‘Maggie’, lágrimas zombificadas

Los zombis están gozando de una popularidad asombrosa durante los últimos años, pero en lo referente a sus “aventuras” en la gran pantalla aún está por ...
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Ana Capreo avatar photo
hace karma
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Los zombis están gozando de una popularidad asombrosa durante los últimos años, pero en lo referente a sus “aventuras” en la gran pantalla aún está por llegar ese título que realmente logre un consenso por parte de crítica y público a la hora de reconocer su genialidad e impacto dentro de este tipo de obras. Pese a ello, se siguen haciendo como churros y por ahora no tiene pinta de que eso vaya a cambiar en breve.

Por mi parte, lo que realmente le pido a este tipo de propuestas es que al menos sean entretenidas y que procuren alejarse lo máximo posible de limitarse a ser más de lo mismo. Ese parecía que iba a ser el caso de ‘Maggie‘, un drama en el que Arnold Schwarzenegger tiene que lidiar con el duro proceso de transformación en muerta viviente de su hija. Una premisa sugerente que cumple con lo que promete, aunque lo hace sin arriesgar demasiado y bordeando el aburrimiento, lo cual limita su interés de forma notable.

Maggie’, zombis y depresiones

Maggie Arnold Schwarzenegger Abigail Breslin

Maggie Arnold Schwarzenegger Abigail Breslin

La relación entre los personajes interpretados por Schwarzenegger y Abigail Breslin es el gran eje de un relato marcado por la melancolía, la tristeza y la fatalidad. Todo arranca con un padre descubriendo que su hija desaparecida ha sido contagiada por una pandemia zombi que a duras penas ha sido contenida. El problema es que aún no existe cura alguna y todos saben, incluso ella misma, que en apenas unas semanas se convertirá en una caníbal incapaz de controlar sus impulsos, por lo que siempre sobrevuela la duda de cuándo sucederá y cómo lidiará su padre cuando tenga que tomar la decisión de acabar o no con su hija.

Llama poderosamente la atención que ‘Maggie’ sea la ópera prima de Henry Hobson, pues en el apartado formal demuestra una determinación encomiable para conseguir una notable sincronía en todos los apartados técnicos. Es cierto que Hobson ya tenía cierta experiencia en la temática zombi al haber participado en el videojuego ‘The Last of Us’, donde dirigió la secuencia inicial de créditos y también ejerció como diseñador, pero no por ello deja de sorprender la eficacia con la que plasma sus objetivos.

Resulta difícil saber cuál es el elemento dominante, pero considero que la melancolía que mencionaba más atrás destaca de forma predominante a través de la muy acertada banda sonora de David Wingo, la cual ayuda al mismo tiempo a crear un halo depresivo y a resaltar la intención de Hobson de dotar de un toque poético a la historia que nos está contando. Además, la fotografía de Lukas Ettlin con los colores apagados ayuda a crear esa sensación de fatalidad que da una consistencia envidiable a ‘Maggie’ en este punto.

Lástima de debilidades

Escena Maggie

Escena Maggie

Por desgracia, el guión de John Scott III nunca va más allá de lo previsible y solamente parece tener interés en crear un vínculo emocional creíble entre padre e hija. Por lo demás, el tratamiento de la historia no es muy diferente al que tendría un drama en el que alguien va a morir por una enfermedad terminal. Sí es cierto que no cae en la prostitución emocional de la que hacen gala varios títulos de esas características, pero deja en todo momento al espectador deseando que pase algo diferente que se desvíe del camino que ya sabemos que la historia va a seguir… y nunca lo hace, algo especialmente doloroso, ya que resta muchísima fuerza al conjunto.

Además, Hobson es incapaz de insuflar un alma poderosa a ‘Maggie’, ya que apuesta por un ritmo extraordinariamente reposado que provoca que esa agonía de los personajes se contagie también al relato. Esto provoca que la cinta coquetee de forma notable con el aburrimiento durante su segundo acto, pues lo que cuenta debería haberse hecho en máximo una hora de metraje –aquí esa intento de unión entre lo trágico y lo poético se vuelve en su contra- en lugar de intentar que su logrado y coherente acabado visual intente compensar sus evidentes lagunas narrativas.

A decir verdad, son Arnold Schwarzenegger y, en menor medida, Abigail Breslin quienes consiguen que la película nunca llegue a venirse abajo del todo. De ella hasta cierto punto lo esperaba, pero con él disfruté mucho más de lo pensado con una interpretación contenida y matizada que realmente te transmite el apocalipsis interior por el que está pasando y su dificultad para lidiar con lo inevitable. No voy a decir que sea una actuación memorable, pero sí que deja ver otro lado suyo –aquí en ningún momento tira de su incuestionable carisma para salir del paso- que espero que siga explotando en el futuro.

En definitiva, ‘Maggie’ es una apuesta diferente dentro del ya manoseado cine de zombis y cuenta con varias virtudes –formalmente transmite lo que busca y sus dos protagonistas cumplen con nota-, pero la incapacidad de su guión para sacar jugo a la historia unido a su ritmo puede provocar el aburrimiento de la mayoría de espectadores. Por mi parte, prefiero considerarla como un curioso intento de hacer las cosas de otra manera que no ha salido tan bien como me hubiera gustado.