‘El rey de la Habana’, el pícaro de Cuba

Aunque hubo una gran división de opiniones tras su paso por el 63º Festival de Cine de San Sebastián, ‘El Rey de la Habana‘, la nueva película ...
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El Rey De La Habana

Aunque hubo una gran división de opiniones tras su paso por el 63º Festival de Cine de San Sebastián, ‘El Rey de la Habana, la nueva película del mallorquín Agustí Villaronga era una de las películas más esperadas por tratarse del regreso del realizador al certamen 5 años después del gran éxito de ‘Pa Negre’ (2010), que cosechó alabanzas y la Concha de Plata a la Mejor Actriz para Nora Navas. Este último trabajo, aunque algo más polémico, también acabó alzándose con el galardón a la mejor actriz para la actriz cubana Yordanka Ariosa y con muchas conversaciones entre el público y la crítica.

‘El Rey de la Habana, basada en la novela homónima del escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez, nos sitúa en los años 90, durante el llamado “periodo especial” cubano, en la ciudad de La Habana -aunque curiosamente, rodaron en República Dominicana porque no se les permitió rodar en la capital cubana-. Un periodo interesante para contarnos una historia sobre la miseria cubana y el amor que, aunque tiene sus momentos buenos y destacables, su cambio de tono hace que resulte algo irregular.

De la comedia negra al melodrama

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Con el colapso de la Unión Soviética y el recrudecimiento del embargo norteamericano, Cuba está inmersa en una terrible crisis económica, una etapa conocida como el ‘periodo especial’ y del que Cuba tardaría unos cuantos años en salir. Es en este contexto en el que Agustí Villargona nos presenta a Reinaldo, que tras un tragicómico accidente se encuentra sin familia e ingresado en un correccional. Ya de adolescente, y tras fugarse del centro, volverá a La Habana para ganarse la vida.

Pronto se reencontrará con Magda, su antigua vecina, y conocerá a Yunisleidy, una transexual y ambas, supervivientes como él. Entre los brazos de una y de la otra, intentará evadirse de la miseria material y moral que le rodea, viviendo hasta el límite el amor, la pasión, la ternura y el sexo más desvergonzado, tratando de crear una familia “normal” mientras a su alrededor todo se derrumba. Interesante trama, pero no novedosa -¿cuántas veces hemos visto el drama y la miseria de Cuba en el cine? – y que sólo podría destacar con las buenas dotes narrativas de su director.

Con eso, Villargona arranca con una primera secuencia casi magistral, cargada de una buena dosis de humor negro, ritmo trepidante y parodiando a la peor de las telenovelas. Una primera secuencia que nos hace pensar en un cambio de registro en la forma de hacer del director y que nos augura una buena dosis de carcajadas sobre las desventuras del joven Reinaldo. Funciona, así, la idea del pícaro adorado por dos mujeres muy diferentes -ayudadas por el tamaño de su sexo-, y el juego de celos entre ambas y su lucha por mantenerlo.

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Por desgracia, la miseria en la que viven los personajes termina por convertir ese triángulo amoroso y ese tono de comedia negra que parodia la telenovela, en todo un melodrama que no hace más que alargar la trama y alejar al espectador. Y es que algunas situaciones parecen ahora algo rídiculas y echamos de menos la profundidad en algunos personajes como el de Yunisleidy -fantástico Héctor Medina– y, cuya trama parece perderse en las calles de La Habana. Termina por faltarnos empatía y ni el magnetismo de Yordanka Ariosa hace que ganemos el interés por el final de la historia de Reinaldo.

Desgraciadamente, ‘El Rey de la Habana deja un ligero gusto de decepción en quien disfruta los primeros 40 minutos de la cinta. Y es que lo que podría haber sido una divertida comedia negra sobre uno de los periodos más turbios de Cuba, termina como un culebrón más sobre la miseria cubana al que le falta la poesía y fuerza visual a la que Agustí Villaronga nos tiene acostumbrados.