‘El desconocido’, última llamada

La referencia del titular es obvia como parecida es la premisa de partida: un hombre comienza su jornada laboral como si tal cosa. Sube a su coche con sus ...
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El Desconocido Poster

La referencia del titular es obvia como parecida es la premisa de partida: un hombre comienza su jornada laboral como si tal cosa. Sube a su coche con sus dos hijos y, mientras intenta aclarar ciertos asuntos por el manos libres, recibe una llamada que le anuncia que si se baja del vehículo éste estallará por acción de las bombas que hay bajo los asientos. Comienza una pesadilla sobre el reducido entorno del utilitario en el que se desarrollará un setenta por ciento de la acción. Vamos, que quien no vea aquí a Colin Farrell, una cabina y la inquietante voz de Kiefer Sutherland es que no ha tenido la suerte de encontrarse con lo mejor que ha rodado Joel Schumacher.

Ahora bien, es tal la habilidad del debutante Dani de la Torre tras la cámara, que cualquier comparación entre ‘Ultima llamada (‘Phone Booth’, 2002) y ‘El desconocido (id, 2015) se quedaría en apuntar a eso, a las similitudes de partida que guardan dos cintas que si algo terminan compartiendo también es la impresionante capacidad tanto para sembrar en el espectador un sentido de la tensión que no para de crecer, como plantearle a éste la duda última de cuál será el desenlace de tan espectacular derroche de adrenalina visual. Eso sí, los cojones que tienen director y guionista durante hora y media desaparecen en sus últimos minutos…pero de eso hablaré después.

Asombro

El Desconocido 1

Ahora lo que toca, y toca por derecho, es alabar hasta el hastío el prodigio de narración, montaje, planificación, interpretación —bueno, éste último con la excepción de Goya Toledo, insufrible como siempre, y un desaprovechado Fernando Cayo— y DIRECCIÓN que encontramos en los 100 minutos que suponen la ópera prima de Dani de la Torre, un cineasta del que, huelga decir, cabe esperar todo y más a la luz de las cotas que se alcanzan de forma constante en este thriller modélico, ejemplar y asombroso que es ‘El desconocido‘.

No es que en términos de guión, como apuntaba dos párrafos más arriba, Alberto Marini, artífice del libreto, reinvente la rueda y ofrezca algo que nunca habíamos visto hasta el momento. Para nada. De hecho, la validez última del trabajo del guionista reside en su habilidad para tomar préstamos de aquí y allá, mezclarlos cual alquimista para que parezcan un reluciente lingote de oro y que, llegado el momento, la sensación de familiaridad con el conjunto sirva al director para desplegar todo su arsenal y que seamos capaces de dejar de lado la valoración del qué se nos está contando por la del cómo se nos está contando.

El Desconocido 2

Y el cómo es aquí sobresaliente. Mucho ha dado y dará que hablar el plano secuencia que sigue a una magnífica y sólida Elvira Mínguez. Una toma de una espectacularidad superlativa que queda precedida por ese arranque por las calles de La Coruña, apertura inigualable para el incesante crescendo de adrenalina al que nos somete de la Torre, ya cuando la cámara sigue frenética al vehículo en el que Luis Tosar demuestra, una vez más, ser una auténtica bestia interpretativa, ya cuando la acción desemboca en la plaza donde discurre** un segundo acto de INFARTO en el que la tensión se maneja con herramientas bien diferentes.**

La pericia que el director demuestra en ambos términos de la ecuación, el que imprime frenesí y se ejecuta con nervio, y el que instila pavor y se dirige al espectador desde el sosiego visual, afirma con contundencia la cercanía de muchos de los postulados los que aquí acudimos con lo mejor que el cine de acción estadounidense es capaz de ofrecer. Es más, me atrevería a aseverar que la honestidad y el “realismo” con la que se rueda y muestra todo en ‘El desconocido‘ termina superando con creces a las fantasmadas imposibles que el género nos ha ofrecido desde el otro lado del charco en los últimos tiempos. (A partir de aquí, spoilers sobre el final)

‘El desconocido‘, final sin redaños

El Desconocido 3

Más allá de la inclusión de ciertos ribetes de crítica socio-política tan inevitables dado el desarrollo del filme como justificados de forma plena por acción directa de un pequeño puñado de diálogos cruzados entre Tosar y un espectacular Javier Gutiérrez, lo que echo en falta en la conclusión de ‘El desconocido‘ y que habría provocado que el filme hubiera accedido directamente a la categoría de sobresaliente son los cojones suficientes como para haber huido del relativo happy ending que ofrece, concluyendo la odisea del personaje de Carlos como, a mi entender, pedía a gritos: haciéndolo volar por los aires junto al desesperado personaje que busca venganza contra él.

Está claro que la cinta manipula lo suficiente la situación como para que nuestras simpatías se depositen al completo en el banquero encarnado por Tosar y, por defecto, apliquen la etiqueta de “malo de la función” al psicópata que lo provoca todo. Un psicópata que, una vez presentado, es humanizado en extremo pero al que seguimos sintiendo como aquél que debe morir por justicia cuando, pensándolo fríamente, son ambos personajes los que, siendo consecuentes, deberían perecer: el uno por querer acabar con la vida de aquél que destrozó la suya, el otro por destrozarla sabiendo lo que hacía y creer que podía escapar impune.

El coche saliendo despedido camino del agua y volando en mil pedazos. Ese si hubiera sido un final digno del aplauso más fervoroso. En su lugar se opta por suavizarlo y caer en la trampa de creer que en el cine todo siempre tiene que acabar bien cuando en la vida real rara vez lo hace. Con todo, un filme espectacular para revisar en un futuro y dejarse embobar por sus increíbles recursos y por la acojonante fuerza que despliega de la Torre tras el objetivo. Un nombre a seguir en los tiempos que vendrán. Sin duda alguna.

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