‘Sicario’, enérgica calma

Una de las más brillantes cualidades de cuantas atesora ‘Prisioneros’ (‘Prisoners’, 2013) es sin duda alguna el hipnótico y ...
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Una de las más brillantes cualidades de cuantas atesora ‘Prisioneros’ (‘Prisoners’, 2013) es sin duda alguna el hipnótico y fascinante ritmo con el que Denis Villeneuve trataba hace un par de años el relato protagonizado por Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal. Un ritmo pausado, por momentos letánico, que dejaba respirar —y de qué manera— a las dos horas y media de metraje hasta instantes en los que la congoja —en cuanto a angustia— del respetable era insoportable. Y es dicha cualidad la que, trasladada ahora aSicario‘ (id, 2015) mejor llega a caracterizar al sobresaliente nuevo ejercicio cinematográfico del realizador quebequés.

Con media hora menos de duración que su precedesora, este thriller ambientado en la zona fronteriza entre Estados Unidos y Nuevo México que versa —tópico muy real asociado a dicha región— sobre el mundo de los cárteles de la droga, es sometido bajo la mirada de Villeneuve a un devenir pausado pero imparable, que se ancla con fuerza en el oxímoron que he utilizado de titular. Uno que hace referencia a que por debajo de la calma que impera en dirección e interpretaciones, subyace una potentísima energía que, como ya pasara en ‘Prisioneros’, atrapa con tanta efectividad al espectador que hasta llega a entrecortarle la respiración.

En terreno conocido

Sicario 1

Sicario 1

Resulta sorprendente cómo, moviéndose en un territorio en el que el séptimo arte ya ha ofrecido productos tan imprescindibles y completos como ‘Traffic’ (id, Steven Soderbergh, 2000) —un filme que, desde sus muchos ángulos, cubría la lucha contra la droga casi en cualquiera de sus acepciones— y contando en esencia una historia de iniciación de esas que tanto abundan en el género, ‘Sicario‘ se las arregle, y lo haga de tan soberbias formas, para parecer un vehículo completamente novedoso que en ningún momento echa mano de arquetipos o situaciones previsibles cuando, paradójicamente, sí lo hace.

En que el espectador no lo perciba así tienen mucho que decir tanto el guión de Taylor Sheridan como, por supuesto, la dirección de Villeneuve. El primero parte de un fundamento esencial, el tratar al público como un ente inteligente y no como una masa aborregada a la que hay que dárselo todo mascado, planteando una historia que reta al espectador a mantener la atención constante y de forma indivisible para, dándole muy pocas opciones a anticiparse a lo que sucederá, manejarlo a su antojo y conseguir que la perplejidad sea una de las reacciones más abundantes durante las dos horas de duración.

A esa cualidad de poder sorprender, y hacerlo con efectividad suma, no son ajenos unos personajes sólidos definidos con pocos trazos —no necesitan más— y caracterizados con suma profundidad gracias a los precisos y ajustados diálogos que Sheridan pone en boca de todos y cada uno de ellos, recayendo los mejores en la actitud de “estoy de vuelta de todo” en la que se arropa Josh Brolin, o en ese halo de terrorífico misterio —atención a la escena del interrogatorio— que rodea al que da vida un inconmensurable Benicio del Toro que se lleva de calle todo plano en el que está presente.

Sicario‘, apabullante

Sicario 2

Sicario 2

Enfrentada a ambos, la siempre estimulante presencia de Emily Blunt queda algo minimizada por la fuerza con la que sus compañeros de reparto irrumpen en pantalla con cada aparición. Ello no quita para que pueda valorarse en su justa medida la tridimensionalidad que la actriz británica aporta a su personaje, una agente del FBI que es reclutada por el departamento de justicia para combatir con métodos poco ortodoxos a un peligroso cártel mexicano cuyas operaciones en el lado estadounidense de la frontera dan la cara en esa ESPECTACULAR secuencia con la que se abre el metraje, unos minutos que dejan claro con autoridad indiscutible que Villeneuve va a por todas desde el primer segundo.

Y si el asalto a la vivienda que abre la acción es de una fuerza apabullante, lo que nos encontramos en las otras dos “set-pieces” —por más que, ajustándonos a la definición del concepto cinematográfico, no lo sean— que jalonan la acción es directamente de infarto: ya en aquella que acompaña a las fuerzas yanquis en la incursión en El Paso, ya en la que las sigue hacia el túnel por el que se mueve la droga, la maestría de Villeneuve tras el objetivo, alternando diferentes tratamientos de la imagen, rodándolo TODO con una claridad meridiana y añadiendo a la mezcla unos fabulosos planos aéreos es, como poco, digna de una ovación continuada.

Descubriéndose pues como un inesperado maestro en el tratamiento de la acción —algo que hasta ahora, por la naturaleza de sus anteriores cintas, no había podido demostrar— y manteniendo en todo momento un férreo control sobre ésta para que quede claro quién es el que se sienta tras el objetivo, las cotas que Denis Villeneuve alcanza con ‘Sicario‘ a través de la genialidad de su puesta en escena, de lo asombroso de la planificación y ejecución de todo el metraje y de la forma en la que se habla al público están, sin paliativos, al alcance exclusivo de los genios del séptimo arte.

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