‘Última llamada’, tensión de primera categoría

Un fiasco del calibre de ‘Batman y Robin’ forzó a que la saga necesitase un reseteo total y, en condiciones normales, habría destruido la carrera de muchos ...
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Cartel de 'Última Llamada'

Un fiasco del calibre de ‘Batman y Robin’ forzó a que la saga necesitase un reseteo total y, en condiciones normales, habría destruido la carrera de muchos directores, pero Joel Schumacher apenas necesitó un par de años para empezar a dejar atrás ese mal trago con la reivindicable ‘Asesinato en 8mm’ (8MM) y otro más para convertirse en el gran descubridor de Colin Farrell con ‘Tigerland’.

Apenas dos años pasarían hasta que Schumacher y Farrell volvieron a coincidir en ‘Última Llamada’ (Phone Booth), un thriller de bajo presupuesto que acabó convirtiéndose en uno de los éxitos sorpresa de 2003, gozando además de una buena acogida crítica. Desde entonces había caído un poco en el olvido, algo que deberíamos solucionar cuanto antes, ya que es una cinta que, entre otras virtudes, hace gala de un brillante uso de la tensión y que logra atrapar tu interés en todo momento.

’Última llamada’, mucho con muy poco

Escena de la película 'Última Llamada'

El rodaje de ‘Última llamada’ no llegó a durar ni dos semanas, una aparente limitación que en este caso da la sensación de ser una de las múltiples señales de que estamos ante una película minuciosamente pensada y en la que nada se dejó al azar. Algo lógico si tenemos en cuenta que a Larry Cohen le costó varias décadas dar forma satisfactoria a una premisa que en su momento llegó a interesar al mismísimo Alfred Hitchcock, aunque llama la atención que tardase tanto en introducir la figura del francotirador, pues ya en 1968 se estrenó ‘El héroe anda suelto’ (Targets), la notable ópera prima de Peter Bogdanovich.

Dejando ese detalle de lado, el libreto de Cohen destaca por ser un destacable ejercicio de síntesis en el que el protagonista y el villano son los únicos personajes con verdadera profundidad, ya que el resto cumplen una función de complemento que, por fortuna, nunca llega a resultar molesto y tampoco te deja con la sensación de que hubieras necesitado saber más sobre ellos. Esta es una de las consecuencias del ritmo ágil que imprime Schumacher a un relato que avanza en tiempo real y en el que prima lo visceral sobre lo racional, sin descuidar el interesante recorrido por las emociones del protagonista, cuya evolución está bien definida.

Colin Farrell en 'Última Llamada'

Sin embargo, ‘Última Llamada’ no es una película vibrante en el sentido de que pasen cosas de forma continuada para evitar que uno se haga preguntas, sino que aquí la base de todo es la conversación entre los dos protagonistas y cómo las reacciones de un Farrell, que creo que nunca ha estado mejor que aquí, van siendo recibidas por parte de un psicópata que ya ha acabado con anterioridad con otras dos personas por negar sus pecados y que en el fondo lo único que quiere es darle una lección.

De hecho, la moraleja de la película es bastante sencilla y se ve venir a la legua, pero es que Cohen sabe utilizar los ingredientes adecuados para que sea una conclusión lógica, Schumacher haga gala de un sorprendente manejo de la tensión en la que hay espacio tanto para la opresión evidente de los planos más cerrados –a fin de cuentas, la acción se desarrolla casi en su totalidad en una cabina telefónica y sus alrededores- como para utilizar con bastante soltura y acierto la pantalla dividida –aunque, personalmente, quizá hubiera prescindido de mostrar a algunos personajes cuando mantiene una conversación telefónica con ellos- y además los dos protagonistas logran transmitir tanto –ya he alabado a Farrell, pero ojo atención a la brillante interpretación vocal de Kiefer Sutherland– que eso a uno le acaba dando igual.

Todo encaja en su sitio

Imagen de la película 'Última Llamada'

No me gustaría olvidarme de la importancia de los diálogos, ya que es cierto que la interpretación de Farrell y Sutherland ayuda a elevarlos aún más, pero es que Cohen nunca había destacado demasiado en ese apartado –lo habitual en su caso es oscilar entre la mera corrección y el caer directamente en la mediocridad, siendo más habitual lo segundo-, pero en ‘Última llamada’ eso no sucede y, quizá fruto del largo proceso de gestación del proyecto, nos regala conversaciones ingeniosas –y aquí también incluso esos momentos que se pueden calificar de malsonantes- entre los giros que van sucediéndose.

No obstante, el gran acierto del guión es no querer alargarse más de la cuenta, ya que es cierto que hay algunas soluciones argumentales en las que quizá la capacidad previsora del asesino resulta un poco excesiva, pero sin llegar nunca a ser algo excesivo, pero la historia daba para lo que da y es de agradecer que no se estire el chicle más de la cuenta. Cada película tiene una duración ideal, algo que muchos títulos ignoran durante los últimos años, y ‘Última llamada’ sabe exactamente cuál es la suya.

En definitiva, ‘Última llamada’ es un gran thriller que sigue funcionando de maravilla en su revisionado –la vi en su momento en cine y nunca había llegado a repetir- y que nos ofrece tensión de primera categoría. Además, cuenta con un final a la altura, que es lo que le fallaba a un, eso sí, muy disfrutable reciente estreno que acaba quedando por debajo de la cinta de Schumacher por perder fuelle al final.