‘Los últimos caballeros’, el honor perdido

‘Los últimos caballeros’ (‘Last Knights’, Kazuaki Kiriya, 2014) es una co-producción entre Corea del sur y la República checa, filmada en inglés, estrenada ...
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Los últimos caballeros (‘Last Knights’, Kazuaki Kiriya, 2014) es una co-producción entre Corea del sur y la República checa, filmada en inglés, estrenada en abril en los Estados Unidos, pero que al llegar al nuestro ha ido directamente a la televisión. El canal Cuatro la emitió este pasado fin de semana y desconozco las cifras de audiencia. Quizá estando actores como Clive Owen y Morgan Freeman en su reparto la cosa haya tenido algo de aceptación. O no.

Se trata del tercer largometraje de su director, que en el 2004 consiguió cierto renombre por adaptar el anime japonés ‘Casshern’, tampoco estrenado en nuestras multisalas que sólo parecen aceptar en su mayoría filigranas millonarias aturde-cerebros. En cualquier caso, el film de Kiriya se mueve por derroteros demasiado vistos, ofreciendo un film simpático en factura, sin abusar de los efectos digitales, sin tratar al espectador como a un tonto, pero dejando un sabor de déjà vu constante por navegar continuamente alrededor de clichés sin calado.

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Clive Owen es Raiden, fiel súbdito y caballero de honor de Bartok, su maestro, bajo la piel de Morgan Freeman, actor como la copa de un pino, pero que nadie se explica el porqué de sus intervenciones en engendros de todo tipo, a no ser el cheque de costumbre. Bartok vive bajo el mandato de un siniestro, y con cara de chulo perdido –signifique lo que signifique eso− que exige un pago, eufemismo de soborno, a todos sus súbditos porque sí, porque es Emperador, y hay que obedecer al que manda o intentará relegarte al olvido mediante el destierro mientras sepulta tu apellido. ¿De qué me sonará a mí esta historia?

Freeman aparece la primera media hora, dejando bien claro que cuando su personaje desaparece de pantalla la película pierde puntos, porque a pesar de no contar nada nuevo, lo cual no es necesariamente malo per se, oír a este gran actor recitar sus diálogos con una convicción que asusta, es siempre algo bueno. El resto del metraje Owen, y su fugaz grupo salvaje –en el que destaca algo el personaje de Cliff Curtis− se encargarán, muy pacientemente, de una venganza muy pensada para paliar el mal causado por el villano de turno, en la piel de un exagerado Aksel Hennie, que estaba fantástico en la aconsejable ‘Headhunters’ (id, ‘Hodejegerne’, Morte Tyldum, 2011).

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Olvidable entretenimiento

No podemos negar que el film, al menos, proporciona algo de entretenimiento. La mezcolanza de elementos demasiados conocidos por el espectador, ya sea de otras películas o cierta exitosa serie de la HBO, juega evidentemente en su contra, y sólo pequeños detalles pueden ser rescatados: al fin panorámicas de viajeros pero AL PIE de las montañas, un asalto a una fortaleza milimétricamente pensado y un actor, Owen, al que le vislumbramos su talento, innegable, pero se empeña en aparecer en productos que no le hacen justicia.

Su personaje, entre atormentado y duro, con un punto nostálgico, es probablemente lo mejor de la película, que llegando casi a las dos horas no incide en sus personajes más de lo necesario. Pero hay en ese Raiden, heredero de una ideología que en el film se sugiere extinguida, ya no digamos en el 2015, un atractivo irresistible, el del héroe por excelencia, que es capaz de viajar al infierno de la autodestrucción para erguirse de nuevo en pos de la venganza clamando verdadera justicia. Por supuesto, la entrega de Owen es total y resulta muy creíble en todo este batiburrillo, en el que al menos su director no nos marea con un montaje lioso.

También tenemos la belleza, y buen hacer, de la actriz israelí Ayelet Zurer –recientemente vista en el mejor producto audiovisual de Marvel, ‘Daredeveil’ (id, 2015)− aunque su presencia sabe a poco, y una cuidada banda sonora del percusionista Satnam Ramgotra, y el cellista Martin Tillman, músicos habituales de Hans Zimmer, cuya influencia se nota de la primera a la última nota. Y atención al mensaje: la justicia, disfrazada de venganza, es un plato que se sirve no frío, sino helado, sólo hay que tener paciencia y valor. Ese plano final…