La Venezuela de antieL

                          Iba caminando como si nada. Argumento absurdo, cuando vives en este país del año 2015. Desde hace tiempo para acá, cargo un lápiz ...

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              Iba caminando como si nada. Argumento absurdo, cuando vives en este país del año 2015. Desde hace tiempo para acá, cargo un lápiz –para nada mongólico tipo 2- y alguna pendejada para anotar. De repente, me encuentro a Venezuela, mirando hacia el infinito (o creo que mirando una cola de personas para comprar papel toilette[1], no recuerdo) y le pregunto:

[1] Tualé.

-Mira… ¿Y…cómo estás?

A lo que ella me responde…

-¿Y cómo crees tú que voy a estar yo?

Con un movimiento violento (marcado por la costumbre, quizás), me arrancó de la mano el lápiz y la hoja carta, tipo oficio, donde planeaba escribir alguna otra idea, y me dijo: -Échate pa’ allá- , con lágrimas en los ojos. Al cabo de un rato, y luego de haberme dicho “cuídate”, me entregó la hoja con el siguiente escrito:

“Hola. Mi nombre es Venezuela. Ya tú sabes esto, así que… ¡Qué coño! Mis disculpas por haberte arrancado el lápiz y el papel, de la forma en que lo hice, pero la Educación la perdí hace raaaaaato en esta joda. Creo que por eso me llamaron “pequeña Venecia”, cuando los tiempos de antes. Si no sabes esto, no me preocupo ya. Fui grande alguna vez, aunque hoy solo dé lástima. Esta es, quizás, la última vez que escriba algo (es la primera también), ya que con tanta inseguridad, capaz este lápiz y papel sean atractivos para los malhechores, en el norte de nuestra Suramérica. Debo escribir (porque no es necesario “decir”) que mi calidad como país ha bajado mucho. ¿Cómo es posible que me quieran robar un lápiz o un pedazo de papel sin razón alguna? ¿O son todos muy nerds o todos están muy necesitados? Ojalá fuese lo primero. Ojalá. Que lástima. Entiendo que el papel está escaseando… ¡Pero no me digas que te vas a limpiar el trasero con una hoja de papel tipo carta, coño! ¡Hazme el favor! Los malandros de antes, te decían: -¿Los zapatos o la vida? Y tú…bueno…te ibas caminando descalzo. Pero hoy… ya es otra historia. La calidad de vida ha bajado tanto  aquí, que los malandros tienen hasta cuentas en bancos Suizos. Tanto, que ya ni siquiera en las reservas internacionales me les acerco. Pobre de mí. Tan pobre. Tan pobre, que las otras del continente ya ni me envidian. Argentina y Colombia. Ese par de dos. Ya ni me invitan para sus fiestas de alcohol y droga, parejo, porque dicen que “les tumbé el negocio”. Pero ¿Cuál negocio? Yo entiendo que concursos como el Miss Universo o la lista de los países “más felices del mundo”, los tengo asegurados. ¿¡Cómo no voy a tenerlos!? Si la escasez en toda mi tierra no se da abasto. Las mujeres de mi tierra han ganado 7 coronas como bellezas universales…sin escasez.

Ahora fíjate, con todo este desastre “venezolano” (ya qué no sé si algún imperio extranjero sea el causante de esto que me está pasando[2]), más la escasez, dime tú…

[2] Entendiendo que extranjero se refiere a CUALQUIERA que NO sea de aquí. Llámese Cuba, Estados Unidos, China o alguna fuerza “beligerante”. Que peo.

¿Quién va a engordar en Venezuela? En Europa, Asia u Oceanía, se valora la delgadez y simpleza (quizás demacres) de la figura femenina ¡Pero aquí NO! Claro, ahora como todas las mujeres, al no encontrar productos alimenticios como antes, se verán PERFECTAS para ganarse esas coronas del Miss Universo, Miss Mundo, Miss Planeta, Miss San Gustia, Miss NosoyMissUniverso, Miss Peroresnada, de forma ininterrumpida. Y pues, con tanto record de coronas aseguradas, ¿Cómo no vamos a estar felices? ¡Viva Yooo, carajo![3]

[3] ¡Cuidado! NO somos los primeros de la lista de “los más felices del mundo”, ¡pero pa’ allá vamos! ¡Sé que sí!

Creo que esto de “llevarla robada”, se me da por tanta marginalidad e inseguridad a mi alrededor. ¡De bolas  que no los voy a decepcionar, muchachos! ¡Claro que no! (Qué raro esto de ser la mala conducta de la región y a la vez, saber escribir).  Mi calidad no esta tan mala, creo. Ahora que recuerdo y me acuerdo, hubo una vez un hombre muy famoso y culto en esta tierra, de esos que ya casi no veo por ahí, que dijo: -Hay que sembrar el petróleo.  ¡Ah! Que iluso. Tantos sueños y esperanzas que tenía y nada. Aquí lo que siembran es pura droga. Porque si para algo sirve la policía aquí, es para joder al ciudadano común, al pobre, al de a pie, el que no tiene nada. Al que no tiene como defenderse ante una “comida de luz”, en un semáforo o en una pesquisa, dentro del barrio, donde no encuentran a ningún culpable. A la hora de robar, lamentablemente, una gran parte de mi gente está “mandada a hacer”. Escribo con muchas comillas porque así escribo yo. ¿Ok?

Como la famosa expresión marginal venezolana: buLda ‘e pasa’o. (¡Que ladilla!, ¡Cuando me usan como adjetivo!) “BuLda ‘e pasa’o” son esos que se llevaron mi esperanza. Me veo en un espejo y me doy risa. Lo peor de todo es que no tengo maquillaje puesto (o sea, ni emperifollada para cagarme de la risa, yo misma, al decir que no lo supe usar). Ahora soy más marginal aun. Tanto, que mi nuevo sistema de divisas, lleva dicha palabra incluida. Marginal ¡Qué marginal! Ahora sí, que Colombia y Argentina se burlen de mí. Qué coño. Qué calidad de país soy. Sin enemigos. Sin envidias. Todos los que están ahí, son felices. Los que están muertos. Qué coño. Los que están vivos, conmigo, no conocemos ya esa palabra. Felicidap. Felicidac. Felicidat. Feligreses. Felicidag. ¡Qué coño!

       Antes solía tirármelas de la mejor en el beisbol, pero ni los chinos ni los japoneses, me han dejado bien parada en el bien ahora llamado Clásico Mundial de beisbol. Ya ni pa eso estoy. Tengo las mayores reservas de petróleo, y no valgo un carrizo. Tenía las mayores reservas de coco, y hoy ya no veo ninguna. Tengo una de las mayores reservas de agua dulce, y no consigo botellón en las calles. Mi Simón Bolívar de mi alma. Ese que parí lleno de real y que murió (porque no voy a mentirles como otros para decir que me lo mataron) pobre y alejado de mí. Como te lloré. Como siento alegría por ti, sabiendo que estás muerto. Si estuvieses vivo, ya te habrías suicidado. Si pudieses resucitar, no lo harías ni por todas las conservas de coco que te ofreciesen. Tu nombre no vale nada ya. Lo usaron como moneda y junto a la palabra fuerte. Ni una locha vale. Lloro al recordarte. En cada plaza, en cada calle, en cada libro de historia donde te llegué a leer, das lástima. Me lastima saber que no veremos a alguien como tú de nuevo. Yo no. Sé que no. Papa Dios me ha dado muchas cosas, pero mientras más veo que tengo, más me doy cuenta de que carezco. Me asusto. Porque sé que vendrán por mí. Para quitarme eso que no sé qué es y que seguro ya perdí. En cambio tú, que tuviste de todo, no escatimaste en darle al que no tenía. Nos diste esperanza, cuando le corrimos a Boves. ¡Carajos! Como corrió sangre. Hoy corre petróleo. Pero yo no lo veo. El sueldo mínimo hoy no vale nada. Más ganan los que saben usan un arma (sean del gobierno o sean del gobierno) que los que no necesitan usarla (que no sean del gobierno). Un lápiz, como el que le quité de golpe a Reinaldo, me basta y sobra. Como a él, muchos. Lástima que no hay más hojas. AntieL, valía mucho.  Hoy…solo me cuestiono cuanto valgo. Quizás un Bolívar…pero no sé si fuerte. La Venezuela de antieL, la Yo de antes…si los valía… con conserva de coco y todo.”

Cuando levante la mirada…ya se había ido. ¿O la habrían secuestrado? No lo sé. Quisiera saberlo. Me pregunto qué habría tenido de valor. Recuerdo únicamente el lápiz. Ese que me quitó de golpe y que dejó solo esto. Un pensar en la Venezuela…la de antier.      

 

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