De Laureano a Maria Corina

De un lado los Leopoldo López, los Antonio Ledezma, las Maria Corina Machado. Del otro, los Henry Ramos Allup, los Carlos Raúl Hernandez, los Julio Borges. ...
publicado por
wolfgangumolina avatar
hace karma
3,45

De un lado los Leopoldo López, los Antonio Ledezma, las Maria Corina Machado. Del otro, los Henry Ramos Allup, los Carlos Raúl Hernandez, los Julio Borges. Dos formas de enfrentar al régimen chavista. Dos bandos que se enfrentan llamándose peyorativamente unos a otros “radicales” y “blanditos”.

Los “radicales” reconocen la necesidad perentoria de desalojar al chavismo del gobierno casi por cualquier medio, calificándolo inequívocamente de dictadura. Desconfían de los procesos electorales y constatan que el gobierno ha bloqueado los medios para hacerle oposición, trancado el juego democrático y por lo tanto, en términos prácticos, la vía electoral.

Los “blanditos” suavizan los calificativos y asumen que el chavismo es sólo otro mal gobierno con el que debemos convivir mientras gane las elecciones. Se dicen “No queda de otra”. Confían en los resultados electorales a pesar de constatar las trampas y el ventajismo. Defienden que los mecanismos de la democracia nos sacarán del abismo y que ser democrático implica ante todo respetar la voluntad de una mayoría de venezolanos que puso al chavismo en el gobierno. Creen que existe margen para una acción política (los famosos espacios) que permita construir paulatinamente una mayoría no chavista.

¿De dónde viene esta división? Desde 2007 la oposición había mostrado una unidad admirable sobre todo en los procesos electorales, pero esta se rompió en Abril de 2013 después de las últimas elecciones presidenciales que dejaron un amargo sabor a victoria robada. La pobre respuesta política dada por Capriles lo mostró frágil, inseguro y vacilante, pero sobre todo, falto de ideas para continuar la lucha; sembrando así dudas sobre la viabilidad y pertinencia de su liderazgo. Sus contrincantes en las primarias, que lo habían apoyado decididamente hasta ese momento, tomaron distancia abriendo una fisura dolorosa. Más allá de la rivalidad entre líderes y las ambiciones personales, la diferencia de posturas parece estar en donde se pone el énfasis: Si en el objetivo o en el medio para lograrlo. Tratándose de una lucha por la democracia, ¿cuál postura es la más democrática? ¿Restaurar la democracia lo antes posible sin reparar en la forma o lograrlo democráticamente, aunque tardemos?

¿Pero qué tiene que ver Maria Corina y todos los demás con Laureano Vallenilla Lanz? Como todo gran pensador no siempre fue comprendido en el tiempo que le tocó vivir: la Venezuela gomecista. Su visión de nuestra realidad lo hizo pasar por apologeta de la tiranía. Sin embargo, la profundidad de su ideario pervivió a la caída de Gómez y no dejó indiferentes a los intelectuales de generaciones posteriores. Aun en la actualidad sus postulados son materia para la reflexión y el debate. Su tesis reclamaba la necesidad de un “gendarme necesario” mientras la realidad socio antropológica del latinoamericano no lo habilitase para decidir por sí mismo en política y para elegir a conciencia a sus gobernantes. Mientras, quedaba tácita la necesidad de regímenes que ejercieran el “amparo político” de un pueblo impedido por la miseria y la ignorancia para autogobernarse.

Podemos decir que allí tuvo lugar una división de visiones de igual naturaleza que la que hoy divide a la oposición venezolana. De un lado los detractores de Laureano que ven en sus tesis una justificación histórica para el autoritarismo, las dictaduras y el caudillismo. Del otro, los que reconocen que existe la necesidad de “inducir, acompañar y tutelar” la marcha hacia la democracia.

La postura de Maria Corina parece emerger como una reinterpretación de Vallenilla Lanz. Constatando lo influenciable que es el pueblo venezolano, señala el peligro de una deriva totalitaria por ser nuestro país tierra fértil para que germinen las semillas de regímenes de cualquier orientación ideológica. Ella no habla de una “Democracia con César”, pero adopta el rol del líder ductor fuerte. Una dama de hierro con voz suave que impone la libertad y la igualdad como valores en los órdenes social y político. Aunque los pobres le hablen de sus apremiantes necesidades materiales, ella responde hablando de principios. Casi como una profesión de fe da por sentado que una mayoría de venezolanos quiere la democracia, pero no parece importarle si esto es cierto o no. Más bien pasa de largo señalando impávida que el objetivo es salir del chavismo y no el paquete de Harina P.A.N. Implícitamente, se alinea con Laureano reconociendo que la marcha hacia la democracia no es un proceso natural, sino que debe ser estimulado, provocado y hasta forzado. La democracia no es un valor percibido por sociedades atrasadas como la nuestra, víctimas de la pobreza y amoldadas por la dependencia a los designios de populismos de cualquier color.

El chavismo tiene dos grandes fortalezas para aplacar la Oposición. Una contra cada uno de los bandos. Primeramente ha hecho un gran trabajo haciéndole la guerra a la meritocracia y a la cultura del trabajo, exacerbando el rentismo, el paternalismo y el asistencialismo estatal. Toda una generación ha desaprendido a trabajar en empleos productivos. Ha asimilado más bien la cultura conformista del “pasar trabajo” haciendo colas, rebuscándose becas y repitiendo la consigna: tener buenos contactos es mejor que estudiar. Ofrecer desmontar esto y hacer los ajustes que requiere la economía no gana votos. Esta es la fortaleza que explota el régimen frente a los “blanditos”, que sólo parecen ofrecer un chavismo más eficiente y menos excluyente.

Frente a los “radicales” utiliza la otra fortaleza: la de llamarlos golpistas; acusación a la que se unen con matices los “blanditos”, profundizando así la división. Increíblemente un régimen que reprime, tortura y asesina, logra arrinconar con esta infundada acusación a una Oposición que sólo se defiende contra argumentando. ¿Pero qué debería hacer una oposición republicana frente a un gobierno que no ha dejado artículo en la Constitución ni ley de la República sin violar, sino exigir tajantemente el enjuiciamiento de los altos funcionarios del Estado empezando por Maduro? ¿Qué puede hacer una oposición democrática frente al encarcelamiento de sus dirigentes, el control descarado de los medios de comunicación y la violación sistemática de los derechos humanos, que no sea pedir a las fuerzas armadas que dejen de apoyar a un gobierno forajido? Lo demás son trampas semánticas inducidas hábilmente por el chavismo.

Con el descalabro en el que Maduro ha sumido a Venezuela, la proximidad de las elecciones parlamentarias da alas a la postura de los “blanditos” y esperanzas de lograr una salida institucional. Por lo pronto, la división entre los dos bandos se desvanece y podemos hablar de unidad a efectos prácticos. Sin embargo, de registrase un nuevo e inexplicable fracaso, quedará claro que el pueblo venezolano no puede salir solo de este hueco y que necesitará que le den una mano.

(*) [email protected]//

Twitter: @WolfgangUMolina