FKM 2015 | ‘Aux yeux des vivants’ de Alexandre Bustillo y Julien Maury

Una de las últimas proyecciones cinematográficas de la edición de este año del Freakemacine fue ‘Aux yeux des vivants’ (Alexandre Bustillo y Julien Maury, ...
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Una de las últimas proyecciones cinematográficas de la edición de este año del Freakemacine fue Aux yeux des vivants (Alexandre Bustillo y Julien Maury, 2014), film que se exhibió el año pasado en Sitges, donde se pasó precedida de la polémica que hace siete años los directores de la película tuvieron con ‘À l’intérieur’ (id, 2007), su bestia ópera prima que llegó en un momento adecuado para el cine fantástico y/o de terror francés, una especie de grito de rebeldía que obligó a poner la mirada en el país vecino. Pero como todas las modas —porque a alguien se la ha ocurrido colgar una etiquetita, a modo de guía—, ésta pasó, o simplemente menguó.

Con el productor Fabrice Lambot, que estuvo en el festival explicando algunos de los inconvenientes del rodaje —sobre todo en lo que respecta a los problemas de filmar secuencias extremadamente violentas, apuntando que el film era mucho más sangriento en su concepción original—, la pareja de directores han realizado esta vez un cuento de horror que mira con cierta nostalgia al género en los ochenta, mezclándolo con películas al estilo de ‘Cuenta conmigo’ (‘Stand By Me’, Rob Reiner, 1986). El resultado es tan entretenido como desconcertante.

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Tomando el relevo

Aux yeux des vivants —muy acertado título, cuya traducción al español sería “a los ojos de los vivos”— da comienzo con la clásica introducción, al estilo de mucho del cine de terror de los setenta/ochenta, caso de algún que otro film muy conocido de John Carpenter. Uno niños disfrazados se acercan a una puerta para realizar el clásico truco o trato, una mujer embarazada les abre la puerta y prácticamente los expulsa de su porche. La cámara se sitúa entonces en el interior de la casa, y el relato continúa a partir de la extraña familia que allí vive. Las intenciones de los directores, y también guionistas, son claras, vamos a asistir a una historia de Halloween.

Dicho prólogo es lo más violento de la cinta —tanto que durante la proyección, en ese instante se salieron unas seis personas de la sala, todas mujeres—, el sentido de protección de la familia, en caso del hombre (Francis Renaud) queda contrastado con el asco —más tarde sabremos por qué— por parte de la madre por engendrar algo no deseado, instante que los dos directores aprovechan para hacer un muy claro guiño a su ópera prima, con la presencia añadida de la actriz de aquélla, Beatrice Dalle. Tras un acto horrible y triste, se produce la consabida elipsis, y el punto de vista vuelve a cambiar hacia otro grupo de niños.

Los tiempos han cambiado, los niños ya no van puerta por puerta pidiendo dulces, intentando ser sociables. Los niños de ahora se divierten fumando a escondidas e intentando quemar graneros sólo porque el dueño no les cae bien. Los tiempos se han vuelto más violentos, o simplemente la violencia, que siempre ha estado en la humanidad, se ha vuelto más visible. Nuestros tres jóvenes protagonistas, que parecen sacados de la citada película de Rob Reiner, pasan el día visitando barcos abandonados o lugares fantasma, como unos estudios cinematográficos abandonados llamados Blackwoods, toda una declaración de intenciones por parte de los directores. El horror surgirá de lo más profundo de esos estudios. Como si de un auto homenaje se tratase.

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Lo importante es la familia

Con la apariencia de la América profunda —la película parece totalmente estadounidense—, Aux yeux des vivants enseguida se desmarca del prólogo y se adentra en el horror más inesperado, con una historia de supervivencia desde dos ángulos completamente diferentes, pero con la apología de la familia como base para los dos puntos de vista. De hecho, aquellas familias cuyo retrato no es nada halagüeño —caso del padre que pega a su hijo, o el niño que es “descuidado” por unos padres que prefieren ir a la ópera que educarlo— reciben sin piedad su merecido. Estamos ante una película en la que matar a un niño de forma salvaje no es tabú. De nuevo, una señal de que los tiempos han cambiado.

Fabien Jegoudez, de aspecto muy siniestro e inquietante, da vida al particular ogro del relato, al monstruo cuyas motivaciones no conoceremos hasta el tramo final. Con él como punto alrededor del cual gira todo el film en un momento dado, se producen quizá el mayor número de incoherencias narrativas del film, algunas un tanto destacadas, quizá por un intento de estirar el suspense, descendiendo el ritmo interno de algunas de las set pieces. Todo un error, pero que no termina de lastrar por completo una película que ante todo es puro divertimento sobre el horror, y en la que se apuntan detalles realmente perturbadores, sobre todo en la forma de los asesinatos.

Detalles como el del bebé en la lavadora inquietan muchísimo más que secuencias como la de un pie ahogando, literalmente, a una de las víctimas. No obstante, a pesar de los litros de sangre vertidos en algunas de las secuencias, existe la extraña sensación de que Bustillo y Maury no se atrevieron, en determinados instantes, a llegar hasta el final de sus planteamientos —el cambio de los tiempos quizá no sea tanto, si la corrección política impide ciertas libertades artísticas—. Con todo, y a pesar de lo abrupto y desangelado de su clímax final, Aux yeux des vivants divierte e incomoda a partes iguales, incluido su epílogo, tan esperado como atractivo.

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