Liberar la economía sin gradualismos

La estrategia de “shock” es la mejor y casi la única viable ante el completo y absoluto descalabro económico de Venezuela. No valen ya tratamientos “no ...
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La estrategia de “shock” es la mejor y casi la única viable ante el completo y absoluto descalabro económico de Venezuela. No valen ya tratamientos “no invasivos” para superar la postración de la economía. Solo queda la cirugía seguida de la terapia intensiva. Un programa de ajustes graduales sería inviable económica y políticamente.

Sería inviable económicamente pues los ajustes progresivos implican la quema de reservas internacionales para mantener subsidios generalizados. Reservas que Venezuela no tiene. Actualmente estas se encuentran en mínimos históricos, situación que se agrava con el descomunal déficit fiscal generado por el clientelar gasto público y la baja recaudación de impuestos causada por la debilitada de la actividad económica interna. Para colmo, el ingreso petrolero quedará estancado en los próximos años por el excesivo consumo interno y el comienzo de una larga época de precios bajos del barril. Por otra parte, aumentar la producción a corto plazo es imposible, dada la pobre condición operativa de PDVSA y de sus finanzas para realizar las inversiones requeridas. El cuadro empeora aún más al considerar el cronograma de importantes vencimientos de capital e intereses de la deuda externa durante los próximos tres años.

Sería inviable políticamente ya que un desmontaje gradual de las excesivas regulaciones que entraban la economía, requeriría de niveles de apoyo y credibilidad imposibles de alcanzar y mantener para cualquier nuevo gobierno, cuya estabilidad estaría siempre en duda durante los primeros meses. Cualquier intención de reducir el gigantesco gasto público y de desmontar progresivamente los controles de precios y de la tasa de cambio, chocaría con la incredulidad y recelo de los agentes económicos, los cuales se seguirían volcando hacia la compra de dólares a tasa preferencial en previsión del agotamiento de las reservas. Mientras, los operadores políticos y sociales, constituidos por los restos del chavismo que se irían a la oposición y demás sectores izquierdistas que ahora integran la MUD, le harían la vida imposible al nuevo gobierno, denunciando sin cesar el impacto entre los más pobres de la liberalización de precios, cuando no, la corrupción, imposible de eliminar mientras exista un sistema de cambio diferencial.

La clave de la recuperación de la economía venezolana pasa por la liberación del mercado cambiario, es decir, por la unificación de tasas y la eliminación absoluta de las restricciones. Eso básicamente significa eliminar, de golpe, la tasa oficial y dejar flotar el bolívar. Ocurrirá una devaluación con respecto al 6,30; pero también una revaluación con respecto al paralelo. La cotización buscaría un equilibrio que regularía la salida y la entrada de capitales. Luego de su estabilización, el tipo de cambio podría ser objeto de un sistema de “flotación sucia” atado a objetivos de reconstitución de las reservas internacionales. Esta y reducir la inflación, serían las principales tareas de un BCV independiente, además de poner orden en la orgía chavista de fondos extra fiscales que han propiciado el descontrol y la corrupción masiva.

Otras medidas son necesarias como la liberación de todos los precios, el relajamiento de las regulaciones laborales y bancarias en cuanto a tasas de interés y composición de cartera. Se debe reforzar la legislación que ampara el derecho a la propiedad, privatizar todo lo nacionalizado por Chávez y más allá. En lugar de una nueva PDVSA, necesitamos un nuevo modelo para la industria petrolera que se abra al capital privado nacional e internacional. Se deben vender todos los activos productivos en manos del Estado, transfiriendo también al sector privado, a los empleados públicos sobrantes, cuyos salarios podrían seguir siendo pagados por el gobierno, en proporción decreciente a lo largo de un período de tres o cuatro años, después del cual, serían pagados completamente por el empleador privado.

Las variables macroeconómicas ganarían transparencia y predictibilidad, haciendo que la prima de riesgo soberano se reduzca. Sería entonces el momento de restructurar la deuda buscando un acuerdo con el FMI para lograr un financiamiento a menor costo y colmar el déficit fiscal. Este acuerdo, que facilitará y acelerará la recuperación de la economía, se podría lograr sin ceder mucho más en materia de ajustes económicos.

Mientras más rápido se hagan estas reformas, mejor, pues se acelerarían los ajustes que la economía necesita y se harían más creíbles por la población. Hacerlo rápidamente hará menos doloroso el ajuste para los más débiles que en este momento están muy afectados por el colapso de la economía, pero sin la esperanza de que su situación mejore.

La clave del éxito de una estrategia de shock se juega en dos campos: i) el comunicacional, transmitiendo a la población más desfavorecida la necesidad de eliminar la distorsiones de la economía; y ii) el asistencial, montando un sistema de subsidios masivos directos, focalizados en los más vulnerables durante la transición.

Algunos economistas, políticos y analistas recomiendan que el ajuste sea progresivo, aduciendo que las políticas de shock bajo CAP II provocaron el estallido del 27 de Febrero de 1989 y el golpe de Estado del 4 de Febrero de 1992. Sin embargo, ha quedado más que demostrado que el primero fue consecuencia de la magnificación mediática de disturbios en Guarenas (iguales o menos importantes que los que suceden todos los días en la Venezuela de hoy, pero que son ocultados por los medios) que tomaron amplitud ante el inmovilismo del gobierno, mientras el segundo fue producto de un grupo de oficiales que tenían décadas conspirando.

El llamado “paquete”, tuvo muy mala prensa y muchos detractores con poder mediático que vieron afectados sus privilegios. Sin embargo, mostró resultados económicos extraordinarios. La economía ganó en racionalidad y creció en 6,5 y 9.7% respectivamente, en los dos años anteriores al golpe de estado de Chávez. A pesar de ello, en 1992 el impulso que llevaba la economía llevó a un crecimiento del 6%; todo con precios del petróleo mucho menores a los actuales. Dejemos de convivir con fantasmas y miedos que nos inmovilizan.

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