‘Un amor de verano (La belle saison)’, feminismo y amor libre

Por fin el cine francés ha conseguido liberarse del pudor de antaño y está listo para mostrar al mundo un romance lésbico tan directo y sin complejos como ...
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Por fin el cine francés ha conseguido liberarse del pudor de antaño y está listo para mostrar al mundo un romance lésbico tan directo y sin complejos como ‘Un amor de verano’ (‘La Belle Saison’, 2015). Así a priori, como posible comparación, me acuerdo de títulos como ‘La vida de Adèle’ (‘La vie d’Adèle – Chapitre 1 & 2′, 201) o ‘El desconocido del lago’ (‘L’inconnu du lac’, 2013), cuya temática también gira en torno a amores homosexuales, pero lo cierto es que hay bastantes diferencias entre ‘Un amor de verano’ y estos dos últimos films.

La primera razón es obvia: mientras que ‘La vida de Adèle’ y ‘El desconocido del lago’ están escritas y dirigidas por hombres (Abdellatif Kechiche y Alain Guiraudie, respectivamente), ‘Un amor de verano’ es obra de dos mujeres: la realizadora Catherine Corsini y su coguionista Laurette Polmanss. Y el segundo motivo es porque el de Corsini está impregnado de un marcado tono político y reivindicativo: se ambienta en 1971, con las luchas de emancipación feminista a la delantera.

Activismo feminista en la Francia de 1970

Corsini, que lleva ya cerca de diez películas a sus espaldas, ya había tratado con anterioridad un amor intenso entre mujeres. Fue en la película ‘La répétition‘ (de 2001), sin embargo este es su trabajo más personal, en el sentido de que le ha servido para hablar sobre su propia homosexualidad, que admite le costó mucho reconocer. También es especial porque la ha hecho junto a Elizabeth Perez, productora de la cinta y su pareja sentimental. Pero entremos en materia…

La película se estructura en dos partes y la primera se compone como un retrato de la efervescencia política de los 70, un momento en el movimiento feminista que ayudó a que las lesbianas, que antes se escondían, apareciesen entonces en primera línea. Corsini pretende reflexionar sobre el pasado, aunque nos invita también a pensar en el presente: en todo lo que hemos conseguido y que podríamos perder. Sea como sea, gracias al retrato colectivo (manifestaciones,etc.) logra transmitir el aroma de esta época, eso sí, sin demasiada sustancia.

Además muestra de manera perspicaz cómo esos combates a veces confluían, llegando en ocasiones a chocar, porque… en medios de aquel caos, ¿en qué había que centrarse, qué era lo realmente importante? ¿los derechos de clase obrera o los de las mujeres?, ¿las mujeres en general o en especial los gais y las lesbianas…? ¿Era mejor llevar a cabo un feminismo moderado o uno mucho más radical?

Personajes con fuertes contradicciones interiores

Es en este primer apartado del film donde las dos protagonistas, Delphine y Carole se conocen. Delphine es una chica rural, que adora trabajar en el campo aunque odia su carácter provincial y opresor. Por este motivo se marcha a París y por casualidad se une al movimiento feminista en el que está involucrada Carole, una mujer fuerte e independiente de la que se enamora al instante. Carole está emparejada, pero a pesar de sus dudas iniciales, ambas inician un apasionado romance.

Delphine se ve obligada a regresar y Carole decide seguirla. Es en este momento cuando da comienzo la segunda parte del relato, produciéndose un evidente y necesario cambio de tono en pos del melodrama en el que Corisini parece sentirse mucho más cómoda. El principal potencial dramático de la cinta se conforma a partir de los dos personajes principales y de las contracciones por las que están plagadas. Esto, unido al retrato más cruel y oscuro de la vida en el campo que se muestra, es el terreno perfecto para introducir los inevitables problemas.

El guión, que va desarrollando su trama de forma hábil, también contiene escenas de sexo, no tan explícitas y tan largas como en otras películas, pero muy sólidas. La cámara no se amilana ante los cuerpos desnudos, a través de los cuales se expresa la felicidad y libertad de sus propietarias. Lo cierto es que entre los personajes de ambas actrices hay una extraña química, cosa difícil de explicar porque son completamente diferentes, tanto física como psicológicamente. Pero es esa química, esa magia la que hace todo creíble.

Un maravilloso trío de actrices

Los personajes protagonistas, cuyos nombres homenajean a dos fallecidas feministas francesas, la cineasta Carole Roussopoulos y la actriz Delphine Seyrig, brillan con luz propia en la película. Tanto Cécile De Franc —’Más allá de la vida’, ‘Hereafter’ (2010)— como Izïa Higelin (‘Samba’, 2014) se meten con ahínco en el papel, pero es sobre todo la primera la que consigue clavar a la perfección todas las etapas y estados de ánimo por las que pasa su personaje. Especial mención merece la interpretación de Noémie Lvovsky, brutal en el final del film.

La estética de los 70 es más evidente en las actitudes que en la fotografía de Jeanne Lapoirie. Es luminosa pero contenida en cuanto a elementos de diseño retro o referencias de la cultura pop. Mientras, Gregoire Heizel utiliza la música con moderación: algunas canciones de la época son las que componen la banda sonora. En definitiva, estamos ante una pequeña joya cinematográfica: fresca y liberadora, no solo recomendable para los seguidores del género.Todo el mundo (con la mente mínimamente abierta) la disfrutará, estoy segura.

Lo mejor: La confrontación entre lo rural y lo urbano. Corsini emociona sin llegar a ser empalagosa. Las interpretaciones son de calidad.

Lo peor: Que vaya a llegar a cuatro cines contados.