‘Tres bodas de más’, despedida de soltera

Una científica talentosa aunque insegura recibe, consecutivamente, tres invitaciones de boda de tres antiguos novios. Un apuesto y sensible becario, que ...
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Lyndon 1

Una científica talentosa aunque insegura recibe, consecutivamente, tres invitaciones de boda de tres antiguos novios. Un apuesto y sensible becario, que tal vez sienta algo por ella, termina siendo su acompañante leal a unos eventos presumiblemente incómodos. Pero en la primera boda conoce a un peculiar doctor que tal vez le haga cambiar de opinión respecto al amor.

La tercera película de Javier Ruiz Caldera es mi favorita, aunque tal vez no sea la mejor. No creo que la reciente ‘Anacleto: agente secreto’ (id, 2015) empañe sus talentos, que no son pocos para la comedia española más reciente.

Caldera no trabaja con guiones propios, lo que tal vez le deje un tanto a merced de los materiales ajenos. En este caso, el guión de Pablo Alén y Breixo Corral es lo más decepcionante de la película puesto que viola su premisa: en una época de crisis, la idea de las bodas de treintañeros como humillación / escenario de reflexión era el material idóneo para una screwball comedy española que proponía un distanciamiento la mar de interesante de las premisas iniciales de cualquier comedia romántica contemporánea.

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Los guionistas llevan los dilemas dramáticos a un terreno seguro y predecible tan pronto como en la primera boda. Los tres ex novios son apenas tres gags (el bohemio idiota; la transexual sensible y el cretino) y la película pasa de la reflexión sobre la edad y la boda a una convencional comedia sobre elegir entre el aparentemente-idílico chico ideal y el chico más joven, promiscuo pero finalmente noble.

En favor de los guionistas, diré que se muestran infrecuentemente librepensadores y feministas en su punto de vista. El héroe romántico de la película lleva a cabo un trío y aunque demuestra su valía después, su simpatía no se ve afectada. Del mismo modo, la película trata de las estructuras de docilidad e inseguridad que la protagonista ha vivido.

Así, en una escena poscréditos, es el padre quien lo comenzó todo. Es extraño ver una película centrada en los combates psicológicos de una mujer, laborales y sentimentales y debe reconocerse.

Pero el guión centra todo en un sencillo conflicto psicológico al que todos contribuyen, en agravio o desagravio. Y elude el conflicto dramático: ¿qué significa enamorarse y empezar una relación que en la boda lleva escrita la duración? De hecho, tal conflicto no existe. Y ésa es la razón por la cual las películas de Hawks, de Capra, de Lubitsch y de Cukor me resultan tan ejemplares y conmovedoras: porque se atreven a pensar. A hacernos pensar.

Treintañeros nostálgicos

Pero Caldera está interesado en los aspectos más conmovedores de la heroína, a la que da vida una espléndida Inma Cuesta, haciendo creíble su rol de Bridget Jones española para la era de los recortes. Que Quim Gutiérrez y Martin Rivas tengan química con ella es también parte de su esfuerzo, y que ambos estén perfectos en su rol es mérito del director. El reparto de secundarios – Rossy DePalma, Paco León, Berto Romero – es igualmente eficaz y pertinente.

Los treintañeros son también su anhelo por tiempos pasados, expresado en canciones horteras que siempre han sido bailables y divertidas, algo que ya explotaron muy bien Borja Cobeaga y Diego San José en ‘No Controles’ (id, 2011). Y eso da una vida concreta y conmovedora a una protagonista desorientada.

Para terminar, una modesta teoría sobre lo que tantas veces llamamos la magia del cine. Tal vez se reduzca a una cuestión de tono. A fin de cuentas ¿cuantos guiones parecen asesinados por el tono?

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Caldera no cuenta con un libreto inteligente o profundo, pero sí con el tono. Sabe manejar las canciones, medir los índices de horterada, hacer creíble el suspiro o la primera batalla ganada de su heroína.

Y por eso mismo, esta película, conjeturo, funciona tan bien. Mi compañero Sergio se mostró más escéptico y creo coincidir en gran medida con los juicios de Caviaro.