Los siete pecados capitales de la Oposición

Muerte, pobreza, emigración. Hambre, sufrimiento, desolación. Vidas truncadas, familias desgarradas, sueños rotos. Tiempo perdido, mucho tiempo ...
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wolfgangumolina avatar
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Muerte, pobreza, emigración. Hambre, sufrimiento, desolación. Vidas truncadas, familias desgarradas, sueños rotos. Tiempo perdido, mucho tiempo irrecuperablemente perdido para el esfuerzo de saldar la deuda social. Desgracias magnificadas por odios deliberadamente enraizados. Donde se vuelva la mirada, la degradación progresiva y continuada en todos los órdenes de la vida del venezolano es incuestionable.

¿Quién es el responsable de este descalabro? ¿Son sólo los chavistas y sus desquiciadas políticas? Sabiendo que no entienden el mundo en el que viven, ¿son los únicos que tienen responsabilidad en esta catástrofe? ¿Por qué nadie se los impidió? Indudablemente los políticos de la Oposición tienen más culpa. Para algunos, no tuvieron las gónadas que si tuvo la Generación del 28 para enfrentar al otro dictador que manejó a Venezuela como sí de su propia hacienda se tratara, Gómez. Pero la falta de arrojo no lo explica todo. Sí vamos más allá, encontraremos en su accionar siete pecados capitales:

  1. Confundir el método con el fin. La principal falla de la Oposición es no tener un objetivo claro. La segunda es no comunicarlo claramente. Doble falta: quien no sabe ni dice a dónde va, pierde poder de convocatoria. La Oposición falla al no decir claramente que el objetivo es recuperar la democracia lo más pronto posible. Tiene miedo de decirlo por lo que implica ya que ese objetivo es imposible de alcanzar con el chavismo en el gobierno. Titubea en reconocer que estamos en dictadura y que el chavismo no se plantea dejar el gobierno nunca; y que más bien, espera que lo desalojen. Sabe que el chavismo no actuará legalmente y que manipulará la ley para cumplir sus objetivos. Tiene abundante evidencia de ello, pero no quiere darse por enterada. Obviando el objetivo, la Oposición se refugia en la idealización del modo: “hay que salir de esto democráticamente”. Así suplanta el objetivo con la estrategia: actuar democráticamente, en lugar de recuperar la democracia. Ingenuamente cree y hace creer que estamos en democracia y que el gobierno actuará democráticamente.
  2. No devolver la bofetada. La Oposición pretende representar la Venezuela decente, educada y democrática; y que la del chavismo es indigna, ignorante, y tiránica. Creyéndose mejores que ellos, no les devuelven la bofetada por aquello de que “nosotros somos los sosegados y ellos los violentos”. Así dan el primer paso hacia la inacción y la aceptación del sometimiento. Mostrar debilidad a una fuerza en hybris como es el chavismo, tomada por la desmesura y el egocentrismo; inspirada por la pasión de creerse dueña de la verdad y sin otro propósito que la ruina del contrario, no puede llevar sino al fracaso. Al chavismo no se le puede oponer la templanza y la moderación. Solo cabe contraponer otra fuerza de la misma magnitud en sentido contrario, al menos en lo actitudinal; so pena de recibir más palo todavía. La dirigencia de MUD, por ejemplo, parece más dispuesta a condenar la violencia opositora que la chavista. Se opuso con más fuerza a las guarimbas que a la represión asesina del régimen, pero sin proponer otra forma concreta de lucha. No comprende que evitar el enfrentamiento no es evitar la violencia, sino aupar al régimen para que la utilice más.
  3. Asumir que los errores de la democracia trajeron a Chávez. Independientemente de sus errores, la democracia venezolana fue víctima de una emboscada preparada con mucha antelación y que prendió como virus latente cuando se dieron las condiciones. Aún hoy en día, es común entre cierta dirigencia opositora una actitud reminiscente de aquella indulgencia compasiva que mostró la clase política frente al infame golpe de Chávez en 1992. La aventura de ese gorilón se pudo acabar ahí si aquella dirigencia hubiese actuado responsablemente cerrando filas en favor de la democracia. Empero el populismo ingénito y el cálculo politiquero encontraron la oportunidad para meterle una zancadilla a CAP. Una mayoría de políticos reconocieron en la pobreza y la corrupción de siempre, justificativos y atenuantes a la aventura putshista; y apuntalaron veladamente el Golpe. Increíblemente, políticos de la talla de Rafael Caldera cumplieron un vergonzoso papel, mientras otros, como Eduardo Fernández o aún más silvestres como Morales Bello, tuvieron mejor instinto.
  4. Adoptar la semántica chavista. Para asimilar una ideología es indispensable acoger sus sintagmas, sus vocablos, sus lugares comunes, su narrativa; por lo tanto, el primer instrumento para resistirse a ella es el lenguaje. El sentido de las palabras y la forma en que se las usa, son la base de la dialéctica que determina como se comprende el mundo y el comportamiento de los seres humanos. Es penoso escuchar a dirigentes opositores expresarse con términos como “cuarta república”, “misiones”, etc. Adoptar la semántica chavista es el primer paso para pensar como ellos, aceptar sus tesis y justificar sus acciones. Chávez impuso el descaro, la desvergüenza y la procacidad como herramientas verbales para imponerse sobre sus adversarios políticos. Los propios le rieron la gracia y los opositores lo toleraron sumisamente disculpándole “su estilo”. No es raro que sus herederos copien estas maneras que han convertido a la política venezolana en un chiquero. La herramienta más efectiva de la acción política es un discurso propio y es de lo que más ha adolecido la Oposición.
  5. Pensar que el descalabro chavista fue culpa de la mala gestión y no del modelo. Buena parte de la Oposición cree en el socialismo. Está contaminada por ese virus que se enquistó masivamente en los sesenta en las universidades nacionales, a las cuales, además de agradecerles la excelente formación académica de nuestros profesionales y algunos logros científicos, entre otras cosas, tenemos que reclamarles el haber incubado ideas pendencieras contra una democracia naciente, que las fomentó, las hizo crecer y reproducirse. En ese entonces no dieron el debate en el campo de la ideas. Hoy sufren la hostilidad del Frankenstein que ayudaron a crear. Pocos dirigentes opositores reconocen que el chavismo es una revolución socialista, pura y simplemente. Como los chavistas, no quieren reconocer tampoco que el socialismo no funcionó aquí como no lo hizo en ninguna parte. De ahí las máximas repetidas por algunos dirigentes de oposición: “…esta no es una verdadera revolución…” “…en este supuesto socialismo…”. Aquellos universitarios que cayeron embrujados por la épica de la revolución cubana y el misticismo del cancionero de protesta, se convirtieron en predicadores de la utopía socialista y sembraron en la mentalidad del venezolano común sus pretendidas bondades. El chavismo nace de la percolación de estas ideas, entre otras, al mundo militar. No sorprende entonces la simpatía solapada de cierta Oposición con el proyecto chavista. En la Oposición hay marxistas, estatistas y populistas, que creen que el descalabro del chavismo es culpa de la mala gestión y no del modelo; y que como cualquier mal gobierno, un buen día perderán las elecciones y se irán, de ahí que hagan énfasis únicamente en lo electoral.
  6. Creer que los militares no tienen parte en la solución. Si admitimos que el régimen no ha dejado artículo de la Constitución sin violar, que “adapta” la ley a su conveniencia y que tiene a su servicio a todo el sistema de justicia, es legítimo denunciarlo y pedir en consecuencia la renuncia de Maduro. Siendo las Fuerzas Armadas los defensores naturales de la soberanía y del estado de derecho, no hay nada más democrático y legítimo que pedirles que no apoyen a un gobierno delincuente. No entendiéndolo así, la Oposición ha cortado casi todo contacto con las Fuerzas Armadas; y para ello, sólo bastó que el régimen les llamara “golpistas”. Sabemos que muchos militares se han negado a cohonestar con las acciones ilegales del régimen, pero la Oposición no los ha apoyado tachándolos de actuar contra la “legalidad”. Esa es la mejor forma de disuadir a los militares a no cumplir con su deber. Con todo lo que arriesgan, ninguno osará oponerse a los exabruptos de chavismo para luego ser desairado por la Oposición, la cual confunde un exhorto a las Fuerzas Armadas para actuar en la legalidad, con un llamado a la guerra civil. Justificándose con el desgastado argumento de evitar el sacrificio de inocentes, la Oposición se alía al chavismo cuando éste amenaza con una represión asesina cualquier forma de protesta. Aún si se logra que la salida sea electoral, las FF.AA. jugarán un papel clave. No podemos olvidar su rol forzando a Pinochet a aceptar el resultado del referendo que lo sacó del poder.
  7. Pretender que sólo necesitamos Unidad para tener éxito. La unidad es una bonita palabra que invita a postergar las diferencias y la discusión sobre el proyecto de país para después. En la práctica es un ardid que le sirve al cogollito de la MUD para controlar a los demás partidos y evitar el debate sobre la evaluación de la situación y determinar la mejor vía para acelerar el fin de la dictadura. Existe una gran división entre “blandengues” y “radicales”, como se llaman unos a otros. Cuando los primeros llaman a la unidad, en realidad llaman a la disciplina queriendo aplacar a los segundos; cosa que el gobierno agradece y promueve dejando algunos espacios de expresión y para la acción política “moderada”, a los que ciertos partidos como PJ, AD y UNT tienen más acceso que otros como VP, ABP y Maria Corina. Fuera de lo electoral, la famosa Unidad no aporta ventajas para enfrentar al chavismo, al contrario, molesta. La diversidad de visiones y las acciones descentralizadas son una ventaja para atacar al oponente sí antes se ha dejado claro que el objetivo común es recuperar la democracia. Ponerse de acuerdo para decidir la más mínima acción, sólo puede hacerse a costa del dinamismo y la flexibilidad necesarias para enfrentar al régimen.

El pueblo, aunque ya rechace mayoritariamente al régimen, percibe en la Oposición falta de liderazgo y de propósito, por eso el descontento no se traduce al 100% en intención de voto en las encuestas. La Oposición venezolana no puede quedarse evaluando fracasos y buscando culpables. Debe actuar y dejar actuar. Desde adentro y desde afuera. Obrar resueltamente y con sagacidad desechando la consigna según la cual “para no equivocarse lo mejor es no hacer nada” mientras el gobierno se cae solo. Debe admitir que enfrenta a un enemigo formidable y declarar un objetivo claro: recuperar la democracia, invitando sin reservas a todos los sectores, incluyendo a los militares, a apoyar la democracia y la legalidad.

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