‘Grandes familias’, una simpática comedia de enredos familiares

Hacía más de diez años que no teníamos la oportunidad de ver una película escrita y dirigida por Jean-Paul Rappeneau, al que conocemos por cintas como ...
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Hacía más de diez años que no teníamos la oportunidad de ver una película escrita y dirigida por Jean-Paul Rappeneau, al que conocemos por cintas como ‘Mi hombre es un salvaje‘ (‘Le Sauvage’, 1975) o la premiada ‘Cyrano de Bergerac’ (1990). Pero por si pensabais lo contrario, el realizador francés, de 84 años de edad, está más activo que nunca.

Después de realizar ‘Bon voyage’ (2003) tuvo entre manos otro proyecto titulado ‘Affaires étrangères’, un drama de espionaje internacional con el que no pudo continuar adelante debido a problemas de financiación, y a pesar de que no hace mucho le propusieron retomarlo, Rappeneau ha decidido dejarlo correr y dedicar su tiempo a una película completamente diferente y mucho menos pretenciosa.

Jean-Paul Rappeneau y su ‘vuelta a casa’

 Mathieu Amalric en

 Mathieu Amalric en

Así es como nos llega ‘Grandes familias’ (‘Belles familles’, 2015), un filme típicamente francés ideal para los amantes de las comedias galas. El mismo Rappeneau declaró lo bien que lo pasó escribiendo el guión junto a su hijo Julien Rappeneau y el director de ‘Floride‘ (2015), Philippe Le Guay. Con el libreto de esta película el cineasta se ha movido por territorio conocido, ya que está inspirado en una situación que él mismo vivió en el pasado, la de regresar al hogar.

La película, que se compone como una entretenida comedia coral de enredos familiares, está protagonizada por solvente reparto formado por Mathieu Amalric, Marine Vacth —la musa de François Ozon en ‘Joven y bonita’ (‘Jeune et jolie’, 2014)—, Gilles Lellouche, Nicole Garcia, Karin Viard, Guillaume de Tonquedec y Gemma Chan, entre otros.

Jérôme Varenne (Amalric) es un hombre de negocios afincado en Shanghai, pero una importante reunión le llevará a Londres junto a su prometida china, Chen-Lin (Chan). De camino, pararán por su París natal para visitar a su madre (Garcia) y su hermano Jean-Michel (Tonquedec), en un encuentro que solo servirá para que Jérôme se vea atrapado en un torbellino de problemas legales por culpa de una antigua mansión familiar situada en el barrio de Ambray.

Tradición frente a modernidad

Marine Vacth y Karin Viard en

Marine Vacth y Karin Viard en

Grandes familias’ es también un encuentro entre el mundo antiguo y el mundo moderno: al regresar, Jérôme se dará cuenta de que absolutamente todo ha cambiado, lo que representa un fenómeno sin duda compartido por muchos de su generación, ya que también fueron testigos de la modernización de un país cuyo encanto se apoya en tiempos más aristocráticos (lo mismo le sucedió a Rappeneau cuando regresó a su ciudad natal, la casa donde vivió ya no estaba, el barrio había sido reemplazado por edificios, la gente que conocía entonces tampoco estaba…)

Al final, tras descubrir que su fallecido padre tenía una doble vida, la visita familiar de Jérôme se alargará más de lo previsto y mientras que que Chen-Lin tendrá que marcharse sola a la reunión de negocios en Londres, éste tendrá que quedarse para tratar de arreglar las cosas y, de paso, seguirle la pista a Louise (Marine Vacth), una enigmática mujer ligada inevitablemente a su padre, que llamará poderosamente su atención.

Ritmo imparable, final mejorable

Grandes Familias fotograma

Grandes Familias fotograma

Grandes familias’ es la película más personal de Rappeneau hasta la fecha (contiene, como ya he mencionado, ciertos toques autobiográficos) y aunque supone un giro radical con respecto a lo que estaba planeado en ‘Affaires étrangères’, no deja de ser una simpática comedia que todo el mundo disfrutará. Eso sí, está llena de clichés asociados a este género: dos familias enfrentadas, dos hermanos peleados y una mansión como conflicto.

Aún así, el vertiginoso ritmo que mantiene la historia desde el comienzo, su hábil construcción y puesta en escena, así como las más que acertadas interpretaciones (aunque de Amalric esperaba algo más…) hacen de esta cinta un elegante trabajo artesanal llevado a cabo con precisión y en el que todo está perfectamente orquestado, llegando a su máximo nivel en la escena previa al final.

Eso sí, creo que el epílogo final resulta bastante prescindible. Rappeneau falla al cerrar la historia con ese desenlace tan artificial e inesperadamente feliz para todos. Y es que a veces hasta en las comedias hay gente que sale mal parada, y si es así… ¿por qué no atreverse a mostrarlo?

Lo mejor: Las peleas a puñetazo limpio entre Jérôme y su hermano. Lo peor: El excesivo optimismo con el que se cierra la historia.