‘Insidious: Capítulo 3’,¿Terror? cero ¿Mediocridad? a patadas

Ocho y cuarto de la tarde del viernes de estreno de ‘Insidious: Capítulo 3′ (‘Insidious: Chapter 3′, Leigh Whannell, 2015). Con una ...
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Insidious 3 Poster

Ocho y cuarto de la tarde del viernes de estreno de Insidious: Capítulo 3′ (‘Insidious: Chapter 3′, Leigh Whannell, 2015). Con una sonrisa de oreja a oreja tras haber vuelto a disfrutar de ‘Tomorrowland: El mundo del mañana’ (‘Tomorrowland’, Brad Bird, 2015) —ya dije que daban ganas de quedarse a verla de nuevo tan pronto como terminaba— me adentro en la sala 3 de mi cine habitual para comprobar en primera persona si el mal recibimiento de la tercera entrega de la saga iniciada por James Wan en 2010 está o no fundamentado.

La platea está abarrotada, algo inusual y que en otras circunstancias sería motivo de alegría por cuanto podría hablar de esa ansiada recuperación de público por parte del séptimo arte de la que tanto se habla a la menor oportunidad. Pero un rápido vistazo a la edad media del público asistente le quita a uno las ganas de formar parte de él: quinceañeras y quinceañeros con las hormonas disparatadas auguran lo peor para los próximos 97 minutos. Un augurio que no tardará en tornarse en una de esas experiencias de “pesadilla” que uno, con casi cuarenta años a sus espaldas, teme tener que vivir cuando las luces de la sala se atenúan.

Insidious 3 1

Nada más terminar los obligatorios avances de próximos estrenos y comenzar a sonar en pantalla los acordes de la insufrible banda sonora compuesta por Joseph Bisara, ruidos en 5.1 de sorber los mastodónticos refrescos, abrir las kilométricas bolsas de snacks variados y masticar su contenido a mandíbula batiente se alternan con flashes de móviles extrayendo los últimos selfies y, por supuesto, todo la sala mandándose callar a sí misma mientras algunos recuerdan silenciar el móvil al tiempo que mandan de forma compulsiva el whatsapp de turno y otros se acomodan descalzándose y apoyando las piernas en el asiento delantero.

En pantalla, un interminable tramo inicial que no invita a captar la atención de tan exigente público expone en un primer acto lánguido y sin interés aquello que sentará las bases de lo que está por venir. Alguna risilla incontenible de nervios que ya vienen previamente crispados da paso al primer grito generalizado del patio de butacas tras el preceptivo primer golpe de efecto de una cinta que comienza demasiado pronto a mostrar sus muy limitadas bazas y que, de ahora en adelante, acumulará muchos de esos sustos facilones que dan mal nombre al género de terror.

Insidious: Capítulo 3′, miedo para descerebrados

Insidious 3 2

Los efectos de tanto refresco no se hacen esperar y a algún mastuerzo se le escapa —eufemismo— un eructo que hace retumbar la sala. Unos ríen. Otros mandar callar. Los menos abuchean la ordinariez. Servidor intenta mantenerse incólume ante las supinas idioteces de aquellos con lo que me ha tocado en suerte compartir sala y atiende aburrido a una puesta en escena poco imaginativa —lamentable el cambio de Wan por Whannellque tira de recursos más que trillados, que no sabe brillar en ningún aspecto y que, además, cuenta con uno de esos guiones sobre los que decir que es fácil anticiparse es quedarse muy cortos.

El tramo final se aproxima. Sesión de espiritismo que se veía venir desde el primer minuto de metraje. Previsible salto a “the Further”. Los gritos hace ya rato que se suceden de forma continuada. El mismo tipo de antes vuelve a insistir con otra bocanada estentórea de aire gastro-esofágico. Ya no hay risas. Una chica muerta de miedo insulta a la pantalla después del enésimo golpe de música. Algún avispado le devuelve a la interfecta el mismo insulto con la esperanza de hacerla callar. Se masca la tragedia cuando el novio de ésta se levanta airado. La cosa no llega a mayores —lástima, para algo de interés que habría pasado en la sala…

Insidious 3 3

Todas respiran aliviadas. El obligado happy ending da paso al más obligado epílogo. Mega-super-ultra susto ultra-super-mega inesperado para finalizar un espéctaculo mediocre que, por cierto, ha hecho gala de un nivel interpretativo ínfimo y de un apoyo humorístico por parte de los personajes de Tucker y Specs aún peor que lo que ya se atisbaba en la entrega anterior. Y de repente, una lamentable sorpresa. Todo el núcleo central de asientos prorrumpe en aplausos. Éstos se tornan en vítores puntuales. ¿Les ha gustado ESTO? ¿En SERIO?

Nadie puede ver a oscuras mi expresión de incredulidad y asombro extremo. Lamentable película para un público descerebrado. Se encienden las luces. Termina el suplicio. El doble suplicio. Me prometo no volver a poner un pie en una película de terror a no ser que sea un martes a primera hora de la tarde. Ahora, a esperar a la segunda parte del mejor título género de los últimos años e intentar olvidar los noventa minutos que acabo de padecer. Esto NO es ir al cine.

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