‘Focus’, el golpecito

Glenn Ficarra y John Requa dirigieron dos films nada desdeñables, el prácticamente ocultado ‘Philip Morris ¡Te quiero!’ (‘I Love You Philip Morris, 2009), ...
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Glenn Ficarra y John Requa dirigieron dos films nada desdeñables, el prácticamente ocultado ‘Philip Morris ¡Te quiero!’ (‘I Love You Philip Morris, 2009), con unos excelentes, sobre todo el segundo, Jim Carrey y Ewan McGregor, y la comedia romántica, bastante por encima de la media de lo que suele hacerse, ‘Crazy, Stupid, Love’ (id, 2011). En ambas, los personajes centrales, parejas, utilizan en mayor o menor medida y dentro de sus determinados contextos, la mentira y el engaño como extraño soporte.

Ahora Will Smith, que lleva seguidos varios fracasos taquilleros, y Margot Robbie, actriz en ascenso tras su participación en ‘El lobo de Wall Street’ (‘The Wolf of Wall Street’, Martin Scorsese, 2013), interpretan a dos estafadores que tras conocerse en divertidas circunstancias, dan varios golpes en la ciudad de New Orleans estafando y robando a todo el que pueden. La mentira y el engaño de nuevo en el subtexto de un film de dos directores compenetrados, aunque esta vez han firmado su trabajo más flojo. No es una mala película, sí entretenida, pero podría haber dado mucho más de sí, y por supuesto, la sombra de ‘El golpe’ (‘The Sting’, George Roy Hill, 1973) pesa demasiado sobre ella.

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(From here to the end, Spoilers) El film se divide en dos partes bien diferenciadas, se paradas por la ruptura entre Nicky (Smith) y Jess (Robbie). La primera versa sobre su “relación”, mientras Nicky enseña a Jess los trucos de una profesión ante todo peligrosa. La atractiva mujer demostrará tener más que aptitudes para el engaño y el robo, formando un equipo perfecto con Nicky, quien planeará un inesperado golpe durante un partido de fútbol americano. El film hasta ese instante tiene ritmo, no es pretencioso, y se apoya sobre todo en el carisma de sus dos actores centrales.

Sin embargo, y tras tres cuartos de hora con el suficiente atractivo –un adjetivo que le queda muy bien a la película−, con la intención de sorprender al espectador en el citado golpe se rebasan los límites de lo creíble con una solución tan rebuscada, e imposible, que más que sorprender, decepciona al sobrepasar la complicidad del espectador. La forma de ganar una apuesta de varios millones de dólares por adivinar el número de un jugador no se la creen ni los propios directores, también guionistas, por mucho empeño que hayan puesto con la explicación del plan.

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Entretenimiento que da menos de lo que promete

En la segunda parte, tras una elipsis de años, y sin abandonar el mundo de lujos que todos los estafadores cinematográficos gustan de rondar, Nicky se adentrará en el mundo de las carreras de coches, reencontrándose de nuevo con Jess, para que el feeling, que no han dado tiempo a que olvidemos, resucite entre más engaños y mentiras. Qué conste que, a pesar del carisma de Smith y Robbie, la relación de ambos no está demasiado bien desarrollada y camina por los tópicos más reconocibles, para al final hacer un numerito de desvío de atención, intentando de nuevo pillar desprevenido al espectador.

Pero a pesar de las mentiras, camelos y dobles sentidos que desfilan por el film a diestro y siniestro, al espectador se le manipula vilmente más que hacerle disfrutar de un engaño fílmico, posibilidad también desaprovechada por los directores. La relación de Smith con cierto personaje navega por los senderos de la manipulación más descarada, y sin sacarle todo el provecho que pide. Al final tenemos la sensación de que nos han dado menos de lo que la premisa prometía.

Y con todo, no creo que estemos hablando de una mala película. El entretenimiento está asegurado —sobre todo con determinado personaje secundario que mantiene divertidas conversaciones sexuales con Jess—, y seamos francos, el modo de vida planteado en el film es de ensueño, esa existencia al margen de la ley siempre ha provocado fascinación cuando se representa en una de estas películas, cuyo único propósito es hacerle olvidar al espectador sus problemas diarios, en los que se les roba de verdad y con mucho menos estilo.

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