‘Trumbo: La lista negra de Hollywood’, los renglones torcidos del séptimo arte

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Si sólo fuera por su magnífica aportación a ese placer culpable personal que es la comedia romántica, Dalton Trumbo ya se merecería un lugar especial en mi “corazoncito” gracias a la mítica ‘Vacaciones en Roma’ (‘Roman Holiday’, William Wyler, 1953), delicioso vehículo para el lucimiento de Gregory Peck y Audrey Hepburn que, sin dudas, es uno de los mejores títulos del género que se hayan escrito jamás.

Pero la aportación del guionista no se reduce a “la bocca della veritá”, y en su haber se cuentan —entre las más de seis decenas de proyectos que llegó a firmar— otras tres producciones que este redactor señalaría como favoritas de la década de los sesenta y setenta. Me refiero, cómo no, a ‘Espartaco’ (‘Spartacus’. Stanley Kubrick, 1960), ‘Los valientes andan sólos’ (‘Lonely Are the Brave’, David Miller, 1962) y ‘Papillon’ (id, Franklin J.Schaffner, 1973).

Debido a ello; a que por muy sesgado que pudiera ser —porque siempre lo es— cualquier acercamiento a su biografía podía resultar apasionante y a que venía protagonizada por el gran Bryan Cranston, ‘Trumbo: La lista negra de Hollywood’ (‘Trumbo’, Jay Roach’, 2015) contaba a priori con mis más sinceras simpatías. Unas que no se han visto defraudadas por una cinta de la que destaca, al margen de su magnífico protagonista, la forma en que nos acerca a uno de los puntos más oscuros de la historia del s.XX de Estados Unidos.

‘Trumbo: la lista negra de Hollywood’, libertad

Trumbo 1

En uno de los muchos momentos en los que ‘Trumbo…’ muestra en pantalla a la gran encarnación del perseguido guionista que compone el Walter White de ‘Breaking Bad’ (id, 2008-2013), vemos a Trumbo y sus amigos de la “lista negra” intentando repartir panfletos en una reunión en la que John Wayne, el patriota por excelencia, arenga a un público entregado acerca de los peligros del comunismo y la vital relevancia de dar caza a aquellos traidores a la bandera que residen en su tierra.

El momento en que Trumbo y Wayne se ven las caras, y el escritor esgrime argumentos como la primera enmienda, la libertad de pensamiento y palabra y reprocha a Wayne que, mucho hablar de patriotismo pero todos saben en qué filas auxilió al esfuerzo bélico de su país durante la Segunda Guerra Mundial —una espina que el actor siempre arrastraría— es representante máximo del mensaje que el libro original de Bruce Cook y el guión adaptado de John McNamara imprimen a fuego en sus trabajos.

Un mensaje trillado, sí, pero que en la vehemencia con la que Cranston o Louis C.K —fantástico como Arlen Hird, personaje ficticio fusión de cinco de “los diez de Hollywood”— lo hacen suyo encuentra renovadas fuerzas para alcanzar al público y hacer que éste recuerde o se acerque por primera vez a parte de la historia que llevó al pueblo americano a mirar con recelo a sus vecinos y amigos y que, en última instancia, fue capaz de arruinar la vida de muchos estadounidenses completamente inocentes.

Trumbo 2

Más allá del ejemplar trabajo de sus actores —lo de Helen Mirren como la legendaria Hedda Hopper es, para variar, sobresaliente— y de lo afilado de sus diálogos aquí y allá, lo que ofrece ‘Trumbo…’ se podría calificar como de eficiente entretenimiento sin personalidad. Una carencia atribuible sin duda a la modesta dirección de un Jay Roach que no arriesga y prefiere minimizar su huella sobre el producto final consciente quizás, bien de sus limitaciones, bien de las necesidades del libreto.

Sea como fuere, y aún a pesar de lo escueto del trabajo del cineasta, ‘Trumbo: la lista negra de Hollywood’ es una de esas cintas que se pasa en un suspiro gracias a la ligereza de su conjunto, a lo muy variado de éste y a que, seamos sinceros, si somos de los que amamos el séptimo arte, una historia de cine dentro del cine tiene que encararse en muy malos modos para no terminar encontrando en ella a qué asirnos. Y ésta no lo hace.