen tenía un par de sorpresas a quienes lo juzgaron predecible.

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En estas dos fábulas hay algo persistente: las conductas aceptables solamente se ven a según qué luces y bajo unas determinadas condiciones de posibilidad material. En ese sentido, Allen es un pesimista, pero también un cineasta adulto y genuinamente dramático. No he visto en ningún ejemplar directo del cine post-crisis (‘El lobo de Wall Street‘ es el otro ejemplo de contemporáneo a Allen que trata de fabular con el problema) que trate el asunto desde este ángulo que, entre otras cosas, pone en un aprieto al espectador que quiera moralizar con facilidad.

Así que hay algo en este Allen viejo, cansado y maestro que no solamente no ha muerto si no que permanece intacto y logrado.