‘El secreto de Adaline’, insípida elegancia

Blake Lively apenas tenía 20 años cuando saltó a la fama gracias a la televisiva ‘Gossip Girl‘. Yo he de confesar que apenas soporté un par de ...
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Carteles de 'El Secreto de Adaline'

Blake Lively apenas tenía 20 años cuando saltó a la fama gracias a la televisiva ‘Gossip Girl‘. Yo he de confesar que apenas soporté un par de episodios antes de decidir que eso no era para mí, pero Lively tardó poco en volver a llamar mi atención gracias a un jugoso papel secundario en ‘The Town. Ciudad de ladrones‘ y desde entonces he esperado que llegase esa película con la que terminase de demostrar su talento.

Por desgracia, ‘Linterna Verde‘ (Green Lantern) fue una pérdida de tiempo que todos preferimos olvidar, pero al menos ella sí sacó algo positivo de ella al conocer allí a su futuro esposo. Más tarde llegaría la interesante ‘Salvajes‘ (Savages) y parecía que entonces iba a ser ese momento, pero Lively decidió alejarse durante un tiempo del mundo de la actuación y vuelve ahora con ‘El secreto de Adaline‘ (The Age of Adaline), un elegante drama en el que ella se esfuerza de forma notable, aunque eso no impide que el resultado final sepa a bastante poco.

La belleza superficial de ‘El secreto de Adaline

Blake Lively en 'El Secreto de Adaline'

Dejando de lado su curiosa premisa -un accidente provoca que una joven se vuelva inmortal y que no pueda envejecer lo más mínimo- y la presencia de Lively, lo que más me llamó la atención es que su campaña promocional daba a entender que se había cuidado con mucho mimo en lo referente a la reconstrucción histórica de las diferentes épocas en las que vive la protagonista, prestando también especial detalle al trabajo de vestuario para que la protagonista luzca tan impecable como en cualquiera de sus anuncios para Gucci o L’Oreal.

La cuestión es que no puedo poner la más mínima pega a ‘El secreto de Adaline‘ en ese apartado, todo un logro teniendo en cuenta su contenido presupuesto de 25 millones de dólares, pero la cosa cambia cuando uno quiere ver más allá de su bonito y cuidado envoltorio. Como suele pasar en muchos casos, el principal responsable de todos los males de la película es su guión, ya que el libreto de J. Mills Goodloe y Salvador Paskowitz nunca consigue transmitir la suficiente fuerza a un relato que peca de tal superficialidad que resulta imposible no pararse a pensar en lo absurdo que son las bases de todo lo que se nos está contando.

Harrison Ford y Blake Lively en 'El secreto de Adaline'

El otro gran problema es que ‘El secreto de Adaline‘ es igual de superficial tanto cuando va avanzando con diligencia y saltando un poco por encima de todo como cuando quiere intentar parar y centrarse en la relación de Lively con el personaje interpretado por un Michiel Huisman que tiene el porte adecuado, pero que es incapaz de transmitir gran cosa más allá de eso.

Por su parte, Lively sí sabe transmitir esa sensación de eterna melancolía asociada al personaje, asociando además muy acertadamente su tono de voz a los diferentes estados emocionales por los que pasa Adaline, pero en las raíces del personaje falta algo para que uno realmente pueda ponerse en su lugar, mientras que Harrison Ford nos ofrece uno de sus mejores trabajos de los últimos años -él es quien mas transmite en lo emocional con mucha diferencia-, pero tampoco eso consigue dar la energía necesaria al relato.

Mucho romance y mala ciencia-ficción

Michiel Huisman y Blake Lively en 'El secreto de Adaline'

Seamos claros, el hecho de ser una película de ciencia-ficción es algo que ‘El secreto de Adaline‘ usa para poco más que crear una curiosa excusa para su trama romántica y también para cerrar la historia de una forma bastante ridícula. Todo ello, claro está, sujeto a un uso demasiado conveniente de las casualidades, pero es que este punto también se contagia a la trama romántica, quitando así mucha fuerza a la que, pese a todo, sigue siendo una de las mejores escenas de la película.

Al final lo que realmente interesa tanto al guión como a la puesta en escena de Lee Toland Grieger es usar esa elegancia -que no excelencia- visual de ‘El secreto de Adaline‘ como base para la consecución de eso tan difícil de definir que es la magia. Ahí es donde su eficacia para conmover al espectador resulta determinante para que uno conecte emocionalmente con lo que se está contando o acabe desconectando. En este caso he de concederle que nunca llega a caer en los niveles de ridículo que hundieron a propuestas como la lamentable ‘Cuento de invierno‘ (A Winter’s Tale), pero tampoco llega nunca a despegar y sólo hay pequeños chispazos de lo que quiere pero no llega a ser.

En definitiva, ‘El secreto de Adaline‘ es una película con un buen acabado técnico y que cuida mucho el ser una cinta elegante, pero tiene mucho menos éxito a la hora de lograr un fondo que al menos se acerque al nivel de su forma por mucho que Lively y Ford hagan lo que puedan para ello. Al final, no se aleja mucho en la relación entre intenciones y resultados de otra propuesta que utiliza la ciencia-ficción para luego ser más otra cosa que mucha gente está destrozando y que yo considero bastante decente.