Tres pasos para salir de la crisis

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El descalabro de Venezuela bajo el chavismo ha sido consecuencia de la destrucción de la economía, del desmontaje de las instituciones y de la ruina moral del venezolano. Salir de esta crisis sólo será posible si el liderazgo político guía al país en la consecución de tres tareas indispensables:

1. Aniquilar el hampa. Sin seguridad los venezolanos no pueden salir a la calle a trabajar, producir y consumir. Tampoco volverán al país aquellos venezolanos dispuestos a traer las habilidades y los capitales logrados en el exilio forzado. Pero sobre todo, no podrá beneficiarse de los inmigrantes que Venezuela es capaz de atraer por la bonhomía de su gente, la calidez de su clima y la potencialidad de sus recursos.

La inmigración y el petróleo fueron claves para producir la bonanza económica que transformó en pocas décadas a un país rural y atrasado en el de mayor crecimiento y modernidad en América Latina.

Para hacerlo de nuevo hay que aniquilar el hampa, y esto solo se logra con una decidida acción política para eliminar la impunidad. El plan de acción podría llamarse “Multiplicar por 10”: diez veces más cárceles (administradas por empresas privadas internacionales especializadas), diez veces más policías con sueldos diez veces mayores (solo atrayendo más y mejor gente tendremos la policía que requerimos) y un sistema de justicia con un presupuesto diez veces mayor con diez veces más jueces. Venezuela puede pagárselo y sería la mejor de las inversiones públicas.

No se puede tolerar ni negociar con el hampa, solo someterla. Nada de “pranes” controlando las cárceles, ni zonas de paz, ni colectivos armados. La fuerza de las armas de la República debe desmantelar toda forma de crimen organizado y asolar cualquier resistencia delincuencial. Los asesinos que nos quitan la vida, no pueden vivir entre nosotros. Deben ir presos o sufrir la misma suerte de sus víctimas. Venezuela debe considerar seriamente instaurar la pena de muerte para delitos graves reincidentes, al menos mientras el hampa esté fuera de control. Quien matice esta realidad no tiene la verdadera voluntad de acabar con el problema. El robo es también intolerable y un atentado a la propiedad privada y por lo tanto un enemigo de la recuperación económica

2. Borrar el chavismo para siempre. Hoy en día la imagen de Venezuela es la de un país díscolo, irracional y cruel. Lo que los especialistas llaman “la marca Venezuela” está por los suelos. Son ya muchos años con las peores posturas políticas y acciones contra las libertades civiles y económicas. Con tan mala reputación no se pueden atraer capitales y sin estos, la economía no podrá recuperarse.

Una vez llegue el fin del gobierno chavista, la divulgación de la noticia internacionalmente no será suficiente. Será necesario demostrarle al mundo que esta catástrofe no se producirá nunca más. Venezuela debe eliminar el virus del chavismo de su cuerpo sociopolítico, así como Alemania proscribió el nazismo.

Siempre tendremos en nuestro espectro político a socialistas, estatistas, neo-comunistas y demás nostálgicos del sovietismo, pero no debe ser bajo la forma de la cultura política del chavismo. No se trata de ilegalizar partidos, ni de apresar a dirigentes que no hayan infringido la ley, violado los derechos humanos o cometido delitos de corrupción. Menos de tonterías como prohibir referirse a la figura de Chávez como se hizo en Argentina con Perón después de su caída. Se trata fundamentalmente de tres cosas: i) perseguir hasta el fin del mundo, apresar y juzgar a los cuadros del chavismo que si cometieron desmanes procurando que devuelvan lo robado; ii) difundir amplísimamente estos desmanes y robos entre la población para que el chavismo pague también con su capital político y; iii) blindar jurídicamente al estado de derecho para que las instituciones puedan actuar expeditamente contra cualquier intento de vulnerar nuevamente la separación de poderes.

La creación de estos anticuerpos pasa por una nueva constitución y un nuevo cuerpo de leyes; así como por una profunda reforma del Estado y la refundación de las Fuerzas Armadas. Si no se hace justicia con los malhechores del chavismo como paso previo para instaurar un sistema jurídico neutral, no podremos acometer la gran tarea de la reconciliación entre los venezolanos y por lo tanto, no podremos recuperar la democracia. La justicia es el abono de la paz.

3. Liberar a la economía sin “gradualismos”. La clave de la recuperación pasa por la liberación del mercado cambiario, es decir, por la unificación de tasas y la eliminación absoluta de las restricciones. Eso básicamente significa eliminar la tasa oficial y dejar flotar el bolívar. Hay que hacerlo de golpe. Ya pasó el tiempo de la gradualidad que implica quema de reservas muy valiosas y que deben ser usadas para asistir directamente a los más pobres.

También implica mantener fuentes de corrupción y atraso en el proceso de ajustes que se deben operar en la economía. El desmontaje gradual requeriría además de niveles de credibilidad imposibles de alcanzar para cualquier nuevo gobierno, cuya estabilidad siempre estaría en duda durante los primeros meses. En consecuencia, cualquier intención de reducir el gigantesco déficit fiscal y de desmontar progresivamente el control de cambio, chocaría con la incredibilidad de los agentes económicos, los cuales se volcarían a la compra de dólares a la tasa preferencial en previsión del agotamiento de las reservas. La tasa de cambio de equilibrio regulará la salida y la entrada de capitales, y una vez que esta se estabilice, podría ser objeto de un sistema de “flotación sucia” atado a objetivos de reconstitución de reservas, siempre en coordinación con un BCV independiente y focalizado en reducir la inflación. Además de la eliminación de la orgía chavista de fondos extra fiscales que han propiciado el descontrol y la corrupción masiva, otras medidas son necesarias como la liberación de todos los precios, el relajamiento de las regulaciones laborales y bancarias en cuanto a tasas de interés y composición de cartera.

Se debe reforzar la legislación que ampara el derecho a la propiedad, privatizar todo lo nacionalizado por Chávez y más allá: en lugar de una nueva PDVSA, necesitamos un nuevo modelo de industria petrolera que incluya capitales privados nacionales y extranjeros. Hay que vender los activos productivos en manos del Estado, transfiriendo también al sector privado a los empleados públicos supernumerarios, asegurando el pago de sus salarios por un período determinado. Ejecutando estas reformas en los primeros meses, se logrará dar transparencia y predictibilidad a las variables macroeconómicas, haciendo que la prima de riesgo soberano se reduzca.

Será el momento de reestructurar la deuda externa que tiene vencimientos importantes los próximos tres años. Un acuerdo con el FMI sería entonces posible sin ceder mucho más en materia de ajustes económicos, lográndose un financiamiento a menor costo para colmar el déficit, facilitar la transición y una recuperación más rápida de la economía.

Más que nunca la mejor política para salir de esta profunda crisis es generar credibilidad y confianza recuperando cuanto antes las libertades políticas, económicas y la de vivir en seguridad. Sólo queda darle viabilidad a este maravilloso proyecto asistiendo a los más vulnerables con subsidios masivos y focalizados durante la transición.

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